Literatura

Por Juan José Solis
El dolor en el alma es eterno y deja cicatrices imborrables
Su nombre se escribe con la letra I de felicidad
El abogado me dijo que le había costado trabajo encontrarla, que no quería ver a nadie y que su condición de prófuga de la justicia la ponía en riesgo si se entrevistaba conmigo. Luego de varias gestiones, al final aceptó que la visitara durante un lapso de media hora; el abogado pacto con “el tiburón” el encuentro y me advirtió que le habían informado que “la Alondra” necesitaba un médico urgentemente porque su estado de salud era muy delicado.
Cuando llegué “el tiburón” me recibió con alegría, se le iluminaron los ojos y me dijo que le daba mucho gusto que estuviera allí porque a “la Alondra” le iba a gustar la idea de ver nuevamente al amigo periodista; con apenas 16 años de edad, Adolfo conocido por la banda como “el tiburón” comenzó por decirme que “la Alondra” ya llevaba cuatro días sin salir de la covacha y que no quería ver a nadie, no probaba un sólo bocado y sólo se mantenía a base de agua.
Entré a la vecindad que por el momento era su actual guarida, un edificio mal oliente de la calle de Cuba en el Centro Histórico que estaba a punto de desbaratarse y que no obstante era el único lugar sólido y seguro para ellos después de haber perdido la casa donde mantenían privadas de la libertad a sus víctimas. Caminé por el pasillo principal del edificio hasta llegar a la escalera que me llevaría al cuarto donde estaba Alondra. Levanté la cortina y me encontré la figura de la niña que siempre ha sido, sólo que esta vez más esquelética que nunca. Me acerqué a la pequeña Alondra y apenas abrió los ojos para reconocerme en esa penumbra, con apenas un gesto me invitó a pasar y me indicó con la mirada la silla donde podía sentarme, le pregunté cómo se sentía y me dijo que le dolía hasta el alma.
Alondra, era una niña de 15 años que por tercera ocasión se había escapado del tutelar de menores; la primera vez que lo hizo contaba con 12 años y fue remitida por robo a mano armada, la encontraron con una pistola mágnum 45 que todo mundo se sorprendía que una niña que apenas rebasa el metro y medio de estatura pudiera disparan semejante pistolón. La segunda ocasión fue a los 13 años, la sorprendieron con 2 kilos de mariguana y 280 grapas de cocaína que estaba entregando a un narcotraficante en la central camionera del norte, en esa ocasión sus buenas formas corporales fueron reconocidas por un policía judicial que noches antes había mantenido relaciones sexuales con ella y al querer acercarse para reconocerla, el narcotraficante se asusto y salió huyendo dejando a Alondra con toda la mercancía. Finalmente la tercera vez, la capturaron y acusaron de ser la líder de una banda de secuestradores.
Instalado en la silla que me había indicado, Alondra se incorporó poco a poco hasta conseguir la vertical y me miró fijamente con unos ojos de ternura que siempre le habían caracterizado. Me preguntó si aún se veía bonita, le dije que sí pero que debía comer más sino iba a perder la belleza. Apenas y dibujo una sonrisa en su cara y me agradeció que hubiera ido. Le comenté que lo hacía con todo gusto porque finalmente “ellos” formaban parte de mi vida y que cada noche pensaba en ella. Me interrumpió diciendo que no era momento para cursilerías y que mejor le dijera si realmente iba a publicar su historia. Le contesté que sí pero que temía que por publicar el reportaje pronto pudieran localizarla y regresarla a la cárcel. Me contestó con una sonrisa reprimida diciendo que ella tenias llaves del tribunal y que entraba y salía a la hora que quisiera. Propuse llevarla al médico, me dijo que no, sabía que iba a morir, sólo que todavía no era el momento, quería morir abrazada y no había quién la abrazara.
Lejos de lo que pudiera pensarse, no toda la vida Alondra había vivido en la calle y mucho menos había sido delincuente. Los primeros años de su vida, su familia era un modelo a seguir, el padre de Alondra era un prospero empresario de la industria editorial socio de un prestigiado sello, su madre era un mujer dedicada de tiempo completo al cuidado de los hijos y de mantener una casa siempre en orden y limpia, su hermano mayor era un chico siempre inteligente que inculcaba la lectura a su hermana menor. El camino de la tragedia inició cuando encarcelaron al padre por un supuesto fraude de derechos de autor, lo sentenciaron a 12 años pero gracias a los beneficios de la ley sólo permaneció 3 años y medio; sin embargo como práctica común que se da en las cárceles mexicanas, su padre fue violado y contagiado de sida. Al salir de prisión, con un pesado sentimiento de frustración el padre se refugió en el alcohol y comenzó a tener relaciones sexuales con todas las mujeres que se encontraba a su paso, una de ellas la madre de Alondra quién el día menos pensado recibió la noticia de que habían encontrado a su marido asesinado en una habitación de hotel a manos de un padrote que ofendido por haber infectado a varias de sus protegidas le dio muerte. Después de ello, la madre de Alondra se hizo revisar y se enteró que el marido también la había infectado a ella.
Insistí en llevara al médico, me dijo que lo de ella ya no tenía remedio y que además le daba pena que el doctor oliera la pestilencia que traía entre las piernas que ni ella misma aguantaba. Sin rodeos me contó que el comandante le había puesto una madriza porque no quería dejarse penetrar por todos los de la comandancia, entonces le pegaron tanto en la cabeza que lo último que recuerda es como le metían todo tipo de cosas por la vagina y botellas de refresco por el ano, se desmayó y cuando recuperó la conciencia estaba en un charco de sangre con un dolor inaguantable. Llamó “a la juda” de guardia para que le asistieran con un médico pero la custodia lo primero que hizo cuando escucho a Alondra despierta fue llamarle al comandante quien llego de inmediato y la obligo a pesar del dolor, los golpes y un ojo cerrado a que le chupara el sexo hasta eyacularle en la cara. “Se vino en mi cara el muy cabrón” me dijo Alondra molesta, “él sabía que no me gustan sus mocos en la cara”. El comandante Sánchez identificado como Cóndor 5, era el mismo que dos años atrás buscaba a Alondra porque sentía fascinación por su edad y por lo bien formada que estaba. En esa ocasión le ofreció dejarla en libertad a cambio de que fuera su “putita” y lo que dejaran los secuestros la mitad fuera para él. Alondra desde luego que no accedió y la mandaron por tercera ocasión al tribunal de menores no sin antes haber recibido de nueva cuenta una violación tumultuosa.
Alondra quedó huérfana cuando apenas cumplía 6 años y fue recogida por los abuelos paternos mientras que a su hermano lo alojaron en casa de unos tíos lejanos en San Luis Potosí. Los abuelos con un pensamiento conservador hicieron inscribir a Alondra en una escuela religiosa donde a los 8 años recibió su primera penetración. El padre Miguel quien custodiaba los libros de la incipiente biblioteca del colegio le decía que Dios no estaba en todas partes pero eran ellos (los sacerdotes) quienes eran los encargados de mandarle la información al cielo para que todo lo viera. Entonces la llevaba a la bodega la desnudaba y le decía que Dios necesitaba conocerla sin ropa y que usaba la cámara de video para hacerle llegar esas imágenes hasta el cielo, así, el padre Miguel comenzó por grabarla primero desnuda, luego le acariciaba los senos que ya para esa edad se dibujaban es su delgadez, hasta que de plano la llevó a su habitación y ahí la obligaba a que acariciara su pene y lo metiera en su boca absorbiendo y desplazando su lengua por todo lo largo del pene erecto. El padre Miguel todo lo grababa en su cámara de video y lo compartía con otros sacerdotes profesores del colegio. El regidor del colegio se enteró y pidió que le llevaran a Alondra a su habitación, ahí la desnudo y comenzó a besarla por todo el cuerpo, sin embargo Alondra ante la ausencia de la cámara de video se extraño y le dijo al padre regidor que sino llevaba la cámara cómo se iba a enterar Dios, entonces el padre regidor contradijo al padre Miguel y le dijo que Dios sí estaba en todas partes y se sorprendió ante la ingenuidad de Alondra de creer que el material de la cámara de video sería enviado al cielo, lo cierto, es que Alondra nunca había creído tal mentira pero le agradaba que el padre Miguel llevará la cámara porque le gustaba verse en esa pantalla diminuta, se sentía protegida y querida por el padre Miguel que lucía tan corpulento a lado del cuerpo pequeño y frágil de ella. Así el padre regidor le dijo que esa vez no habría cámara pero si otra novedad y entonces le amarró cada brazo a las esquinas de la cabecera de la cama, le puso un antifaz y comenzó a lamerle todo el cuerpo incluida su pequeña vagina que para entonces era lo único que no penetraban los sacerdotes pederastas, le echó entonces las piernas hacia arriba le abrió las extremidades como si fuera un compás geométrico y con ayuda de un lubricante le penetró por la zona anal, Alondra que estaba acostumbrada a no emitir sonido alguno porque el padre Miguel le había dicho que no era bueno gritar ni llorar, apenas se quejó con un leve sonido.
Le pregunté que iba a hacer si la encontraban. Esta vez le tendrían más coraje por ser la tercera ocasión que se escapaba. Me contestó con pocas ganas que ya no tenía fuerzas para seguir adelante, que los dolores y hemorragias que tenía cada día la estaban debilitando y que justamente se había escapado porque quería pasar sus últimos momentos con sus amigos. Alondra siempre tuvo la ilusión de tener un hijo pero sabía que luego de las contusiones que había padecido a raíz de la masiva agresión sexual, no estaría en condiciones de procrear. Ya lo había intentado primero con Ricardo, “cardito” como le decía ella, un adolescente que repartía víveres al interior del colegio, “cardito” le llevaba 14 años a Alondra, lo conoció cuando dejó el colegio religioso y se fugo con él para comenzar esa vida de aventura. “cardito” fue el segundo amor de Alondra, el primero había sido el padre Miguel porque finalmente este le brindaba mucha protección. Con “cardito” tuvo su primera relación sexual “normal” y esa primera vez quedó embarazada. Cuando supo que estaba embarazada Alondra tenía 13 años y le entusiasmo la idea de tener un hijo porque así ya tendría un acompañante; “cardito” cayó en pánico y sin más puso distancia entre ellos y desapareció de la faz de la tierra. ¿Y qué paso con ese embarazó? le pregunté. Cuando desapareció “cardito” lloré y sufrí tanto que regresé al colegio a buscar al padre Miguel y el me llevó con una vieja comadrona de la comunidad a que me hicieran un aborto, me respondió con un tono de pena y nostalgia. Sus respuestas tenían un tono de voz tan bajo que me costaba trabajo escuchar algunas palabras, entonces le pregunté si era cierto que era la líder de una banda de secuestradores como se había estado manejando, me dijo que sí, pero no eran una banda y mucho menos era la líder, sólo operaban “el tiburón”, “la foca”, “el patotas” y ella. Ezequiel conocido como “la foca” era el más grande de ellos y trabaja para una banda de roba autos, le pagaban dos mil pesos por cada auto que llevará a las bodegas de la Buenos Aires, siempre lo acompañaba Rubén alias “el patotas” y en ocasiones Adolfo “el tiburón”, ellos lo ayudaban a cazar a las víctimas y una vez elegido el blanco “la foca” llegaba con la mágnum 45 y despojaba de los autos a las personas. Un día robaron un auto a una señora que había ido por el marido que se encontraba en estado de ebriedad y por tanto imposibilitado para poder conducir, “la foca” no se dio cuenta y le quitó el auto a la señora con el marido pedísimo en el asiento trasero. Cuando llegó a la Buenos Aires no le quisieron recibir el coche hasta que no se deshiciera del dueño del automóvil que pensaban estaba muerto. “la foca” no sabía que hacer se fue con todo y coche a la vecindad que habitaban en aquel entonces y ahí fue como se integró Alondra, desesperados por no saber que hacer, discutieron largo tiempo para saber si lo echaban a la banqueta o qué hacían. Tanto tiempo transcurrió que el dueño del automóvil se despertó y salió del auto, los cuatro niños voltearon y fue Alondra quien tomó la mágnum 45 y apuntó al dueño del automóvil ordenándole que no se moviera. Tanto fue el miedo de aquel crudo esposo que se orinó en los pantalones y llorando suplicaba que no lo mataran, que pagaba lo que ellos pidieran con tal de que lo dejaran libre y no le hicieran daño. Ahí los cuatro niños vieron que además de los dos mil pesos que les pagaban por el auto podrían obtener más dinero. Fue Alondra la que se encargó de esas cuestiones y llevó a la victima a realizar durante 4 noches un recorrido por los cajeros automáticos hasta dejarle en ceros la cuenta. Alondra al ver a su víctima tan endeble y con los pantalones sucios, hizo traer ropa limpia para la victima que siendo generoso con su tarjeta bancaria lo menos que podían hacer era regresarlo decentemente. Cuando le llevaron la indumentaria limpia Alondra fue quitándole la ropa sucia a su victima y recordó al padre Miguel que siempre se le acercaba con tanto miedo, le pidió entonces que le ayudara en quitarse los pantalones sucios, al caer los pantalones y calzones Alondra nuevamente recordó el pene del padre Miguel y poco a poco fue acariciando el miembro de su víctima que consternado por el trato que le estaba dando la niña que hace cuatro días lo amenazaba de muerte apuntando con una pistola y en ese momento le estaba acariciando con lengua y manos el sexo. El pobre hombre secuestrado de aproximadamente 40 años no alcanzaba a comprender lo que estaba sucediendo y sostenía una lucha interna, pues si bien moría de miedo al sentirse secuestrado, le excitaba ver a una niña de buenas formas pero de piel tierna que se iba desnudando junto con él; Alondra lo llevó semidesnudo al baño y ahí lo baño con tal parsimonia que esta vez recordó que así la bañaba a ella el padre Miguel. Terminado el baño, Alondra lo amarró con las sabanas a los postes de la cama recordando ahora al padre regidor. El tipo secuestrado se dejo llevar por las acciones de Alondra y gozó-sufrió todo el sexo que no había tenido en su vida. Alondra se olvidó de su víctima y simplemente fue usuaria del cuerpo de un hombre maduro que estaba a su disposición. Durante más de una hora estuvo encima de su victima el cual terminó por desatar y se olvidó de la pistola hasta quedar dormida en sus brazos igual que lo hacía con el padre Miguel. La victima de aquel aparente secuestro regresó limpio y sano a su casa y prometió dar más dinero a cambio de seguir viendo a Alondra, lo único con lo que no contó es que su mujer había denunciado a la policía el robo del automóvil y del secuestro de su esposo a manos de dos niños.
Antes de morir, su madre le escribió una extensa carta donde consignaba que la vida era tan frívola que no valía la pena vivirla, la madre de Alondra decía que ella siendo una mujer que en su juventud tuvo las bondades de la belleza, había dedicado la vida a un único hombre y sólo a él se le había entregado para que este después de su generosidad y entrega la hubiera contagiado de una enfermedad mortal. Por ello, recomendaba a Alondra vivir la vida como mejor quisiera, que no se sometiera a ningún recato y que nada por muy malo que fuera iba a quitarle el poder de la experiencia. Su madre le recomendó que no viera el sexo como una actividad de pureza o dignidad sino que lo viera como esa forma de necesidad fisiológica que tiene el cuerpo por disfrutar de otros cuerpos, al fin de cuentas siempre había remedios para reponerse de los abortos. Alondra siempre tuvo guardada esa carta primero en casa de sus abuelo y después en su habitación del colegio. Siempre supo lo que era el sexo y por tanto la consistencia de las relaciones sexuales. Entre los amigos y su experiencia con el padre Miguel, le hicieron ver siempre al acto sexual como una actividad de la vida cotidiana que no implicaba ninguna carga moral. Durante su estancia en el colegio nunca tuvo una penetración vaginal y por tanto hasta ese entonces no tuvo que preocuparse por los embarazos.
El comandante Sánchez Cóndor 5, se dio a la tarea de investigar quiénes eran esos niños que habían cometido aquel robo-secuestro, fue fácil dar con ellos, finalmente cumplían con una notoria característica: eran niños. Así el Cóndor 5, dio seguimiento al mapa de los robos y pudo determinar fácilmente la región de trabajo de la banda de “los niños” como se comenzó a consignar en las notas policíacas de los periódicos. Por supuesto que el Cóndor 5 nunca pensó que una niña estuviera involucrada y cuando andaba indagando en la zona fortuitamente se acercó a Alondra que su aspecto era más de hombre que de niña; al verla la invitó a subir a la patrulla ha cambió de regalarle coca si le contestaba alguna preguntas, Alondra aceptó reclamando la grapa de coca por adelantado consumiéndola en la misma patrulla del comandante. Entonces vino el interrogatorio y Alondra haciendo uso de su brillante inteligencia logró despistar las pesquisas del policía judicial, tanto le agradó la forma de ser de Alondra que le ofreció ir a consumir más coca a su departamento, Alondra nuevamente aceptó pero está vez con la condición de que le comprara un chocolate caliente y la dejará bañarse porque ya llevaba varios días sin tocar el agua. El comandante aceptó y compró el chocolate y la llevó a su departamento. Alondra como mujer de mundo tratando de ocultar sus recientes 13 años cumplidos entró a la casa del Cóndor 5 y aventó la chamarra que traía puesta en el primer sillón que estaba a la vista, preguntó por el baño y se quitó los tenis, el comandante le señaló la puerta del baño y fue despojándose de cada prenda hasta llegar a la puerta del baño completamente desnuda. Apenas y volteó a ver al comandante y le agradeció que le indicara donde era el baño; el comandante Sánchez se quedó atónito de ver que la pequeña niña tenía un cuerpo tan bien formado y que caminaba desnuda con una naturalidad y confianza que hace mucho no había visto. La persiguió hasta el baño abrió la puerta y comenzó a observar cómo corría el agua por su cuerpo tan diminuto, Alondra notó la presencia del comandante y no se inmutó ante su presencia, sin mirarlo preguntó que si estaba linda, el comandante contestó sin gestos que era hermosa, tú también eres lindo, contestó Alondra nuevamente sin mirarlo. Cuántos años tienes, le pregunto el comandante; los suficientes para que me hagas lo que quieras, respondió Alondra esta vez mirándolo con el rabillo del ojo. Lo que yo quiera, dijo el comandante; lo que tú quieras y por donde quieras, anunció Alondra invitando al policía a la regadera.
Después de lo ocurrido, Alondra no dejó de pensar en la idea de tener un hijo, si bien “cardito” no quiso enfrentar el primer embarazo, esto no influyó para que Alondra abandonara la idea de ser madre; luego de ser refaccionada por el padre Miguel nuevamente regresó a la calle y ahí conoció “al sony”, un joven flaco de 21 años que enamoró a Alondra desde el primer encuentro. Fue “el sony” quien introdujo a Alondra al mundo de las drogas, le enseñó a fumar mariguana y a aspirar la coca, ante la falta de comida, ambos se drogaban para anular todo indicio de apetito y suscritos en el éxtasis lograban tener un sexo desenfrenado que nunca consiguió ningún fruto, todo indicaba que a pesar de que “el sony” siempre llegaba adentro, Alondra nunca logró quedar embarazada. Cuando conseguían un estado diferente al de la realidad, “el sony” se encargaba de contar historias tan fantásticas que Alondra nuevamente recordaba al padre Miguel cuando le narraba las historias de los angelitos en el cielo; se enamoró fácilmente del “sony” porque este la defendía de cualquiera que quisiera abusar de ella. El “sony” se había ganado el liderato de la banda y el mote gracias a que era el máximo hurtador de todo tipo de aparatos electrónicos de la marca japonesa Sony, pero con el paso del tiempo dejó la actividad de ratería para incursionar en las acciones del narcomenudeo, ahí usaba a Alondra como “mula”, las mercancías menores las hacía repartir por cualquiera de los integrantes de la banda, pero la mercancía delicada o que representaba un riesgo económico se la asignaba siempre a Alondra por el orgullo y la confianza que tenía por ella, de hecho fue una de esas entregas la que provocó la segunda detención de Alondra. Le pregunté por qué aceptó trabajar para “el sony” si ella sabía que este sólo la utilizaba, compungida y con la cara demacrada reflejando un profundo dolor, Alondra me dijo que para ese momento “el sony” le daba lo más parecido a la protección y cariño que le daba el padre Miguel, el negocio de las drogas era sólo el pretexto para estar cerca de él, aunque “el sony” en ocasiones la maltrataba no había mejor momento que cuando llegaban sus caricias y sus besos. Me confesó entonces que siempre que se acercó a un hombre fue (a pesar de lo que le había recomendado su madre en una carta) por amor.
Cuando terminaron de tener sexo por quinta ocasión, Alondra le pidió al comandante que la abrazara muy fuerte y que nunca más se volviera a venir en su cara, si algo tenía Alondra era una firmeza en el valor de su palabra y le había prometido al padre Miguel que sólo a él le permitiría el acto de tener su semen en la cara; el comandante prometió que nunca más lo haría y la abrazó muy fuerte. A cuántos secuestraron, la cuestioné; me contestó incomoda mencionando que pronto se terminaría mi media hora y que no quería problemas con “los niños”, defendí que “el tiburón” me había recibido con agrado y no creía que este se fuera a enojar. No me preocupa si se enoja o no, lo que pasa es que no quiero arriesgarlos y que tal que te siguieron y no quiero que los agarren a ellos. Bueno, entonces a cuántos secuestraron reclamé mi pregunta; a los que se dejaron respondió ya sin ganas, no lo sé diez o quince, no lo sé, no lo recuerdo; y con todos te acostaste, continué mi interrogatorio; con la mayoría, “ellos” los secuestraban por el dinero yo los atendía y me gustaba satisfacerme sexualmente, soy adicta a la coca y al sexo. Pero eres una niña; no para ellos, para ellos soy su fantasía cumplida, su ambición su lolita; cómo sabes quién es lolita; mi hermano me hizo leer a Nabokov; qué vas a hacer si te atrapan nuevamente; me escapó otra vez o que me maten; te llevo al médico; No, me da miedo. Desde cuándo tienes miedo; siempre, siempre, siempre tuve y he tenido miedo…
A las dos de la mañana me llamó el abogado: amigo periodista la atraparon. Me levanté de inmediato y fui a buscarla, la tenían en la agencia 7 de iztapalapa, entré al separo y no pude contener las lágrimas, estaba nuevamente golpeada y totalmente pálida, quise evitar el llanto pero mis lágrimas no cedían. No llores amigo periodista, no llores. Pero mira cómo estás Alondra, nada más ve cómo te dejaron. Me dieron una buena calentadita, nada que no se cure con el tiempo, está vez no me violaron amigo periodista, me arrancaron la ropa pero cuando vieron la podredumbre que traigo ni se me acercaron. Y por qué te golpearon así, qué les hiciste; nada, quieren que confiese que secuestramos a un futbolista. Por primera vez la abracé y apreté tanto, Alondra era el producto de una sociedad podrida, de unas instituciones corruptas e hipócritas, de una iglesia abusiva, cómplice y complaciente. Esa madrugada lloré tanto porque Alondra poco a poco fue desvaneciéndose en mis brazos, finalmente cumplió su deseo de morir abrazada. Su cuerpo se hizo más pesado y lloré y grité hasta agotar todas mis fuerzas. Se fue la niña de quince años llena de dolor en el alma. Todos tenemos nuestra tragedia de vida, pero noches tras noche sigo pensando en ella en su sonrisa, su delgadez, sus finas formas y su inteligencia y no dejo de preguntarme cómo hubiera sido la vida de Alondra de no haber vivido su paradójica y bíblica tragedia…
*Hace algunas semanas leí una nota en la sección policíaca de un periódico de circulación nacional, me llamó la atención leer la información que consignaba que una niña de 15 años había sido detenida por ser la líder de una banda de secuestradores. Experimenté un profundo dolor de saber que nuestra sociedad ha obligado a que una pequeña llegara a su corta edad a cometer actos tan atroces. Gracias a los recursos que ofrece la literatura en su estructura narrativa, me tomé la libertad y atrevimiento de reconstruir (o quizás reinventar) la nota informativa pensando en mi odio por el periodismo que si bien tiene una dinámica temporal imparable, la literatura nos permite precisar en el tiempo y observar con más detalle y detenimiento las circunstancias de las noticias. Por tanto, quiero enfatizar que el hecho es real, aunque los personajes son inexorablemente y por fortuna ficticios.
