Cortina de humo

Por Juan José Solis Delgado

La teoría de la comunicación es un espejo con el cual se pude observar la realidad. Habitualmente, con esta premisa inicio los cursos que imparto a los jóvenes que estudian las ciencias de la comunicación o periodismo.  

Cuando el contenido de la clase se acerca el papel que juegan los medios de comunicación en la sociedad, se escuchan argumentos muy parecidos a: “los medios manipulan, los medios tienen intereses ocultos, hay un poder económico y político detrás de cada medio, hay una sistema censura en los contenidos mediáticos…” etcétera, etcétera. 

Evidentemente mediante el diálogo y debate en la clase, y con la ayuda de algunos pensamientos de teóricos que abordan la temática, se matizan estos argumentos. Sin embargo, debo reconocer que hay una idea que en lo particular he aprendido de los alumnos y que sigo pensando sobre ella, la famosa: “cortina de humo”. 

Esta idea de la cortina de humo es recurrente en cualquier situación. Pero creo más bien, se trata de un argumento último que surge cuando se quiere cerrar la discusión o no se quiere entrar en detalles; la mejor solución para terminar todo análisis es objetar una cortina de humo de por medio, que imposibilitará toda claridad en la observación. 

Y cuando pregunto, quién fabrica estas cortinas de humo, los alumnos responden con una naturalidad contundente: “los medios, en complicidad con los poderosos.” 

Pienso que esto no es del todo cierto. Veamos por qué: 

Creo que ya es tiempo que se replantee una idea de los medios más evolucionada. Los medios de masas no son personas, tampoco son “entes” con intenciones perversas y ocultas. Los medios son sólo medios y con eso tienen suficiente. 

Los medios operan con la función sustantiva de informar / no informar, pero nunca con intenciones oscuras. Por eso, aquello que llamamos “cortina de humo” es también información. Claro puede ser información sobreexpuesta o exagerada pero información al fin de cuentas. 

Nominar un suceso informativo como “cortina de humo” es ubicarlo como una avalancha informativa que impedirá la reflexión o su crítica, y por consiguiente, conoceremos su fuerza informativa por los rasgos de distracción “aparente” que presenta. Sin embargo, debemos reconocer que los medios de masas no tienen límite en sus operaciones, pueden exhibir información moderada o exagerada, eso no es fundamental para comprenderlos. 

En todo caso, no son los medios de comunicación quienes crean las cortinas de humo, sino son las operaciones de otros sistemas de funciones que integran a la sociedad, quienes buscan la sobreexposición mediática sin tener muy claro los alcances de la opacidad que puedan crear. Por lo tanto, existe un tipo de aprovechamiento de otros sectores sociales, quienes en todo caso se sirven de escándalos o distracciones mediáticos, para lanzar una información al escenario de lo público, con un bajo perfil, teniendo la idea clara de no causar el mayor revuelo en la opinión pública. 

Sin embargo, estamos hablando en uno u otro caso de información, una de alto impacto y otra de bajo perfil, pero ambas son por donde se les quiera ver al final de día, información. Por tanto, no hay esa perversión que lamentablemente opera muy bien y causa ese discurso simplón de cortina de humo. En todo caso, hay un empleo magistral de quienes conocen la comunicación y su operar en los medios de masas.

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