Y si no hay autoridad ¿a quién le pedimos justicia?

Por Juan José Solis Delgado

Dice el vocero Alejandro Poiré que el gobierno federal no pactará con el crimen organizado; por tanto, reprueba a quienes intentan establecer una tregua con los delincuentes, en clara referencia a los editoriales de los recientes días de Diario de Ciudad Juárez. Cuando este diario fronterizo lanzó una convocatoria al diálogo los hizo desde el terreno de la paz, sin embargo, el gobierno federal le respondió soezmente amenazando que se sólo se dialoga con la guerra.

Definitivamente el gobierno federal ha perdido el rumbo de lo que probablemente pensó sería una acción sencilla que legitimaría el asalto a la presidencia de la República. Hoy Felipe Calderón está ubicado en un laberinto sin salida, y lo peor de todo, rodeado de colaboradores que lo engañan y lastiman. Adicionalmente, su necedad y sordera han hecho que los climas político, económico y de seguridad de nuestro país estén tan endebles al grado de reconocer que existen plazas gobernadas por las bandas del crimen organizado, ya que la autoridad de gobierno ha sido desplazada sin remedio alguno.

Y si no hay autoridad ¿a quién le pedimos justicia?, esa es una pregunta que debe estar en el debate de los analistas y líderes de opinión. Si es como se ha negado infinitamente que no vivimos un estado fallido, entonces cómo nos podemos explicar el desplazamiento de gobierno en diversas localidades. Cómo nos explicamos que el crimen organizado con mensajes eficientes de terrorismo, siembren la agenda de la vida cotidiana. Cómo nos explicamos que a pesar de capturar a los supuestos líderes de los carteles más poderosos, la delincuencia siga operando a sus anchas. Cómo nos explicamos la fuga de reos de los penales.

La respuesta no es sencilla, pero tampoco compleja. Se trata de una complicidad histórica, que hoy a Felipe Calderón se le ha salido de las manos. Principalmente, mantener en el cargo a Genaro García Luna es el peor error de la presente gestión, pues este sospechoso secretario de seguridad federal, ha prohijado las acciones violentas del crimen y con ello, las bandas criminales (no afines a García Luna) salen a las calles a pelear sus plazas a toda costa.

La policía que encabeza García Luna, ha sido infiltrada por integrantes del crimen, por tanto, ha perdido toda confianza entre los ciudadanos; pero esta infiltración ha sido igualmente tutelada por el secretario. Además, muchos de los policías de García Luna, se han convertido al mismo tiempo en empleados de los grupos mafiosos y son los principales soplones y espías de las bandas delincuenciales. De ahí que siendo ellos, un autoridad, se les teme más por su intervención que por su inacción.

Finalmente, tenemos el vacío de la autoridad judicial. Ahí donde se supone la ley nos protege, está el peor y mayor vacío de poder. La administración de la justicia es un tema que no se ha querido revisar; no es que tengamos malas leyes que no castiguen a la delincuencia, al contrario, son por mucho buenas leyes, lo que pasa es que nadie se atreve a aplicarlas de manera contundente. De ahí que los delincuentes se saben mover en ese espectro, porque saben que siempre habrá un recursos legal por donde puedan zafarse de la justicia.

En diversos lugares del país, no existe una autoridad que vele por el bienestar de sus ciudadanos, de ahí que repito: si no hay autoridad ¿a quién le pedimos justicia?

Twitter: @juanjosesolis

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