El autoritario Calderón

Juan José Solis Delgado

Una vez más, la conducta autoritaria de Felipe Calderón se ha manifestado en la actividad periodística del MéxicoPolítico. Desde la presidencia de la República se presionó a una empresa de medios privada, para dejar fuera del aire a la periodista más influyente que hasta el momento tiene la sociedad mexicana. Para conocer la historia refiero al texto publicado al respecto: http://www.hispanicla.com/aristegui-su-fuerza-es-su-debilidad-una-mirada-diferente-17913 .

No es la primera vez que esto sucede. Prácticamente desde el inicio de su sexenio, Felipe Calderón demostró su carencia de pericia política y su relación intolerante con los medios de comunicación y con los comunicadores incómodos a su gobierno. Con los estragos trágicos de su guerra, Calderón acusaba a los medios de comunicación de ser los responsables del creciente clima de inseguridad que padecía y padece el país, so pena de publicar la cifra de muertos y mensajes cifrados a través de las llamadas narcomantas; incluso llegó a sostener que el turismo era ahuyentado precisamente por la actividad belicosa de los medios informativos.

Por tanto, los medios de comunicación tenían que estar a favor de las acciones de la guerra que después no fue guerra, sino lucha de todos los mexicanos. Pero lo que realmente pedía Felipe Calderón, es aquello que coloquialmente llamamos: “tapar el sol con un dedo”, situación evidentemente imposible e impensable en un país impregnado con olor a muerte y con litros de sangre derramada cínicamente llamada: daños colaterales.

Lo mismo sucedió con José Gutiérrez Vivó, el otrora comunicador más influyente de México, a quien Felipe Calderón engañó prometiendo que revisaría su caso para obligar a Grupo Radiocentro a liquidar los más de 21 millones de dólares, acción que nunca se materializó porque desde la oficina de la presidencia se empecinaron en sostener que había un vínculo estrecho entre la empresa Infored de Gutiérrez Vivó y el político progresista Andrés Manuel López Obrador. Refiero: http://www.hispanicla.com/otra-vez-gano-gutierrez-vivo-con-todo-y-castigo-13884 .

Sin embargo, el ambiente político previo a la sucesión presidencial, es lo que ha hecho que Felipe Calderón tenga una actitud beligerante en contra de los medios de comunicación incómodos a su gobierno. Evidentemente, la percepción que tiene la opinión pública sobre su sexenio se resume en una expresión: FRACASO, porque las promesas hechas no han sido cumplidas; por el contrario cuando se pensaba que el país tenía una oportunidad de crecer, desarrollarse y salir del estancamiento que vivimos con los más de 70 años de príismo, resulta ser que con los presidentes panista se tuvo un retroceso dramático no sólo en el aspecto económico sino que ahora, en los últimos 4 años un regreso al México armado y sangriento. Por consiguiente, lo que busca Calderón, son medios de comunicación que lo respalden, que callen la brutalidad del fracaso de gobierno y que sólo presenten los casos tan espectaculares (y morbosos) de capturas a criminales de segunda o quinta categoría. Por ello, se puede hacer una revisión del espectro mediático y sólo se encontrará un puñado mínimo de opciones mediáticas que realmente enfrentan el control y censura gubernamental.

El caso de la salida de la periodista Carmen Aristegui, “causalmente” coincide con el proceso electoral que se avecina en el Estado de México y desde luego la sucesión presidencial de 2012. Pero se ha querido disfrazar de una indignación desorbitada del mandatario por el hecho de haber sido acusado de alcohólico, situación que desde hace tiempo se ha manejado como un secreto a voces en los pasillos del gobierno y que nadie se ha atrevido a demostrar. Sin embargo, la pregunta que lanzó Aristegui más allá de ser el detonador que la expulsa del aire radiofónico, es una pregunta socialmente válida para los ciudadanos y políticamente incorrecta para las esferas del poder, porque por supuesto que es de interés público conocer el estado de salud física y mental de quién gobierna una nación, no es poca cosa: es trascendental para la vida de cualquier ciudadano. En ese sentido, como el tema alcoholismo es por sí mismo escandaloso para la vida pública, lo que se esgrimió fue precisamente utilizarlo como un mecanismo de control y censura, es decir, es el mejor pretexto para justificar un despido que ya se tenía en mente y que sólo hacía falta esperar el momento y las circunstancias adecuadas para concretarlo. Al no tener una de las voces más críticas en el espectro mediático, la reconstrucción del fracasado gobierno calderonista sería más fácil y por ende, también se tiene la oportunidad de construir desde los medios la imagen positiva del sucesor presidencial panista que a menos de dos años de distancia no se le puede identificar.

En todo este enredo de pasiones y bebidas alcohólicas, en términos políticos nuevamente el que sale mejor librado es el PRI, que a la distancia observa con paciencia como se desgasta el gobierno panista que se echa encima a un amplio sector de la sociedad, que difícilmente renovará su aceptación en el 2012. Para Calderón los medios de comunicación y sus periodistas son el enemigo, por tanto toda su prepotencia y autoritarismo los descarga en quienes no son afines a su política de gobierno. Triste situación porque así, definitivamente, no se construye democracia.

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