Kippy Casado

A mis queridos  y entrañables Alby, Juan José y Sergio Peña

Por Juan José Solis Delgado

Conocí a Kippy Casado a mediados de los noventa. En aquel tiempo quien esto escribe trabajaba como productor de radio en la emisora ABC Radio 760 de amplitud modulada. Mi jefe, el gerente de producción me encomendó la tarea de apoyar a la producción de la animadora de televisión porque iniciaría (para aquel entonces) una revista radiofónica nocturna. Tanto fue mi apoyo en los preparativos de la producción del programa, que Kippy decidió me hiciera cargo de la producción ante la carga de trabajo de su hijo Sergio Peña, quien originalmente sería el productor del programa radiofónico.

Diseñamos entonces el programa Dos tipas de cuidado y uno más, lo conducían desde luego Kippy, su hija Alby (mi güera querida) y mi tocayo Juan José. El programa fue todo un éxito, iniciábamos a las 10 de la noche y terminábamos a medianoche. Conforme transcurría el tiempo,  fuimos creando secciones y personajes que le daban frescura al programa. Después pasamos al horario de las diez de la mañana compitiendo con el programa de Maxime Woodside, época en la cual no había tantos programas de espectáculos tan insidiosos como los de ahora. Ahí Kippy Casado se convirtió en mi maestra. La otrora belleza cubana que provocaba que los varones se pusieran de pie ante su presencia, me dio la mejor cátedra de lo que era y son los medios de comunicación.

Kippy, sabía a la perfección el manejo de medios, sabía muy bien cómo llegar al público. Kippy era querida, tenía un gran carisma entre las personas, que no lo he vuelto a ver en ninguno de los personajes que hoy producen los medios. Si estábamos en un restaurante, las personas se acercaban y ella siempre las atendía con una cálida sonrisa. Si era en la transmisión de un programa fuera de la cabina, Kippy atendía al público entre los cortes comerciales, por cierto, yo sufría mucho esos momentos como productor, porque demandaba a Kippy siguiera mis indicaciones, pero la gran maestría de Kippy era siempre salir adelante en el micrófono, bastaban una o dos indicaciones y ella sabía lo que tenía que dar… ella siempre se daba al público y ese fue su gran éxito.

A Kippy Casado muchas personas la identifican por sus apariciones en la televisión y por sus hermosos ojos verdes, otros por su enorme talento artístico, su insuperable forma de bailar en el escenario y otros más por sus piernas monumentales. Unos más por su talento como animadora de televisión. Los históricos programas de televisión creados y producidos por su esposo Don Sergio Peña, marcaron todo un hito en la televisión mexicana. Nadie más ha hecho programas de concursos como los hicieron los Peña-Casado. Pero también hay que reconocerle su faceta como locutora de radio. Esa etapa es la que en lo personal, más me gusta y me quedo de Kippy Casado. Ella podría traer mil ideas y problemas en la cabeza, pero una vez que entraba a la cabina, todo se diluía, el micrófono era sólo el pretexto para iniciar el brillo de su persona, platicaba con el público como si estuviera en la sala de la casa, en la conversación de café, entrevistaba a los invitados como si fueran sus amigos entrañables de toda la vida, respetaba todas las ideas y siempre se despedía con un deseo positivo.

Muchas son las experiencias que viví con los Peña-Casado, se convirtieron de hecho en mi familia paralela. Todos los proyectos que emprendimos tenían que pasar por el visto bueno de Kippy. Eso me gustaba, a pesar de las diferencias radicales, la voz de Kippy era siempre de atender. En más de una ocasión la vi discutir sobre las decisiones de los directos de TvAzteca que le ponían mil trabas al programa de televisión que al tiempo produjo su hijo Sergio. Los jóvenes ejecutivos de la televisora del Ajusco, la veían como una especie de cartucho quemado que vivía de la nostalgia, cuando en realidad, nunca comprendieron que era un mujer moderna que entendía muy bien la dinámica de la vida y de los contenidos de los medios. Nada nuevo hay bajo el sol, lo que lo hace distinto era la forma de presentarlo, Kippy lo sabía, ella con sus propuestas no descubría el hilo negro, pero si proponía formas muy modernas de presentarlas.

¿Quién no se acuerda de la Hora del gane, de la gurrumina, del hombre de corbatón, y de tantas y tantas cosas más? La construcción de iconos de esas dimensiones nadie más lo ha vuelto a repetir. Hoy los animadores de televisión son plásticos y frívolos, no hay sustancia, carisma, don, nada… Kippy fue de las pocas actrices que podía ser una gran animadora y una animadora que por mucho fue una gran actriz.

Este domingo 6 de marzo de 2011, Kippy se adelantó al llamado al que todos estamos convocados, fue su tercera llamada. Seguramente un día la encontraré nuevamente. Por lo pronto, desde este espacio, agradezco a la vida haberla conocido, para un joven recién egresado de la universidad, creo que no puedo haber una mejor experiencia de vida que haber aprendido de una mujer como Doña Kippy Casado.

Hoy el derrotero de mi vida ha cambiado. Ahora mi labor camina en torno a los temas de la política, el análisis de los medios de comunicación y la divulgación de ciencia y tecnología, pero soy lo que soy gracias a la gran enseñanza de Kippy Casado, siempre vi en ella una mujer que a pesar de la adversidades, el trabajo y el profesionalismo serían el motor para salir adelante. Se quedan sus hijos, todos ellos queridos amigos a quienes expreso mis más profundas condolencias y solidaridad, les deseo pronta resignación queridos Alby, Juan y Sergio. Vaya pues este breve texto para no olvidar a la gran Kippy Casado.

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