La vida mediática

Por Juan José Solis Delgado

De mi columna Intersticios en Razón y Palabra

En países como México, es un lugar común atribuir a los medios de masas el carácter de influyentes y poderosos; bien sea por su grado de penetración en ámbitos políticos, económicos o culturales que se construyen en la percepción social, o bien por la espectacularidad tecnológica que contienen. Entre mayor movilidad, resolución, capacidad de almacenamiento y acceso inalámbrico, los medios de masas se han hecho de mayor penetración; periódicos, radio y televisión, prácticamente circulan sin problema alguno perfectamente acoplados a la Internet y a todos los desarrollos tecnológicos existentes en su periferia; sin embargo habría que matizar que a pesar de que la tecnología se articule de manera satisfactoria a su estructura, esto no quiere decir que sea sinónimo de medios más influyentes o poderosos, en todo caso, se trataría de medios de masas más sofisticados, porque en el fondo sus operaciones siguen cumpliendo la misma condición de construcción de sentido.

Los contenidos en los medios de masas son tan heterogéneos que se pueden utilizar diversos recursos teóricos para su análisis. Históricamente dichas disertaciones son en su mayoría afortunadas; sin embargo los estudios de los medios de masas se han enfocado más hacia los efectos psicológicos que estos producen en el individuo y su consecuencia social, o bien al estudio pormenorizado de la transferencia de información de una entidad a otra; pero prácticamente (aún) son pocos los análisis que abordan el tópico de su comunicación. Quizá, lo anterior se deba a que por el hecho de nombrarlos como medios de “comunicación” damos por hecho que su única labor es permitir la comunicación entre dos entidades y no necesariamente reparamos en observar su propias operaciones (internas) comunicativas.

Si partimos de que los medios de masas excluyen la comunicación entre presentes y justo su diferenciación es la conquista decisiva de las tecnologías expansivas de la comunicación, por tanto, los medios establecen una forma diferenciada de comunicación; un código propio: lo informable / lo no informable, en esta distinción se sustentará su comunicación. En otras palabras, cuando leemos, escuchamos o vemos noticias por los periódicos, radio o televisión, habitualmente les conferimos un valor de verdad que posteriormente se transforma en credibilidad por parte del público; conocer la comunicación de los medios de masas, nos ayuda a saber que estos, a diferencia de la ciencia, no se conducen con la distinción verdad/no verdad o verdad/falsedad. La distinción binaria de los medios de masas es informar/no informar.

En este sentido, cuando se analizan los contenidos de los medios de masas, se les exige la “verdad” sobre todo a los noticiarios y a sus líderes de opinión, mientras que debemos saber que, los medios de masas presentan información previamente seleccionada y sólo buscan impactar con verosimilitud en sus distintas categorías programáticas, sin tener por objetivo prioritario la búsqueda de la verdad. La información proveniente de los medios de masas es necesariamente una construcción de la realidad, pues siempre habrá una continuidad en los contenidos, hasta que estos sean renovados o sustituidos por otra información que reinicie el ciclo de su operación, así una emisión siempre estará comprometida con la siguiente. Es decir, los hechos noticiosos que se dan día a día no necesariamente son los mismos en cantidad o dimensión social, sin embargo, los noticiarios de medios electrónicos y los periódicos, socialmente están comprometidos a entregar un programa informativo de la misma duración, en el caso de radio y televisión, y las mismas secciones en el caso de los periódicos. Con mucha o poca información, los medios de masas se comprometen a entregar información de manera continua.

Las noticias se vinculan una con otra al grado tal, que en ocasiones la noticia se origina de la noticia misma. Una emisión noticiosa no sólo presenta las noticias del mundo o los eventos sociales, sino también las noticias que se generan en otros medios, por ejemplo prácticamente todos los noticieros radiofónicos consignan los encabezados de los periódicos llamados de circulación nacional; ello es la autorreferencia de los medios de masas.

Pero no sólo de noticias se nutren los contenidos y se hace la comunicación de los medios de masas, también están el entretenimiento, la publicidad y la propaganda. Los medios de masas no sólo construyen la realidad del mundo real a través de los programas de noticias y de análisis, también construyen la realidad imaginaria mediante las formas antes mencionadas.

Los programas de entretenimiento se refieren a la realidad real para presentarnos (y envolvernos en) la realidad imaginaria que ahí se construye. Por ejemplo, se puede apreciar que los programas de televisión llamados reality show producen en el espectador la idea de alcanzar una fama pronta que redituará en un reconocimiento social y por tanto el ingreso al mundo del glamour. Para participar en este tipo de programas, no es necesario tener una instrucción académica, un solvente comportamiento moral, etc., basta con tener el valor de presentarse ante las cámaras de televisión y sujetarse a las indicaciones de participación de los concursantes, entre más atrevida o burlesca sea la acción en las pantallas, mayores oportunidades de convertirse en ganador del juego televisivo.

Otro caso son las historias de las telenovelas, éstas la mayoría de las veces retoman la esencia de los cuentos de hadas, la cándida Cenicienta, que después de pasar malos tratos e interminables conflictos, por fin consigue el amor del príncipe; en la televisión el tema recurrente es la jovencita pueblerina que llega como empleada doméstica a una casa de millonarios y se enamora del joven acaudalado de la familia, no sin antes tener que pasar miles de conflictos con la chica millonaria que también pretende conseguirlo para sí; al final el amor triunfa y aquella jovencita de pueblo que hablaba cantadito se convierte en toda una mujer de sociedad. En las telenovelas, nunca falta el personaje antagónico que se hace de bienes mal habidos con la celeridad (y complicidad) de la justicia, sin pasar antes por un proceso jurídico. De ahí que se suele decir que en ocasiones la realidad supera a la ficción.

El caso de la propaganda es ejemplar para observar la comunicación de los medios de masas, ya que en este tipo de comunicación aparentemente intentan construir la realidad real, pero lejos de ello, nos presentan una realidad imaginaria igual que la publicidad. Los candidatos a un puesto público, echan mano de las estrategias de propaganda política, para “posicionarse” en el electorado, inundan las calles de pósters con su imagen y aparecen en todos los espacios mediáticos posibles presentándose como un producto de consumo. Pocas veces hay una presentación de propuestas reales, todo lo que hacen son promesas, igual que la publicidad que promete garantía sobre las virtudes de los productos.

En ese sentido, la vida mediática es abrumadora para quien no está entrenado en el desbordamiento de mensajes. Pero si comenzamos por conocer la comunicación de los medios de masas, entenderemos su dinámica de operación y sólo así se tendrán herramientas para enfrentar con sensatez, todo lo bueno y malo que encontramos en los mensajes de los medios de masas y quizá con suerte, se tenga también la posibilidad de identificar cuándo realmente los medios son influyentes y poderosos y cuándo lo que observamos son operaciones propias que les permiten su autoreproducción (autopoiesis).

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