Felipe el fanfarrón

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna MéxicoPolítico del portal HispanicLa

El juicio de la historia es inevitable. Por ejemplo Vicente Fox, el primer presidente panista y más aún, el primer presidente del cambio luego de casi setenta años del régimen priísta, la historia inmediata lo ubica como un mandatario torpe y por ende salvaje. Por su parte Felipe Calderón en sus casi cinco años como presidente de la República, ha construido una historia de pésimo gobierno que seguramente su gestión será recordada como la de un mandatario mezquino, perverso, cobarde, mentiroso y fanfarrón.

Cuando Felipe Calderón decidió legitimar su gobierno (a todas luces usurpado) lo hizo con una estrategia contenida en esos manuales tipo “cómo legitimar una presidencia y no morir en el intento”; entonces emprendió una guerra imperiosamente necesaria en nuestro país, contra el narcotráfico y el crimen organizado. Felipe y sus cercanos sabían o suponían que los resultados positivos de esa guerra les traerían altos índices de aceptación que tarde o temprano los podrían traducir en un invaluable capital político. Sin embargo, la cosas no fueron así. Los capos de la mafia resultaron tener un músculo exponencialmente mayor del calculado y lo que sería una estrategia de resultados positivos, en pocos meses se convirtió en el dolor de cabeza de la presidencia de la República y como consecuencia provocó la ruptura del tejido social del país que sustentaba en el estado de bienestar de los mexicanos.

Pese a ello, el capricho y la obcecación se apoderaron de Felipe Calderón y sus huestes, que a la fecha, lejos de trazar una política pública que contenga la violencia y las muertes producto de la defensa de intereses de los capos de la mafia, no hay un solo indicio de voluntad por y para cambiar la estrategia fallida y frenar la muerte de personas inocentes, así como los traumas sociales de una guerra que por el momento no presenta ningún rasgo de agotamiento.

No obstante, con todo y la ola creciente de crímenes irresolubles, y por tanto una economía dañada en materia de desarrollo, los tiempos electorales han obligado a Felipe Calderón a mirar hacia la actividad política; y mientras “su” guerra continua y continuará, ahora dedica su atención a baldear el camino a Los Pinos del próximo residente. Ya desde que Ernesto Cordero Arroyo fue nombrado primero secretario de Desarrollo Social y luego el 9 de diciembre de 2009 (otro error de diciembre) llevado a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se daban señales de quién podría ser el elegido del presidente en turno.

El tiempo confirmó el rumbo de aquellas señales y la semana pasada un grupo de panistas cercanos a Felipe Calderón, entre los que destacan su esposa, su antiguo coordinador de comunicación social y los otrora dirigentes del partido blanquiazul, dieron su abierto apoyo al maestro en Economía por la Universidad de Pennsylvania, dejando en la lona al puñado de secretarios de Estado que hacen el juego de sombra en la contienda por la sucesión presidencial.

Lamentablemente, este destape no dista mucho de la forma y fondo del reconocido dedazo priísta que tanto tiempo nos tardamos y nos esforzamos como sociedad para diluir; sin embargo hoy resurge con nuevos bríos y con más rasgos de totalitarismo que ni el propio PRI se hubiere imaginado. Estas actitudes perversas y mezquinas, cada día caracterizan más al gobierno de Felipe Calderón, a quien no sólo le bastó con corromper a la falsa izquierda captando la voluntad de Jesús Ortega para manipular al PRD a su antojo y debilitar la estructura de la verdadera izquierda, sino que además propuso aniquilar la democracia intentando arrebatar las elecciones en el Estado de Michoacán para imponer a su hermana Luisa María Calderón Hinojosa, también conocida por el mote de “Cocoa”, que dicho sea de paso según la versión de Germán Martínez Cázares, es ella “quien empuja y alienta al Presidente a encabezar esa lucha contra los delincuentes de Michoacán y de todo el país. “Cocoa” tiene el carácter para seguir la batalla de su hermano, y tiene más influencia en el ánimo personal del Presidente que cualquier secretario de Estado.” (Reforma 30-mayo-2011). Nepotismo puro.

El destape de Ernesto Cordero, no es más que una de las tantas pifias de Felipe Calderón que en una actitud fanfarrona, expone a su cordero como el sujeto que “haiga sido como haiga sido” llegará a sucederlo; sin darse cuenta que el PRI y Enrique Peña Nieto ya se preparan para regresar a la silla presidencial. Miopía que por cierto, Felipe Calderón no quiere reconocer o en su defecto conoce y observa bastante bien.

El animo de este gobierno por jugar a la guerra y a la política al mismo tiempo, han hecho que se descuide el desarrollo económico. El fin de semana pasado, el gobierno de Calderón a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, negó a las empresas Telmex y Telnor, de Carlos Slim, la posibilidad de ampliar su título de concesión para poder ofrecer los servicios de televisión restringida. Esto que podría ser materia de otro orden de ideas, impacta en el sentido que la mezquindad, perversidad y desconfianza de Calderón buscan frenar a toda costa la competencia que dañe a Televisa, sin darse cuenta que los más perjudicados somos los usuarios de este tipo de servicios; pero como el compromiso es con la televisora, porque Slim en su momento apoyó a AMLO en su gestión como jefe de Gobierno de DF, no valora que en el momento que las empresas del grupo Carso decidan retirar sus inversiones de la economía mexicana, no solo experimentaremos un catarrito sino un desplome total, ya que nos guste o no, mucho de la estabilidad económica de nuestro país está soportada en la estructuras de estas grandes empresas.

Sería bueno, que en este último tramo de gobierno de Felipe Calderón, dejara de hacerse el inocente mandando mensajes a los ciudadanos que sea a los delincuentes y no a él a quienes debemos reclamar, deje de responsabilizar a los legisladores porque son ellos quienes no quieren generar empleos. Quizá sea mucho pedir, pero sería bueno que dejara de andar de fanfarrón y mejor se deje de frivolidades y se ponga a trabajar.

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