El equipo: la frívola comunicación gubernamental

Por Juan José Solis Dlegado

Este artículo se publicó originalmente en Razón y Palabra, Primera Revista Digital en Iberoamérica Especializada en Comunicología, en la columna Intersticios.

El pasado 9 de mayo, el principal canal de televisión de la empresa Televisa, comenzó la transmisión de una inusual teleserie llamada El equipo, producción televisiva que hasta hace apenas unas semanas, sus productores identificaban como El Grecco, acrónimo del Grupo Especial de Combate al Crimen Organizado.

Presentado en un horario reservado habitualmente para el género de la telenovela e identificado como el momento de mayor audiencia, El equipo es una serie que presenta las vicisitudes de un grupo especial de la Policía Federal que se enfrenta a los más perseguidos y peligrosos delincuentes de México. Obviamente, con su exposición ante la opinión pública, la teleserie se ha incorporado a la agenda del debate y análisis público. Revisemos dos perspectivas de observación.

1. La producción por sí misma.
La producción de la serie El equipo es sin duda costosa y bien cuidada su realización. Su edición es dinámica y no lineal, plantea curvas dramáticas por medio de breves flashes narrativos. No se puede ocultar que se trabajó profundamente en el guión y que el levantamiento de imagen está hecho con cámaras de alta tecnología. El diseño sonoro complementa la narración y establece el suspenso que intenta transmitir la propia serie. La actuación quizá está un tanto sobrada, pues al igual que en otros intentos, los actores tienen una actitud calculadora y fría, además de que exageran (o al menos resulta difícil creer) en la demostración de su lealtad a la policía. Lejos de la realidad, los protagonistas de esta historia presentan a un cuerpo policíaco inteligente y seguro de sus acciones, mientras que a los criminales los presentan como tontos, exóticos, testarudos y descuidados.

El slogan de la serie: “Ellos saben que el bien vence al mal”, plantea un modelo de fantasía donde el bien siempre estará por encima del mal, articulación que es usada de forma recursiva por las historias que la empresa televisiva proyecta en el día con día. De ahí que su contenido no plantee nada nuevo, los protagonistas son héroes que experimentan aventuras producto de su profesión policiaca que pone en peligro su vida y que llega a tener un impacto familiar. El jefe del grupo especial da seguimiento a las operaciones encubiertas de su equipo de élite desde un bunker altamente equipado con tecnología de vanguardia, dirigiendo con un manos libres pegado al oído, las incidencias de los enfrentamientos con los capos de la mafia. En resumen, El equipo es una serie más de televisión que introduce al espectador en el drama escénico de una producción que pretende tener un público cautivo y que a la postre esta audiencia se convierta en puntos de rating que atraiga a los anunciantes.

2. La producción y su contexto.

Evidentemente al poner en contexto a la producción de la serie televisiva, la perspectiva de observación da un giro radical. Pues si se expone por principio que la serie intenta apuntalar la percepción que se tiene del actual sistema de seguridad mexicano, las críticas fluyen en todos los sentidos. Quizá se deba al protagonismo mediático que le ha caracterizado al actual secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna. Esta serie retrata historias que en ella misma se advierte, tienen su origen en hechos reales; y son tan reales, que las escenas son grabadas en las propias instalaciones de la Policía Federal; además de que se utilizan los automóviles, helicópteros, armamento, uniformes y hasta el propio personal policíaco que literalmente hacen el papel de extras en la serie televisiva.

El equipo 
es una serie de TV que evidentemente tiene por objetivo dejar bien parados los trabajos de la Policía Federal, eso en principio no ocasionaría ningún tipo de problema, el asunto es justo cuando se desvían recursos públicos a una empresa privada, que en este caso es Televisa; pues la comercialización de la serie, se beneficia de utilizar las instalaciones y personal de la PF como set y recursos de televisión, para lo cual no están destinados. Sin embargo, los productores han querido justificar la producción argumentando que han utilizado al personal en sus horas no laborales y las imágenes de los helicópteros han sido despegues reales, que ellos, solo han grabado como simples espectadores; pero esto tampoco debería proceder, ya que el personal estaría desarrollando un doble empleo, primero como policías y luego como extras de televisión, para lo cual se tendrían que sujetar a las leyes y directrices en materia laboral, es decir, ¿qué pasaría si en una escena un policía se accidenta, quién se haría cargo de sus gastos, la empresa de televisión (recursos privados) que los está utilizando como extras o bien, la factura se la pasarían a la PF utilizando los servicios y dineros públicos?

Yendo más a fondo, una vez más la oficina de comunicación social de la presidencia de la República, comete una pifia al querer utilizar una serie de ficción como mecanismo de comunicación gubernamental. Quizá, primero se deba reconocer (para después entender) que las noticias son distintas del entretenimiento, por consiguiente, no se debe utilizar al entretenimiento y a la publicidad como mecanismo de comunicación gubernamental; para ello, la sociedad, como sistema de comunicación, ha construido precisamente los espacios informativos donde se puede-debe informar y dar a conocer las acciones de gobierno. El descrédito sobre la producción de esta serie se puede identificar claramente en los bajos niveles de audiencia, que a pesar de ser un programa de televisión técnicamente bien producido, no impacta en el gusto del espectador, simplemente porque no hay credibilidad sobre las acciones de gobierno.

Durante la marcha nacional por la paz y la dignidad que encabezó el poeta Javier Sicilia, se pidió la renuncia del secretario Genaro García Luna; inmediatamente surgieron de todos los rincones, periodistas y líderes de opinión que defendieron al funcionario público, la propia oficina de la presidencia lo respaldó exponiendo que si había alguien en el gabinete de seguridad con el mayor compromiso para acabar con el crimen organizado, era precisamente el ingeniero García Luna. Por tanto, vale entonces preguntar al secretario y al sensible gabinete de seguridad: ¿producir un infomercial de la Policía Federal, es parte de la estrategia contra el crimen organizado?, ¿o es una táctica de comunicación gubernamental?

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