Una Televisión de Calidad

Fotografía tomada del sitio: http://larealidadnosaplasta.blogspot.com

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Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna Nada Personal en el portal Poder Ciudadano

La democracia moderna es impensable sin los medios electrónicos, en particular sin la televisión.

Habitualmente cuando consumimos un producto y éste sale defectuoso, sabemos que podemos ir a reclamar su garantía de calidad. En caso de que el comercio no repare el daño, sabemos que hay una procuraduría que protege los derechos del consumidor. Bien o mal, la sociedad mexicana ha creado las instituciones y mecanismos necesarios para solventar el derecho que tenemos todos los consumidores de adquirir productos funcionales y de calidad.

No obstante, esto no sucede con un producto que invariablemente consumimos: los contenidos de la televisión. Desde hace años, el reclamo es que al menos en nuestro país (México), los contenidos de la televisión son lamentablemente pobres, no ofrecen calidad y por consecuencia resultan inservibles.

Predominantemente la empresa Televisa y en los últimos lustros TvAzteca, han mantenido la formula de producir programas que llaman más al escándalo, a la historia de telenovela refriteada, al entretenimiento mediante el abuso del morbo, la exposición de lastima, la explotación infantil, etc., de tal manera que prácticamente son muy pocas la propuestas de programas con un verdadero contenido de calidad y útil para el televidente.

A pesar de que la mayoría de los televidentes entendemos esta intención dolosa de la televisión mexicana, literalmente no hacemos nada para cambiar el escenario. Es decir, aún y cuando abrimos el producto que hemos comprado al encender el televisor y elegir un programa, observamos que no es un producto que cumpla con los mínimos estándares de garantía y no reclamamos su defectuosidad. ¿Por qué? Simplemente porque se nos ha hecho creer que las cosas son así y punto; y que si no nos parece debemos cambiar el canal o apagar el televisor.

Quizá debamos recordar que la señal de la televisión abierta, es un bien público que, mediante la concesión a un particular, se explota el espectro que nos brindará un contenido de calidad y que por lo tanto, el ciudadano consumidor tiene todo el derecho a reclamar la nula propuesta que presentan los contenidos televisivos. Sin embargo, no es fácil establecer este reclamo, ya que los empresarios de la industria de la televisión argumentan que su negocio es ofrecer a sus anunciantes programas con altos índices de audiencia, esto quiere decir que un programa que es visto por una cantidad importante de televidentes además de tener una comercialización redituable significa que es del gusto del espectador y  en ese sentido si existen esos programas es porque simplemente hay quien lo ve y está satisfecho.

Aunque prácticamente tengamos la de perder, quizá ya es hora que debamos reclamar y hasta exigir contenidos de calidad en los programas de televisión, porque si las empresas viven de su comercialización, estoy cierto que un programa propositivo y de calidad  tendrá una cantidad considerable de televidentes y esto no necesariamente estará peleado con el rating ni con la ganancias económicas.

Propuestas hay muchas y diversas. Quizá debamos utilizar la magia de la televisión como un complemento al sistema educativo, insisto complemento, porque no hay mejor institución para la enseñanza que la escuela, pero la televisión puede convertirse en un instrumento que coadyuve en la formación de los jóvenes. Otra propuesta, ante el clima de violencia que persiste en nuestro país es dejar de exponer la violencia en telenovelas, caricaturas, series, etc., no con una intención de censura, sino en todo caso, para fortalecer el ejercicio de los valores que nos hacen individuos que interactuamos en sociedad. Si en la telenovelas se expone la existencia de secuestros y asesinatos, entonces no nos sorprendamos que se repitan esas escenas en la vida real.

Un caricatura puede marcar el pensamiento de un infante. Comencemos por no posicionar la violencia como forma de vida. Hoy casi todas las caricaturas son altamente violentas.Pero quiero enfatizar, no estoy en contra de la exhibición de la violencia, ya que tampoco se trata de colocar al infante en un país irreal o de ensueño, el llamado es –insisto–a no exhibir la violencia por la violencia misma como forma de vida.

Esta discusión es añeja y compleja, pero no reduzcamos el análisis hacia la idea de optar por canales de televisión restringida (y extranjera) que de alguna manera y hasta cierto punto solucionan lo aquí expuesto. Reclamemos por un bien público que es nuestra televisión abierta. Los canales 11 y 22 son más decentes, pero como sea hay que vigilarlos ya que en un descuido que puede suceder en segundos, podrían convertirse en lo mismo que estamos reclamando.

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