Izquierda líquida

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en AOL-Noticias el 12/07/11

Una vez concluido el proceso electoral del Estado de México, la carrera por la sucesión presidencial inicia de manera formal. El panorama que enfrenta la clase política es complejo y todo indica que vendrán tiempo ríspidos entre las tres principales fuerzas electorales que componen el sistema político del país.

Aunque diversos especialistas vislumbran un triunfo inconmensurable del PRI, otros piensan que la izquierda tiene la oportunidad de emergen de las cenizas para convertirse en una fuerza que nunca ha gobernado el país y que podría eventualmente ser una alternativa al autoritario PRI y a la torpeza gubernamental del PAN.

Sin embargo, esto no es más que una ilusión, pues la izquierda mexicana se diluyó prácticamente en un sexenio, pues de ser la fuerza que por la diferencia de 0.56% quedó atrás del “supuesto” ganador en aquel efervescente año 2006, hoy apenas y tiene posibilidades de llegar a un 20% de la preferencia electoral. Ésta pulverización de la izquierda mexicana se debió principalmente a las frecuentes, desgarradoras y radicales luchas intestinas, que sus integrantes no han podido contener.

El PRD en sus acercamientos y complicidades con la derecha, ha distanciado de forma mezquina la naturaleza y el espíritu de las izquierdas en el mundo. Su actuación en lo que va del presente sexenio fue legitimar a quien de forma ilegal se hizo de la presidencia de la República, olvidándose de su verdadera ideología. De ahí que los grupos (también conocidos como “tribus”) radicales detonaron su actitud bélica en contra de la dirigencia entregada, sin darse cuenta que, como se dice coloquialmente en México, se estaban dando un tiro en el pie.

La izquierda mexicana tiene frente así una decisión compleja y difícil: elegir quién será su candidato para el 2012: Andrés Manuel López Obrador o Marcelo Ebrard Casaubón. Uno y otro representan proyectos distintos que no necesariamente aglutinan al total de la fuerzas de izquierda. López Obrador ha recorrido prácticamente todos los rincones del país, promoviendo su proyecto de nación, que se resume básicamente en ayudar a los que menos tienen; mientras que Marcelo Ebrard en su condición de jefe del Gobierno de la ciudad de México, derrocha recursos en imagen dando a conocer veladamente los triunfos de su administración. Si bien ambos personajes pactaron elegir a quien estuviere mejor posicionado en la preferencia electoral, todo parece indicar que López Obrador no le dejará tan fácilmente la candidatura a Ebrard.

En esos terrenos, la izquierda diluida va perdiendo tiempo y espacio sobre los electores y la contienda electoral, pues ante la incertidumbre de no saber quién será el candidato de la izquierda, el PRI aventaja consolidando la imagen del todavía gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto. Lo cual le genera que su presencia mediática esté construida con la idea de que será el próximo presidente de México; con ello, la izquierda diluida no puede hacer prácticamente nada.

Existen sectores al interior del PRD que desde luego están con López Obrador, pero otros más están en su contra, pues le reclaman que no se debe sentirse el propietario de la organización política–electoral y acuden a prácticas sórdidas para impedir que llegue ungido como candidato del sol azteca en 2012. Ya los pequeños partidos como Convergencia y el Partido del Trabajo, han elegido (sin decirlo oficialmente) a López Obrador como su candidato, sin embargo sólo faltan las huestes de los “chuchos” a que se unan en torno a esta candidatura. No obstante, el problema radica en que precisamente este sector del perredismo está apoyando a Marcelo Ebrard.

La contienda electoral del 2012 será competida en el sentido de que el PRD encuentre puntos que hagan coincidir a sus sectores, de lo contrario, el proceso electoral marcará una clara ventaja como la victoria indiscutible recientemente vista el pasado 3 de julio en el Estado de México: la maquinaría priísta arrasó con propios y extraños.

Si medimos las fuerza de cada partido político, sabremos que esta vez el PAN no tiene prácticamente ninguna oportunidad de conservar la presidencia: dos sexenios han sido suficientes para que el ciudadano mexicano promedio, haya notado la impericia y torpeza para gobernar. En dos administraciones panistas, el país no ha crecido y cada vez se encuentra en márgenes temibles de insatisfacción social. No sólo la inseguridad es lo que aqueja actualmente a México, también se tiene la recientemente expuesta relación corrupta del sindicato de maestros que tienen secuestrada la educación en nuestro país. La economía, pese a que soportó los embates de la crisis mundial, mantiene a las finanzas mexicanas prendidas de alfileres. De ahí, todos los problemas que giran en torno a estos grandes temas, entre ellos la política migratoria, que lamentablemente ha dejado en el ridículo a las autoridades mexicanas de ese sector.

Así las cosas, la batalla si es que la izquierda diluida se fortalece, será entre el PRI y el PRD, de lo contrario, veremos un triunfo avasallador como en aquellos tiempos de José López Portillo quien llegará a la contienda electoral como candidato único.

 

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