En medio de la guerra no hay democracia que valga

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en AOL-Noticias el 17/08/2011

Aquí entrevista con Deyanira Morán en Radiotrece Noticias

Guerra y democracia no es una combinación funcional. Al contrario, son acciones distantes: la guerra atenta contra la democracia y la democracia evita guerras. México no era un país bélico, de hecho desde su refundación escalaba a tener prácticas elementales de democracia. Sin embargo, en la actualidad los mexicanos estamos viviendo un momento sui generis en nuestra historia, ni somos abiertamente un país en guerra, a pesar de que tenemos al ejército y la marina fuera de los cuarteles; y tampoco somos una democracia consolidada, ya que durante más de setenta años vivimos sumisos al autoritarismo del régimen priísta y posteriormente padecimos la impericia de un partido político inhabilitado para gobernar e incapacitado para llevar a cabo procesos electorales transparentes y confiables.

En ese sentido, en México, guerra y democracia son simuladas. Y ese es el panorama que viviremos el próximo mes de julio de 2012, asistiremos a la urnas electorales a intentar decidir quién ocupará la silla presidencial, confiados en que el proceso será transparente y democrático, por supuesto, en un México donde no pasa nada; porque para el actual presidente no estamos en guerra, sino (apenas) en una “lucha” contra el crimen organizado y el país tiene una decorosa vida democrática, donde se imponen candidatos, se fabrican guerras sucias en los medios de comunicación masiva, la autoridad electoral trabaja bajo sospecha y se ocupan recursos del Estado para favorecer a algunos candidatos.

No hay gratuidad en esta noción de circunstancias simuladas. El proyecto institucional de nuestro Estado mexicano, marcó desde su fundación la idea de que en México no pasa nada, y cuando algo pasa, no pasa nada. De hecho, si hacemos una revisión histórica daremos cuenta de que el México moderno ha tenido por característica sustantiva ser un país de paz. En 1917 así lo consignó el congreso constituyente que diseñó un Estado pacífico y de no intervención.

Los hechos de aquella época, hacen pensar que luego de las guerras intermitentes de independencia y revolución, la lección quedó aprendida. La construcción de una nueva nación requería sustentarse en un Estado de derecho y de solidez democrática. Los mexicanos de aquel entonces fundadores de la nueva República, decidieron abandonar las armas y sumarse a procesos legales de convivencia y entendimiento social. Fruto de aquello, fue la creación de partidos políticos y con ello arribó la práctica democrática.

Desde entonces, nuestro país transitó del México bronco, al México de la clase política y de ahí al México democrático. El PRI como partido hegemónico y gobernante, edificó las instituciones que más tarde respaldarían la política de gobierno y los usos y costumbres de nuestra incipiente, pero al fin, democracia. No obstante, en los últimos años, la forma de gobernar pasó del autoritarismo a la torpeza y frivolidad irreductible, conduciendo al país a una guerra sin salida y poniendo en riesgo la vida democrática.

Quizá sea el momento preciso, para solicitar a Felipe Calderón detenga de una vez por todas, esta guerra que tanto está dañando a nuestro país. Las acciones de los criminales crecen en violencia mientras más nos acercamos a los procesos electorales. El estado de Michoacán es el mejor ejemplo, ni siquiera se tiene la certeza de poder colocar las casillas electorales el próximo mes de noviembre, a pesar de que una de las contiendes sea la propia hermana de Felipe Calderón.

Si para mediados de 2012 el ambiente bélico persiste en nuestro territorio, lo más seguro es que el país experimente por primera vez una elección en plena beligerancia. Lo que me hace pensar que en medio de la guerra no hay democracia que valga, pues la hostilidad significa el fracaso de la civilidad y construcción democrática. La política del miedo, no le hace bien a ningún país, mucho menos el temor que causan los actos delictivos de los criminales y los errores que cometen las fuerzas armadas. Por tanto, la próxima elección podría jugarse entre quienes asumen su responsabilidad de combatir verdaderamente a los capos de la mafia y los que desde las esferas más altas del poder prohíjan las actividades delincuenciales.

Si lo que queremos es un Estado democrático, habrá que exigir una vez más, sensatez y prudencia al presidente en turno. La necesidad de terminar la guerra de inmediato, es la oportunidad de fortalecer nuestros procesos democráticos. Esto no significa que ganó el crimen, significa que si se trabaja en el marco del Estado de derecho existirán mecanismos que pongan en la cárcel a los delincuentes y a sus redes de cómplices infiltrados en el propio gobierno. Como lo he sostenido, la forma más eficiente de combatir a los delincuentes es el ataque a sus estructuras financieras, esto les restará poder de operación y margen de maniobra. Pero se necesita voluntad política para llevar a cabo este ataque a las arcas de dinero, voluntad que parece queda rebasada ante el empeño de proteger al cartel de Joaquín Guzmán y seguir el juego de la guerra al máximo vendedor de armamento en el mundo. Insisto, si la guerra continúa, los mexicanos no tendremos otro remedio que ser testigos de cómo un presidente víctima de su obcecación, tiene al borde del abismo la vida democrática de su país…

Nota al margen: La madrugada del jueves 11 de agosto, policías del estado de México allanaron la casa del escritor Efraín Bartolomé ubicada al sur de la ciudad de México, so pretexto de un operativo para capturar al líder de la banda “la mano con ojos”. Es importante resaltar que dicho operativo policiaco se realizó sin una orden de cateo expresa por un juez, además de que los elementos policiacos resultaron ser unos viles ladrones que despojaron al escritor de un reloj marca omega, herencia de su padre. El procurador de justicia del Edomex, Alfredo Castillo Cervantes, se comprometió a reponer los daños y destrozos materiales que causó el operativo, salvo que quizá perdió de vista que el reloj más allá del valor económico, tiene un valor sentimental por ser un accesorio que conecta a un individuo con el recuerdo de su padre. Al momento de terminar de escribir este texto, se desconoce el destino del reloj y demás cosas robadas por la policía que se supone nos protege de los ladrones.

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