Qué ofrecen los partidos

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna MéxicoPolítico el 13 de septiembre de 2011 en el portal AOL-Noticias.

Conforme avanza el tiempo en el calendario electoral, la baraja de aspirantes a ocupar la presidencia de la República se va definiendo en cada uno de los partidos políticos. En el PRI, el mexiquense Enrique Peña Nieto lleva la delantera, mientras el senador sonorense Manlio Fabio Beltrones no quita el dedo del renglón por convertirse en el candidato tricolor. En el PAN, la semana anterior, el Dr. Ernesto Cordero quien fuera secretario de Desarrollo Social y posteriormente de Hacienda de la actual administración, se sumó a la lista de aspirantes conformada por el senador con licencia Santiago Creel Miranda y la diputada también con licencia Josefina Vázquez Mota. En el caso del PRD, los aspirantes que se perfilan son sólo dos: Andrés Manuel López Obrador y el actual jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard Casaubón. Revisemos los antecedentes de cada partido.

PRI. En las redes sociales, circuló un mensaje apócrifo atribuido a la campaña exitosa que ha tenido la librería Gandhi, para animar a la lectura. Este mensaje decía: “¿Vas a votar por el PRI en el 2012? (Un renglón abajo) Tenemos libros de historia.” Este mensaje, mas allá de su condición falsificada, retrata con exactitud la forma y fondo en que millones de ciudadanos ven al PRI de hoy: una organización que le hizo mucho daño a la vida democrática y social de México. A pesar de que este partido político ha hecho todo lo posible por separarse de su condición autoritaria y antidemocrática que tuvo a lo largo de su historia, sus usos y costumbres han quedado permeados en el sistema político nacional, de tal manera que muchos de los vicios de corrupción y detrimento del tejido social se le atribuyen a sus gobernantes con pocos o nulos escrúpulos.

La pasada elección en el Estado de México es la mejor muestra de ese PRI que no ha cambiado ni un solo milímetro. La campaña que llevó al doctor Eruviel Ávila Villegas a la gubernatura del estado, estuvo plagada de vicios típicos y tradicionales. Los recursos utilizados para la campaña superaron con un dispendio inconmensurable el tope establecido por la autoridad electoral local. La entrega de despensas y enceres electrodomésticos a los ciudadanos mexiquenses fue la fórmula para comprar el voto. Los acarreos a mítines, el uso mañoso de la imagen del entonces candidato en todo tipo de formas de comunicación y la entrega de 500 pesos en efectivo el día de la elección fue la razón para ganar de calle una elección a todas luces inequitativa y antidemocrática.

Ese es el PRI de hoy, el que tiene a dirigentes corruptos como su líder Humberto Moreira, quien endeudó a su estado mientras era gobernador, a las espaldas y con perjuicio de sus ciudadanos. El PRI de los feminicidios no aceptados en el estado de México para no dañar la figura de quien a la postre se perfila como el candidato único a la presidencia. El PRI de Mario Marín protector y cómplice de pederastas y el PRI de Ulises Ruiz saqueador y vulgar pillo del estado de Oaxaca. Ese es el PRI que quiere regresar a la silla presidencial, un PRI que se dice arrepentido y renovado; que promete que ha aprendido la lección y no cometerá los errores del pasado (aunque los siga cometiendo). El PRI significa el regreso al México cacique y autoritario. Sin embargo, la noción pública apunta que sólo el PRI tendría la capacidad para remediar el desastre provocado por el actual gobierno calderonista, el PRI se presenta ante los ciudadanos como la fuerza política que podría combatir de forma exitosa y sin violencia al crimen organizado; percepción que hay que enfatizar, es absolutamente falsa. El PRI no tiene capacidad de “solucionar” los problemas del país, simplemente porque no podría solucionar un conflicto del cual es pieza fundamental.

PAN. La derecha mexicana ha sido representada desde finales de los años treinta del siglo anterior, por el partido Acción Nacional. Esta organización fue en su momento la oposición mejor organizada que equilibró el sistema político nacional. Siempre formó cuadros de recursos humanos para no perder el destino de ser una oposición sólida a las pillerías del partido oficial. Su error fue que nunca se preparó para ser gobierno. En el año 2000, cuando se dio una “supuesta” alternancia, los ciudadanos que le dieron el triunfo a Vicente Fox, le pedían en un grito esperanzador: “no nos falles…, no nos falles”. El resultado fue que Fox falló. No supo comportarse a la altura de un presidente que echó de los pinos al PRI, nunca se enteró que dejó de ser candidato para ponerse a gobernar. Su administración está sellada por su torpeza y por la incidencia poderosísima de su vocera y después esposa Marta Sahagún para tomar las decisiones de gobierno. La primera presidencia de la alternancia fue un rotundo fracaso y la segunda está en el mismo camino.

El PAN no sólo no transformó las prácticas corruptas del PRI, sino que las hizo suyas y las afinó para ocuparlas en su favor. Las imposiciones de candidatos, las tranzas al interior de las instituciones como las documentadas con Elba Esther Gordillo, los enriquecimientos ilícitos de los hijos de Sahagún y del propio Fox con su rancho alterno, las bribonadas electorales y hasta la incidencia brutal en la elección del 2006, que más tarde la Corte reconoció que estuvo en peligro la viabilidad democrática, colocan al PAN como un partido que no supo gobernar.

Hoy, sus tres pre-candidatos Vázquez, Creel y Cordero, tienen un reto: revertir la carga simbólica y política de un partido democrático en el discurso, e intransigente en la práctica. A pesar de que Vázquez y Creel encabezan las preferencias de los panistas, el candidato Cordero se sube al escenario electoral por capricho (autoritario y por ende antidemocrático) de Felipe Calderón; Cordero no pinta en las encuestas y su mala reputación se la ha ganado por declaraciones desafortunadas (e insultantes) como asegurar que un ciudadano mexicano puede vivir cómodamente con 6 mil pesos al mes (aproximadamente 480 dólares), dinero con el cual puede mandar a los hijos a un colegio privado, pagar casa, automóvil, tarjeta de crédito y hasta planear vacaciones; o bien sostener que en México no hay pobres. Mas aún, los tres candidatos están en la disyuntiva de apoyar la guerra de Felipe Calderón correligionario del partido o desmarcarse de él, si esto último sucediera sería un golpe fortísimo a su estrategia fallida.

PRD. En la historia moderna de México la izquierda mexicana ha ganado la presidencia de la República en dos ocasiones, la primera fue en 1988 con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y la segunda en 2006, con Andrés Manuel López Obrador. En ambas ocasiones el sistema político ha despojado de estos triunfos a sus ganadores. Por supuesto que estos hurtos han traído cosas buenas y malas. En 1988 luego de la caída del sistema que sospechosamente dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari, la izquierda se organizó y fundó el PRD, una nueva fuerza política que aglutinó a prácticamente todas las corrientes que estaban en contra de las tropelías del priismo nacional, eso fue su fortaleza pero paradójicamente su debilidad. Tantas corrientes al interior de un mismo partido político podrían traer un desencuentro ideológico. De aquel 1988 al 2006, el PRD ya había escalado posiciones de gobierno, Zacatecas, Tlaxcala, Baja California Sur y desde luego el Distrito Federal fueron Estados donde se comenzó a gobernar desde la izquierda con resultados medianamente aceptables.

El más vistoso y por ende más cuestionado de los gobiernos perredistas fue el sexenio de López Obrador en la ciudad de México. Invirtió en infraestructura como nunca antes, se construyeron los segundos pisos del periférico que le dieron una nueva idea de movilidad a la ciudad, tanto así que pronto otros estados replicaron la idea; introdujo el sistema de transporte “Metrobús” con la primera línea que atravesaba la avenida insurgentes que es considerada como la más larga de la ciudad de México. Rescató en comunión con capital privado diversos puntos simbólicos del centro histórico. Implementó programas sociales, para ayudar a sectores de la población que habían sido olvidados, los adultos mayores, las madres solteras, jóvenes, libros gratuitos, una nueva Universidad, etc., programas que debido a su éxito otros gobernantes de distinto partido implementaron en sus respectivas entidades.

No obstante, la izquierda del PRD se fracturó con el robo del 2006. Hubo quien se quedó con López Obrador y quienes decidieron acercarse al nuevo presidente por más ilegítimo que este fuera. El diseño institucional del sistema político mexicano absorbió a los indecisos y pronto los sumó a su causa. El PRD se dividió entre quienes hipócritamente ansiaban el poder por el poder mismo, y quienes decidieron sembrar la semilla de un movimiento que recompusiera el Estado mexicano desde su raíz. El resultado de este división es que la izquierda y el PRD como su partido aglutinante, se disolvió de tal manera que hoy prácticamente tiene pocas posibilidades de triunfo debido a su baja preferencia electoral. La diversidad y pluralidad que en su momento los unificó, hoy los separa y diferencia.

Así las cosas, la oferta de los partidos políticos, cada día está mas distante de los intereses ciudadanos. Este 2012, prácticamente todos los candidatos apelarán al discurso del cambio, de la generación de empleos, de la estabilidad y crecimiento económico, del combate al crimen, del valor de los ciudadanos mexicanos, etcétera, etcétera, etcétera… pero muy pocos de estos candidatos una vez que lleguen al poder voltearán a resolver los verdaderos problemas que aquejan a los ciudadanos…

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