Retos y vicisitudes de la izquierda

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo fue publicado originalmente en la Columna MéxicoPolítico en el portal AOL-Noticias el 20 de septiembre de 2011.

En dos ocasiones, la izquierda ha estado muy cerca de ocupar la presidencia de la República. La primera fue en 1988 y la segunda en 2006. En el 88 se cayó el sistema computacional que contaba los votos de la elección y curiosamente se repuso con Carlos Salinas de Gortari como virtual ganador. En 2006 la historia no fue distinta, el programa de resultados preliminares (PREP) tenía a los dos candidatos punteros tan parejos, que ninguna autoridad se atrevió a dar un resultado contundente. Luego de innumerables irregularidades, que pudieron sustentar la anulación de la elección, y de la exigencia popular del voto por voto casilla por casilla, el tribunal federal electoral dio el triunfo al PAN por la diferencia de 0.56 puntos de distancia; una vez más la izquierda mexicana se quedó con la victoria a un palmo de narices.

En democracias consolidadas, las principales fuerzas políticas habitualmente asumen y dejan el poder según los aciertos o errores electorales; en los Estados Unidos por ejemplo, el poder se debate entre Republicanos o Demócratas. En México a pesar de que existen tres fuerza políticas con una importante influencia entre los ciudadanos, sólo dos partidos políticos han conocido el poder presidencial, el PRI por más de 70 años y el PAN con dos administraciones a cuestas. El PRD que se supondría representa a la izquierda mexicana no ha conocido la gestión presidencial; y como están los tiempos, difícilmente el próximo 2012 logrará un triunfo.

En ese sentido, la izquierda enfrenta un reto importante: consolidarse como fuerza política que realmente represente a la izquierda mexicana. Ya que en la actualidad ni siquiera nombrar el acrónimo del PRD es sinónimo de utilizar en la amplitud del término el concepto de izquierda. El PRD apenas y aglutina a un sector de la izquierda, quienes siguen a Andrés Manuel López Obrador son perredistas que se sienten identificados con los principios de la izquierda; no así quienes pertenecen a las corrientes de los “chuchos” liderados por Jesús Ortega y Jesús  Zambrano, Carlos Navarrete, etcétera, que provienen de sectores marginados por los otrora partidos satélites del sistema príista. Esa nueva izquierda sólo lleva en el nombre la filiación, pero en los actos siguen actuando como aquellos personajes que por mucho tiempo apoyaron al régimen del partido hegemónico.

Esta fractura interna del PRD le ha costado perder un importante capital político. Tanto así que a menos de un año de la próxima elección no se sabe a ciencia cierta quién será el candidato que los represente en la sucesión presidencial. Por una lado se encuentra López Obrador que goza de la simpatía de las bases y de los perredistas radicales y por otro Marcelo Ebrard, que está respaldado por la corriente de los “chuchos” y que no necesariamente actúan conforme los principios de su fundación como organización política.

Por ello, AMLO se ha tenido que refugiar en los partidos del Trabajo y Convergencia (este último ahora llamado Movimiento Ciudadano), para proyectar su Movimiento de Regeneración Nacional MORENA, ha recorrido prácticamente todo el país, poblado por poblado, dando a conocer a las comunidades más alejadas y olvidadas, su proyecto de Nación. La motivación de AMLO es comunicar a quienes sólo tienen las mentiras de las empresas televisoras como fuente de información la virtudes y bondades de su visión de Estado; mientras tanto, el jefe de gobierno de la ciudad de México, utiliza su visibilidad mediática para también proyectar su imagen. Marcelo Ebrard no desaprovecha ninguna oportunidad para aparecer en medios de masas y recientemente resultó ser tema de los analistas políticos por haber asistido y saludado a Felipe Calderón en su calidad de presidente de la República. De hecho, producto de ese saludo, Martí Batres entonces secretario de Desarrollo Social de Ebrard y activista muy cercano a AMLO fue cesado de su cargo por hacer críticas a su jefe. Esto detonó entre los gacetilleros del periodismo una bandada de profecías que auguraban el principio del fin de la relación Ebrard-AMLO.

Sin embargo, esos pleitos son sólo las vicisitudes que ha tenido que enfrentar la izquierda mexicana, porque quienes observan con objetividad podrían apostar a que tarde o temprano el candidato del PRD y de los partidos pequeños que lo acompañan, será Andrés Manuel López Obrador, mientras que Marcelo Ebrard seguramente obtendrá una senaduría que le asegurará trabajo y presencia por los siguientes seis años de vida política. Sin embargo, lo de Ebrard es una estrategia política eficaz, porque es obvio que tensará el hilo de su relación con AMLO lo más posible para obtener beneficios más allá de la silla en el Senado, al final, dejará el camino libre a AMLO y este último tendrá el gran reto de articular a todos los sectores del PRD en torno a su figura.

El único inconveniente de esta estrategia, es que el líder tabasqueño tiene el tiempo en contra, pues entre más tarden en elegir al candidato, más difícil será recomponer las fracturas de las diversas corrientes del PRD. Con ello, una vez más la izquierda mexicana se quedará al margen del triunfo, pese a que el escenario de enfrentamiento sería precisamente entre el PRI de Peña Nieto y el PRD de López Obrador. El PAN queda descontando si sumisamente permiten la imposición de Ernesto Cordero, y sólo subiría a la pelea si Josefina Vázquez Mota fuera la candidata del PAN, entonces sí sería una contienda pareja en tanto fuerza, capacidad y popularidad de todos los candidatos.

La decisiones las debe tomar la izquierda a la voz de ya, para saber si sanan sus heridas o mediocremente dan la batalla para conservar los respectivos registros y seguir viviendo del presupuesto asignado a partidos políticos. Ahí, Andrés Manuel tiene el gran reto, repite su triunfo y está vez lo defiende hasta las últimas consecuencias o sólo conserva plácidamente las prebendas del régimen.

Nota al margen: En la recientes entregas de esta columna de opinión, en el espacio destinado a los foros de discusión se ha desatado un clima de encono entre los participantes. No creo que sea el objetivo de estos valiosos espacios, al contrario, opino que la intención es fortalecer con ideas, argumentos y respetuosamente los temas de interés público. Aportemos y no denostemos.

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