La distancia entre la percepción y la realidad

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en Razón y PalabraPrimera Revista Digital en Iberoamérica Especializada en Comunicología, en la columna Intersticios.

El programa Royal Tour con toda su sofisticada producción y la guía turística del presidente Felipe Calderón, no transforma ni un milímetro la realidad que está viviendo el país. Visto sin prejuicios (y alejado del clima de violencia), el programa muestra la belleza de México, su impresionante naturaleza, sus sitios arqueológicos, el valor infinito de su patrimonio cultural, pero sobre todo la entereza de los mexicanos. Cualquier turista nacional o extranjero que observe con esmero, será seducido sin duda por el gran deseo de conocer todo México. En ese sentido, el programa cumple a cabalidad su objetivo, presentar un país con fabulosas opciones turísticas. Hasta ahí las cosas marchan bien…

No obstante, la realidad obliga a revisar el programa con una mirada crítica. Mediáticamente el programa de televisión Royal Tour, que se transmitió el pasado 23 de septiembre por canales estadounidenses y que fue presentando por el mismo Felipe Calderón en una ceremonia a la que asistieron decenas de actores y gente del espectáculo, no fue bien visto por las organizaciones de activistas, defensores de derechos humanos y un importante sector de ciudadanos mexicanos. Lejos de ser una estrategia que aliente el turismo nacional, pareció una burda acción desesperada por, desde la percepción, cambiar la imagen que la realidad del país ha plasmado en el último sexenio.

El tema de la violencia ocasionada por la mafias del crimen organizado, la crisis de inseguridad y el eventual acercamiento a un Estado fallido, han obligado al gobierno federal a echar manos de técnicas y métodos de comunicación que contrarresten la mala imagen que se ha posicionado en la opinión pública. Por ello, este año la presidencia de la República firmó un contrato millonario con la empresa Qorvis Communications, el cual entró en vigor desde el primero de abril pasado y concluirá el próximo 31 de diciembre de 2011. Los montos que se signaron para promover y cambiar la imagen de México en el exterior, van desde los 785 mil dólares hasta un millón 951 mil, 250 dólares.

Lo incomprensible del asunto es que el gobierno que encabeza Felipe Calderón haya recurrido a una empresa extranjera, cuando en México existen firmas de nivel internacional que podrían haber realizado la misma campaña, probablemente con un costo menor; pero sobre todo con posibilidad de éxito, ya que al conocer la realidad nacional, su diagnóstico hubiese estado mejor enfocado a detectar la problemática real que aqueja a los ciudadanos y factiblemente hubiesen descubierto que el problema no es de imagen, sino de realidad y de una incorrecta estrategia de comunicación de Estado por parte de la autoridades.

La estrategia de comunicación que compró el gobierno federal a la empresa Qorvis, la nombraron “Campaña de Reputación e Imagen”, sustentada en la tesis que la imagen es el problema y no la realidad. Para ello, Qorvis se constituyó en una suerte de community manager, que se comprometió a generar y proveer de contenidos a las cuentas de Twitter Facebook del gabinete presidencial; además de hacer un análisis de los seguidores del presidente y sus secretarios, que de cierta forma influyen, positiva o negativamente, en la construcción de la opinión pública. Evidentemente la estrategia apuesta al uso de las redes sociales para establecer un flujo de comunicación dinámica y directa; sin embargo olvidan lo sustantivo que es contar con datos reales y relevantes que verdaderamente restituyan el clima de inseguridad o la mala imagen del gobierno.

El ejemplo más evidente de esta pifia comunicativa, fue la mala fortuna de Felipe Calderón, quien mientras presentaba en los Estados Unidos el seductor Royal Tour, en México en el estado de Veracruz, los criminales impactaban (a nivel internacional) los contenidos mediáticos,arrojando desde dos camiones de redilas, 35 cadáveres en plena zona turística del municipio de Bocal del Río. Ante esta información efectiva y contundente, no hay estrategia de medios, ni de redes sociales, capaces de ocultar la realidad, mucho menos se puede afirmar que la violencia es un problema de percepción cuando cada asesinato se suma a la estadística funesta de muertos y víctimas regadas por todo el territorio nacional.

En su visita a Estados Unidos, Calderón pronunció en la 66 sesión de la Asamblea General de la ONU un discurso de un México que sólo él conoce, y que seguramente le aconsejaron promover en el programa de televisión. Habló de un México donde sus habitantes están mejor educados, que cuentan con mejores servicios de salud, con maravillosos destinos turísticos, un México que no se parece en nada al país que reporta la prensa nacional e internacional, el territorio de las balaceras, los decapitados y los cadáveres en vía pública… Probablemente ese es el problema de la actual presidencia de la República, su política de comunicación no es para nada autocrítica, por el contrario, es miope ante la realidad y se propone por todos los medios transformarla mediante imagen y percepción. De ahí que no han entendido que el problema no es cómo nos perciban en el mundo, sino lo que realmente está sucediendo en las entrañas del tejido social.

El hecho de que el presidente Calderón protagonice un programa de TV que promueve el turismo nacional en un México pacífico, no borra (ni al interior, ni al exterior) el clima de violencia y muerte que impera en el país. La distancia entre la percepción y la realidad, sustentan la exigencia de reclamar mayor imaginación y seriedad de quienes están encargados de la estrategia y política comunicativa gubernamental. Ya se equivocaron en la producción de la teleserie El equipo, hoy se vuelven a equivocar con Royal Tour, y de no modificar el objetivo, seguirán equivocándose por no tener un diagnóstico correcto que les permita ver que es más fácil y mejor comunicar la realidad real con todo y sus consecuencias, y no quererla disfrazar a base de la construcción de una realidad ficticia y fuera de todo sentido, que únicamente produce encono entre los mexicanos.

 

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