PRD, el principio del fin

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna MéxicoPolítico del portal estadounidense AOL-Noticias el 25 de octubre de 2011.

Existe una gran diferencia entre trabajar “para” la política y vivir “de” la política. En 1989, año en que se fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), prácticamente todos sus miembros tenían muy claro que su papel en el espectro político era precisamente convertirse en un contrapeso legal y legítimo de las atrocidades de Partido Revolucionario Institucional (PRI) y las complicidades de la derecha mexicana. No había duda que se tenía que trabajar “para” la política.

Con el paso del tiempo, la izquierda mexicana representada por el PRD, no sólo coadyuvó en la construcción democrática del país como una sólida oposición, también escaló posiciones en distintos gobiernos que dieron muestra de sus dotes de gobernanza. Así transcurrieron algunos años, el perredismo se consolidó como una institución política capaz de ser oposición y gobierno; sin embargo, su composición política tan diversa obligó a que pronto se dejaran ver las fracturas y los distintos enfoques que cada organización tenía, tanto de la forma de hacer política como de gobernar. A la vuelta del tiempo, los perredista terminaron viviendo “de” la política.

El PRD se constituyó de las llamadas “tribus” que por diferentes vías aspiraban a un cambio político y radical del país. La paradoja de su constitución fue que su fortaleza plural era al mismo tiempo su debilidad mezquina. Cada grupo quiso ver en el PRD lo que mejor le convenía. Así muchos integrantes vieron en el partido político la manera de incidir desde el congreso y el gobierno en la políticas públicas que daban rumbo y sentido a México, otros vieron con bueno ojos el vivir del presupuesto público, a veces siendo cómplices y otras dejando pasar sin cortapisas los designios presidenciales.

En 2006 el PRD vivió uno de los mejores momentos de su historia. De ser la habitual tercera fuerza política nacional, pasó a ser la segunda; ganando literalmente la elección presidencial y posiciones en el Congreso de la Unión como nunca antes había sucedido. Ese triunfo emborrachó a las tribus perredistas sedientas de poder, y no ocultaron su ambición por apoderarse de las decisiones del partido. Una vez más las fracturas se evidenciaron al existir corrientes que exigían el rechazo al triunfo de Felipe Calderón como presidente de México y otras más que pugnaban por reconocerle el debido estatus constitucional.

Al final, quien más perdió fue el partido político que se fragmentó en poco tiempo; así lo observamos en las elecciones intermedias de 2009 cuando su estadística no fue la misma que tres años atrás y regresó a la posición de tercera fuerza nacional. El PRD dividido no tuvo la capacidad de crecer como organización política y se quedó al margen de sus principales contendientes. Hoy, su situación es más endeble de lo imaginado; ya perdió el estado de Zacatecas, quizá pierda Michoacán y en un descuido puede perder el gobierno de la ciudad de México.

Pareciera entonces, que los perredistas están haciendo todo lo posible por perder lo ganado. Sin embargo, lo más lamentable es el estado de orfandad en que dejan a los militantes de izquierda que ya no sienten representados sus intereses ideológicos y políticos; al contrario, ven en el PRD una organización más del espectro político que lo que menos hace es atender a las voces ciudadanas. De hecho, el actual PRD se ha preocupado más por las prebendas y beneficios económicos que pueden obtener de los gobiernos federal y estatales, que por atender con programas sociales y de desarrollo y sobre todo por fortalecer su estructura política.

Por ello, partidos como Acción Nacional y más el PRI, están haciendo su tarea para dar cobijo a todos esos militantes y simpatizantes que ya no ven en el PRD una opción política. Y dicho sea de paso, los partidos menores como PT y Movimiento Ciudadano, no cuentan con la estructura necesaria que soporten los preceptos de la izquierda histórica, y por ende, no tienen la capacidad de atraer a quienes han terminado decepcionados del perredismo.

El año 2012 es crucial para el tema político mexicano. A meses de distancia para que ocurra la sucesión presidencial, los personajes se perfilan y definen en la opinión pública. El PRD a la fecha no tiene candidato definido. Existen dos protagonistas: Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador; ambos comparten la idea de que será mediante una encuesta pública, la forma en que definirán al candidato. Sin embargo, la división del PRD y la falta de orden al interior del partido, pronostica que prácticamente ninguno de los dos candidatos podrá hacer frente a sus adversarios electorales.

Lo sucedido este fin de semana al interior del PRD, obliga a pensar que la organización política comienza a vivir el principio del fin. Aún siendo optimistas, difícilmente se ven posibilidades de resarcir heridas. La izquierda mexicana requiere de una nueva organización política que realmente contenga un programa de trabajo congruente con los ideales políticos que demanda el país.

La lección debe ser considerada. No se pueden aglutinar intereses mezquinos, frívolos e insaciables, de quienes sólo vieron en el PRD el puente que los acercara a las mieles del poder. Es necesaria una verdadera transformación de la izquierda mexicana que dé fruto en un partido de vanguardia, con un auténtico y funcional proyecto de Nación. El tiempo lo dirá…
Nota al margen. El ex presidente de México Carlos Salinas de Gortari, recientemente publicó el libro: ¿Qué hacer? La alternativa ciudadana, que ya se encuentra en circulación nacional. Llama la atención el siguiente texto: “Este libro, síntesis de democracia republicana, invita a dialogar y trabajar de manera colectiva a todos aquellos que se sientan dispuestos a pensar y actuar. (…) ¿qué hacer? la intención es que el lector identifique los problemas y, al hacerlo, contraste lo que aquí se dice con la información de la que dispone, para que al final someta las respuestas a la prueba de ácido de sus propios razonamientos. Sólo así podrá fundar su propio juicio. Muchos hablan hoy de ‘propuestas progresistas’, pero el contenido de sus actos los traiciona. Son neoliberales y los populistas, actualmente las dos opciones dominantes en México que cancelaron la participación popular organizada y con ella la formación cívica ciudadana. Esta alternativa propone una reforma sistemática. Reconoce que diferentes luchas requieren diferentes estrategias. Ésta es la hora de los ciudadanos: participativos, consientes y autónomos del Estado. (…) No se es ciudadano para participar: es preciso participar para alcanzar la ciudadanía.” ¿Estará hablando del neoliberalismo impuesto en su sexenio y en la participación ciudadana que negó con sangre y muerte?.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s