¿Estaríamos mejor con el PRI?

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna MéxicoPolítico del portal estadounidense AOL-Noticias el 22 de noviembre de 2011.

En la semana reciente, la carrera por la sucesión presidencial motivó que los partidos políticos registraran las alianzas pertinentes ante la autoridad electoral. El PRI se alió con el PANAL (brazo político de Elba Esther Gordillo) y el PVEM (suntuoso y fructífero negocio de la familia González Torres). Mientras que el PRD se unió con el PT y Movimiento ciudadano, los tres catalogados de izquierda. El PAN por su parte, se quedó fuera de las alianzas y todo indica que irá en solitario a buscar la silla presidencial.

Conformadas las alianzas que darán soporte electoral a sus respectivos candidatos, los aspirantes también se han definido. Por la izquierda, en una estrategia quirúrgica de finos resultados, Andrés Manuel López Obrador consiguió convertirse en el candidato único que, en combinación con Marcelo Ebrard, dará una férrea batalla por ganar una vez más la presidencia de la República que en 2006 le fue arrebatada.

En el PRI, luego de que el senador Manlio Fabio Beltrones notificó su renuncia a competir por la candidatura de su partido, todo indica que Enrique Peña Nieto será el candidato único.

Finalmente, en la derecha aún no hay definición. A pesar de que la diputada con licencia Josefina Vázquez Mota encabeza las encuestas como la indicada para ser ungida como candidata, las voces al interior de su partido indican que se ajustarán a los tiempos electorales, quizá con la esperanza de que Felipe Calderón haga algo por remontar o imponer a su delfín Ernesto Cordero.

Ante este panorama (de por lo menos dos candidatos definidos) quizá haya que hacer algunas reflexiones al respecto. Porque si bien, ambos tienen sus seguidores y detractores, debemos reconocer que quienes definen un proceso electoral son aquellos indecisos que en el último momento inclinan la balanza de la elección.

La primera pregunta que lanzaría es: ¿Estaríamos mejor con el PRI?

La experiencia histórica indica que PRI–gobierno, nunca gobernó en beneficio de los ciudadanos. El PRI no tiene proyecto de nación, sólo tiene la ambición del poder por el poder mismo. De hecho, al menos en los dos partidos adversarios se identifica su ideología, el PRD de izquierda y el PAN de derecha, pero el PRI no tienen ideología, tiene intereses y a ellos corresponde su actuar.

Las crisis económicas más dramáticas que se han vivido desde la época postrevolucionaria se han dado en gobiernos priistas que han saqueado sistemáticamente al país. Los sucesos más recientes de la era moderna fueron la triste crisis del lopezportillismo, donde se prometía que nos preparáramos a administrar la abundancia y terminamos vendiendo el alma al diablo; y la debacle económicas de los primeros días del gobierno zedillita que abatió a los mexicanos dejándonos más pobres y más endeudados por el resto de nuestros días.

El PRI de hoy es el mismo. Peña Nieto permitió que Humberto Moreira llegará a la presidencia del partido porque sabía que era el priista que más recursos inyectaba a las campañas. No obstante hoy sabemos que esos abundantes financiamientos fueron producto de dejar al estado de Coahuila en ruinas. ¿Quién pagará esos créditos millonarios? La respuesta la conocen los priistas al pie de la letra: los ciudadanos.

Por eso insisto en la pregunta: ¿Estaríamos mejor con el PRI?

¿Y si no es el PRI, el PAN tiene oportunidad de seguir gobernando al país? Al menos las elecciones de los estados de México y de Michoacán, evidenciaron que Acción Nacional no tiene la fuerza ni aceptación para seguir al frente del gobierno. La impericia, terquedad, obsesión y fanatismo de Felipe Calderón por gobernar en contra de la lógica y el sentido común más elemental, han diluido el capital político que en el año 2000 Vicente Fox había ganado a pulso. Hoy el PAN no tiene futuro.

Entonces sólo queda AMLO, si es que lo consideramos como opción. Al menos la izquierda no ha gobernado el país (sólo algunos estados, unos bien y otros mal) y eso le da cierto beneficio de la duda. Pero el gran reto de López Obrador es enorme, pues aunque sea la única opción que tienen muchos mexicanos decepcionados del PRI y del PAN, tiene que ganarse el voto. De lo contrario, las boletas se llenaran de votos nulos o blancos.

El reto principal de Andrés Manuel, es reconocer sus errores y resarcir las heridas. Muchos de sus seguidores, dejaron de serlo cuando cerró la avenida Reforma. Se dijo que fue una locura ahogar la ciudad. Por ello, López Obrador tiene que explicarnos los pormenores de esa decisión, decirnos que había un sector de ciudadanos que eran capaces de llevar sus denuncias e inconformidades a un estado fuera de la ley, y que la mejor manera de contener esos ánimos era protestando pacíficamente. Pero tienen que decirlo y ofrecer una disculpa.

También López Obrador tiene que presentar un programa de trabajo apegado a la realidad. Por supuesto que es bienvenida su noción de República Amorosa acompañada de fortalecimiento de la moral. Pero debe decirnos con lujo de detalles, qué hará con los criminales que hoy tienen de cabeza al país. Qué hará con los sindicatos corruptos como el SNTE que tiene secuestrada la educación y empoderada a una líder que vende a los maestros al mejor postor; qué hará con el sindicato de PEMEX que entrona y enriquece brutalmente a sus líderes y obstaculiza el desarrollo tecnológico de la empresa paraestatal para ser competitiva en el escenario mundial. ¿Permitirá inversión privada en PEMEX igual que lo permitió Lula da Silva en PETROBRAS?, ¿qué hará por la educación? Y sobre todo ¿qué hará para combatir la pobreza y acelerar el desarrollo y crecimiento económico?

Es cierto que AMLO ha padecido un veto en los medios de comunicación. Mucha de su mala fama ha sido generada y alimentada por periodistas y líderes de opinión sin escrúpulos que mientras reciben su dote gubernamental hacen lo que se les dicta desde la oficina presidencial. Pero AMLO debe enfrentarlos; no con beligerancia, sino con inteligencia. Ya lo hizo en Televisa, ahora debe hacerlo con el resto de medios lisonjeros del poder.

También es cierto que Andrés Manuel López Obrador está en una circunstancia diferente a la del 2006. Ya no es él quien encabeza las encuestas, esa posición la tiene Peña Nieto. Pero está justo donde debe estar y donde mejor le sienta su vocación: en la oposición. AMLO en la marginalidad es un pez en el agua, ya lo vimos con su destape, a semanas de cochinero reportado al interior del PRD, se unge con pulcritud y limpieza con la fórmula ganar–ganar. Mientras AMLO trabajó a ras de piso en los dos mil 38 municipios del país, Ebrard articuló a los empresarios en torno a AMLO.

La estrategia es buena y se ve bien. AMLO ahora tiene el reto de ganarse el voto del ciudadano. Permítanme parafrasear aquella célebre expresión como una suerte de mensaje a López Obrador: El voto será de quien lo trabaje.

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