El camino falso de las encuestas

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna MéxicoPolítico del portal estadounidense AOL-Noticias el 6 de diciembre de 2011.

Gran parte de las decisiones que toman los políticos, para bien o para mal, están sustentadas en las encuestas de opinión pública. Recientemente por ejemplo, fuimos testigos de cómo los partidos de izquierda eligieron a Andrés Manuel López Obrador como candidato a la presidencia de la República. Aparentemente, la metodología de la encuesta fue lo suficientemente robusta que permitió que ambos aspirantes quedaran conformes con los resultados; tanto así que se matizaron algunos de los conflictos internos que aquejaban a las fuerzas de izquierda.

No es necesario ser experto en la materia para saber que el resultado de una encuesta no puede dirimir la fragilidad imperante al interior de los partidos. Tampoco puede garantizar su éxito. No obstante, la clase política cada vez se apoya más en los resultados favorables de las encuestas convirtiéndolas en instrumentos de medición y popularidad.

Enrique Peña Nieto, por ejemplo, utiliza la opinión de las encuestas para posicionarse como el virtual presidente en 2012. De hecho, muchos ciudadanos creen que el priista será el ganador, por el simple hecho de que “ya está dicho en las encuestas”. Pero como bien lo dice la alemana Elisabeth Noelle-Neumman, lo que sucede es que la gente se sube al “carro ganador” para no sentirse excluida de la opinión que impera en el ambiente.

El escenario en el PAN es distinto. Al momento la mejor posicionada en las encuestas es la diputada federal con licencia Josefina Vázquez Mota y quien está muy lejos en el tercer lugar es el otrora secretario de Hacienda Ernesto Cordero. Sin embargo, el detalle de esta contienda interna, es que el índice de aceptación y popularidad de Vázquez Mota entre la población, no determinará que la elijan como candidata, pues el proceso interno apunta a otra metodología que podría dar la sorpresa de llevar a Cordero a la candidatura panista.

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, los resultados de las encuestas a veces lo favorecen y a veces no. Todo depende de la casa encuestadora. En ocasiones las metodologías son confusas o la muestra no es clara. Así que causa sorpresa saber cómo es posible que un sondeo mas o menos similar AMLO resulte ganador contundente y en otro lo manden al sótano. ¿Curioso no?

Pero más allá de ello, las encuestas también puede ser utilizadas para crear un ambiente de derrota, para golpear, atacar, etcétera. La clase política y los medios de comunicación acostumbran tomar los índices de la encuestas para sesgar la información y entonces confunde a la opinión pública.

Por todo lo anterior y ante el cercano año electoral que vivirá México, el asunto de la encuestas debe ser reconsiderado sobre todo por los electores. Pues si bien (como dicen los encuestadores), la encuestas son fotografías de la realidad, no deben sustituir en absoluto el voto ciudadano.

Al final, la encuestas pueden ser dos cosas, por un lado son la plataforma de la llamada opinión pública que implica esa opinión generalizada en la población; y por otro, la opinión publicada, que es la que los medios de masas utilizan para enfocar sus criterios o intereses particulares.

En ese sentido, son más las ocasiones que atendemos a la opinión publicada, que a la opinión pública. De ahí el ánimo de algunos medios de comunicación en destacar como información noticiosas los índices de medición, porque sirven para crear falsas identidades que a la postre se ven diluidas por la realidad.

El que los índices de varias casas encuestadoras muestren que Enrique Peña Nieto va liderando la carrera presidencial es tan falso como un espejismo en el desierto. Pues muchas de ellas sólo están midiendo percepción e intención de voto, sin tomar en cuenta que la realidad de la urna y la boleta es otra.

Con esto, no quiero descalificar el trabajo de las empresas encuestadoras. Al contrario, es de reconocer que hacen un trabajo serio y profesional. Lo malo de ello, son los grupos políticos y medios de comunicación que hacen mal uso de esos datos, convirtiéndolos en cifras tendenciosas y sesgadas, que lejos de dar a conocer a un candidato, lo transforman hasta perder el verdadero sentido y espíritu de contendiente.

Si no se pone atención a la rutas correctas que marcan las encuestas, estaremos frente a caminos falsos que no nos llevarán a buen puerto. La decisiones que habremos de tomar para elegir presidente debe estar sustentada en el conocimiento del proyecto de Nación del candidato y no de su nivel de popularidad o aceptación en las encuestas. Quizá se hora de comenzar a distinguir ese pequeñísimo detalle.

Nota al margen: Para muestra de la construcción ilusoria de una personalidad inteligente basta un botón. Este fin de semana, el candidato priista Peña Nieto tuvo un desliz de memoria en la Feria Internacional del libro de Guadalajara Jalisco, a pregunta expresa de qué libros han marcado su vida, se perdió en la respuesta y terminó por no recordar el título y nombre de los autores a los que quería referirse. Su capacidad de improvisación quedó mermada y este golpe seguro lo hará caer en el populómetro político. / El caso Florence Cassez está nuevamente en la palestra pública. En breve estaré dando cuenta de los avances y giro que tomará el asunto.

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