Sigo prefiriendo el beso artesanal

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la Revista Emet, el 26 de agosto de 2011.

Todavía me acuerdo cuando llegó mi amigo Erik Zabdiel a la estación de radio y me dijo: ya te abrí una cuenta de mail para ti y otra para el programa. Entonces me satisfizo la idea de que por fin, luego de que el resto de las producciones mencionaban sus direcciones electrónicas al aire, nosotros estábamos entrando a la tecnología; obviamente en aquel entonces no tenia idea de cómo funcionaba el correo electrónico. Con una lección rápida supe cómo utilizar la primer cuenta de mail del portal gratuito elsitio.com.

Años atrás, había tenido una súper computadora que me compró mi madre con muchos esfuerzos, era una “Printaform”. Era muy potente, tenía monitor monocromático ámbar (ya no era verde como las primeras) y dos unidades de flopis, una de cinco pulgadas y cuarto y otra de tres pulgadas y media, el disco duro no tengo idea, pero supongo que tenía una capacidad limitada. La máxima conectividad que alcanzaba aquella computadora era a una impresora “brother” de punto y debo presumir que el sistema operativo era ni más ni menos que el MS-DOS. ¿Y el mouse? No, aquella máquina no tenía ratón todo se escribía y se hacía en código ASCII; tampoco tenía conexión a internet.

Total que regresando a la época del radio, yo me sentía mucho cuando anunciaba las pausas comerciales: “Vamos a corte, pero por favor pónganse en contacto con nosotros a través de nuestro correo electrónico yanomeacuerdo@elsitio.com”…  y claro que nos escribían… en ese momento supe que el teléfono en las cabinas de radio había pasado a la historia; pero, cuál fue mi sorpresa que en menos de lo me imaginé, otro colega de la estación me enseñó la bondades de la mensajería instantánea: el icq. Pufff!!! la experiencia más asombrosa de mi vida inmerso en la tecnología, su característico sonido de alerta marcó mi incursión en la computadoras modernas, de inmediato me compré una computadora que tuviera acceso a internet.

Una vez que adquirí mi nueva computadora me di cuenta de qué tanto habían evolucionado, lo que en mi tiempo era un monitor ámbar, en la época de los 90 ya eran monitores de color, claro, no con la resolución de las de ahora, pero ya habían dado el salto al color… en fin que todas esas noches me la pasaba metido en el icq, comencé a conocer a usuarios de todas partes del mundo… ahhh pero debo aclarar la conexión no era de banda ancha, era más bien de una banda ultraangosta, o sea que me conectaba  a través de la línea telefónica, previa contratación con una empresa que brindará los servicios, que dicho sea de paso, para aquel entonces pululaban las empresas que ofrecían la conexión a internet, primero estuve con una que se llamaba… cómo se llamaba… no me acuerdo, bueno, primero estuve con esa que no me acuerdo y luego me pase a AT&T, y después cuando menos me di cuenta ya tenía contrato con Telmex y dos líneas telefónicas en casa, una para hablar y otra para la internet.

Pero les decía el icq era divertido, casi podría decir que conocí el mundo entero gracias a ese servicio de mensajería instantánea; después con el desarrollo de los programas en internet llegó una cosa que se llamó Messenger provisto por Hotmail y comenzó la debacle del icq, la florecita que era el icono de icq comenzó a marchitarse. A mi en lo particular no me gustó el messenger ni en aquel entonces ni ahora, con la llegada de los iconos y la reducción del lenguaje tipo “Hola=hi y Qué haces=k acs” odié la forma tan ilógica de comunicación. Por ejemplo, en la redacción de la estación de radio bastaba con rodar la silla hacia atrás y voltear la cabeza para preguntarle al compañero a qué hora nos íbamos a comer, pero no, el uso del Messenger obligaba a preguntarlo vía internet.

Total que la vida siguió su curso y cuando menos me di cuenta todo el mundo hablaba de twitter y facebook, confieso que fui reacio a entrarle. Me parecía que era cosa para chicos de preparatoria y que yo no tenía lugar ahí. Torpe fui en pensar de esa manera, pues conforme otro amigo, (@gerardpb) me en introdujo al twitter, supe de la potencialidad de lo que hoy llamamos redes sociales.

Hoy prácticamente son las redes sociales los que definen la agenda de la vida pública. Estamos llegando al extremo de que las cosas si no suceden en las redes sociales entonces no existen; sí… igual que le sucedió en su momento a los medios de comunicación. Pero hay que ser honestos, por un lado las redes sociales no son la panacea de la vida y presentan varios vicios, y por otro lado, no todos están hechos para las redes sociales y éstas vaya que quitan tiempo… por ejemplo:

La adicción es lo primero que se desarrolla, hay personitas que están literalmente las 24 horas del día conectados, en la computadora de la oficina, en la portátil, en la ipad, en el celular; tuitean en el auto, la recamara, viendo la tv, en el baño, en el camión, en el metro y en todo aquel lugar que el lector pueda imaginarse. Yo creo que se ha creado una necesidad de estar visible. O a poco no es verdaderamente una acción fuera de sentido leer cosas como: “llegando a casa de @yosifui”, “Comiendo con @latragona”, “en la oficina preparando la presentación que me pidió @jefedetodos”… pero claro, no me puedo poner mocho… para eso fueron creadas la redes, el facebook es la evolución de hi5 y Myspace,  ahí se ponen las fotos, las historias etc… porque esa necesidad de estar visibles está al alcance de todos… o no es común ver posts tipo: “quieren ver las fotos de mi viaje chequen el feis, te mando el archivo por feis, al rato nos vemos en el feis” toda la vida gira en torno al feis.

Nadie en su sano juicio podrá decir que las redes sociales son inútiles, la cantidad de información que contienen en sus plataformas es infinitamente valiosa, pero yo creo que no hay como seguir conversando con las personas en el face to face, cara a cara. Leer libros o periódicos en el ipad es una experiencia inigualable, pero yo prefiero la suavidad de las hojas de papel y el olor de un libro nuevo… por eso a estas alturas pienso en lo que hace tiempo escribió Mario Benedetti: “de los medios de comunicación en este mundo tan codificado con internet y otras navegaciones, yo sigo prefiriendo el viejo beso artesanal, que desde siempre comunica tanto…”

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