Las cartas de papel… Arendt y Heidegger

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la Revista Emet, el 9 de septiembre de 2011.

Comienzo preguntando, hace cuánto tiempo estimado lector no recibes una carta de papel. A poco no, esto de las computadoras y el e-mail nos ha transformado la vida. Si la memoria no me falla, la última carta que recibí fue por allá de 1998 cuando existía una empresa por internet que ofrecía el servicio donde sus usuarios podían escribir una carta electrónica en su portal y ellos se encargaban de enviarla en papel por correo postal al destinatario. Obviamente la carta me la envié a mi mismo. Quizá fue un ejercicio donde puse a discutir a Alter y Ego, ya que para ese entonces la mayoría de los conocidos habían olvidado escribir de puño y letras sobre una hoja de papel y lo hacían por el famoso e-mail.

Escribir cartas fue en otra época una forma de vida. La comunicación se sustentaba en ese lento caminar de un mensaje, pero siempre se ansiaba conocer su valioso contenido; no por nada García Márquez en El Coronel no tiene quién le escriba, narró las circunstancias de un hombre que su vida pendía de la llegada del cartero. Yo conocí las primeras cartas en la lozanía de la pubertad, entregué a una niña de la secundaria, que para entonces robaba mis ilusiones, alguna misiva expresando mi fascinación moza. La respuesta no fue la mejor, pues nunca obtuve sus favores.

Tiempos después un amigo, de cual ahora no tengo idea de qué sea de su vida y ni siquiera recuerdo porqué fue mi amigo, me regalo un libro titulado “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke, su lectura me pareció una invasión a la intimidad de un poeta que intentaba instruir en valores a su pupilo. Lo mismo me sucedió con Vargas Llosa y su libro “Cartas a un joven novelista”, en cual me sentí un intruso por conocer la inquietud de un muchacho que quería hacerse escritor y acudía al ahora premio Nobel a pedir orientación para convertirse en un novelista hecho y derecho.

Total que eso de conocer el contenido de la correspondencia entre dos individuos me parecía y me parece un acto de voyerismo inhóspito. Pero los dos ejemplos anteriores no han sido los únicos que he conocido, existen muchos documentos bibliográficos que dan cuenta de las comunicaciones en forma de cartas de papel entre diversos y afamados personajes, uno caso que llamó poderosamente mi atención, fue el libro que consigna la relación epistolar que tuvo Hannah Arendt con Martin Heidegger, o mejor dicho, de los cientos de cartas que Arendt le escribió a Heidegger y que este último no necesariamente correspondió.

El libro se llama Correspondencia, 1925-1975 y otros documentos y los legados. Honestamente me pareció un libro de matices y sorpresas, pues uno no siempre se imagina qué es de la vida de esos iconos del pensamiento. A Martin Heidegger lo leí en la universidad, era o es, uno de los filósofos más importantes que le impuso a la disciplina un replanteamiento total de la idea de la filosofía. Su noción del ser-ahí oDasein revolucionó por completo la tradición; no me declaró conocedor de su obra, pero entiendo que es un tipo cuya literatura debe conocer todo filósofo. Sin embargo pocos saben que Heidegger con toda la autoridad moral que gozaba, fue uno de los intelectuales que apoyó al nazismo y a Hitler. No salió nunca de la Alemania que perseguía y mataba a los judíos, siempre tuvo el cobijo de sistema y por alguna razón pudo vivir tranquilo hasta sus últimos días.

Por su parte, Hannah Arendt procedía de una familia burguesa de judíos asimilados en Königsberg, a temprana edad dominó el griego y el latín, cuando cumplió diecisiete años leyó la Crítica de la razón pura, de Kant y el siguiente año ingresó a la Universidad donde conoció a Heidegger. Ambos sostuvieron una relación que es precisamente mostrada en el libro de referencia. Hannah Arendt fue una mujer muchísimo más brillante que Heidegger, su tesis doctoral es un libro imprescindible para cualquier ser humano que habite este planeta y estos tiempos, El concepto de amor en San Agustín, este libro- tesis lo escribió cuando apenas tenías 21 años de edad y muestra una lucidez e inteligencia inconmensurable. No obstante, la relación clandestina que tuvo con Heidegger la marcó para siempre.

Las cartas que le enviaba contenían una importante dosis intelectual, más allá del sentimiento de amor que ambos pudieran experimentar y profesarse, Arendt le planteaba a Heidegger problemas del pensamiento a resolver. De hecho en una de las cartas, Heidegger reconoce que gracias a ella se inspira para desarrollar su máxima obra: Ser y tiempo. Sin embargo, la soberbia de Heidegger no le permitía reconocer el valor de los dotes intelectuales de Arendt y mucho menos reconocía su amor. Siempre la trató como la amante, Hannah lo aceptó así, le decía por ejemplo, vas a mi casa, si ves la luz encendida entonces tocas y podrás pasar, si está apagada entonces no abriré. Por su puesto que al principio no fue así, al contrario para enamorarla Heidegger le escribió: “Y si yo no hubiera llegado a la persuasión de que usted se mantiene valiosa en su destino por estar poseída de ese espíritu, no habría osado yo escribir hoy, ni osaría cultivar el contacto espiritual en el futuro. Manténgase fuerte y en buen ánimo…”

Heidegger tenía diecisiete años más que Arendt, tenía dos hi­jos y estaba casado con Elfride Heidegger, una mujer que cuidaba a toda costa el coqueteo de las estudiantes que rondaban a su marido. A finales de 1924, Arendt decidió alejarse de Heidegger y se ocultó en Heidelberg, pero Heidegger con la ayuda de Hans Jonas, averiguó la dirección postal de Arendt y una vez más comenzaron a fluir las cartas en una y otra dirección. Tiempo después cuando los nazis inician la persecución de los judíos, Hannah Arendt tiene que abandonar Alemania y Heidegger no hace nada por detenerla; al contrario, lo ve como una valiosa oportunidad de separarse de ella.

Desde su exilio en Estados Unidos, Hannah Arendt comenzó a desarrollar su obra. Se alejó en cierta forma de la filosofía para desmarcarse de Heidegger y enfocó su inteligencia hacia la política. La condición humana, fue uno de los libros donde demuestra la complejidad y virtud de su pensamiento. Heidegger apenas y leyó por encima los manuscritos de Arendt. Sin embargo ninguno de los dos se olvidan. Luego de la caída de régimen nazi, una de las agencias de inteligencia de Israel, captura en Buenos Aires Argentina a Adolf Eichmann a quien se le atribuyó ser al artífice de los asesinatos altamente violentos en los campos de concentración durante el régimen de Hitler; Hannah asiste al juicio que llevó a la muerte a Eichmann y pasa por Alemania encontrándose con Heidegger que para entonces ya había aceptado ante su mujer y sus hijos la relación que sostuvo con Arendt. Para entonces Arendt estaba en la plenitud de su vida intelectual, mientras que Heidegger era un viejo decrépito y medio arrepentido.

Hannah Arendt, no pudo aceptar al ciento por ciento su exilio, pero intentó olvidar si raíz germánica y comenzó a escribir en un inglés elemental, en ocasiones escribía “Story” o a veces “history”, sus citas prácticamente las hacia de memoria y en latín, pero su obra la desarrolló con una alta dosis de conocimiento que hoy sus textos son necesarios para quien estudia cualquier disciplina social o humana. Por ejemplo, Las conferencias sobre la filosofía política de Kant (Lectures on Kant’s Political Philosophy), fue un texto que demostraba sin más ni más que Kant sí había escrito sobre política a pesar de existían quienes afirmaban que el filósofo alemán no había abordado el tema. En fin, que para terminar les recomiendo corran a la librería o biblioteca y lean La vida del espíritu, no se arrepentirán.

Así las cosas, lo aquí narrado es parte de ese conocimiento que da enterarse de la correspondencia entre dos personas… que más me hubiera gustado no haberme enterado de la misoginia y machismo alemán de Heidegger, pero eso son las cartas de papel, textos a través de los cuales podemos ir más allá, porque en ellas, las cartas, exponemos nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, pero sobre todo nuestro espíritu…

En la modernidad, la internet y sus redes nos han quitado de cierta manera, esa tradición epistolar, por eso es que creo que cada vez más personas desean escribir, pero pocos son los que quieren leer. Ahí esta el reto de estos tiempos modernos, convertir aquel sentido de las cartas de papel, en correos electrónicos que nos lleven a ese estado de intercambio de ideas… es quizá un sueño guajiro, pero no creo que sea imposible…

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Un pensamiento en “Las cartas de papel… Arendt y Heidegger

  1. Sara Ruas Morely

    Ha sido a través de este medio que he podido llegar a su reflexión ,elija el que quiera pero no deje de hacerlo.MUY BELLO

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