Jugando con fuego: el periodismo, la corte y las calumnias

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna Intersticios de la revista  Razón y Palabra, Primera Revista Digital en Iberoamérica Especializada en Comunicología.

Suscribo en su totalidad, las tres primeras líneas con las que Niklas Luhmann inicia el imprescindible texto La realidad de los medios de masas: “Lo que sabemos sobre la sociedad y aún lo que sabemos sobre el mundo, lo advertimos a través de los medios de comunicación para las masas.” Por eso en la modernidad, es trascendental conocer con el mayor detalle posible, las cosas que ocurren tanto al interior, como al exterior de los medios de masas.

En México, en recientes semanas la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió un asunto delicado que involucraba a dos medios de comunicación: la revista Letras Libres y el periódico La Jornada. El litigio comenzó cuando en un artículo de opinión publicado en la revista en el 2004, se acusaba al periódico de ser cómplice del terror, en clara alusión a la “supuesta” simpatía del diario con la recientemente diluida organización terrorista vasca ETA.

Pese a que el diario demandó la presentación de pruebas que demostraran su complicidad con dicha organización, la resolución de la Corte soslayó tal solicitud y, por el contrario, se centró en defender el derecho del autor (a través de la revista) de expresarse libremente. La sentencia final dictaminó que no se podía proceder en contra de una opinión libre y, por tanto, no se consolidaba ningún tipo de daño al periódico.

Si bien, la Corte colocó por encima de todo el derecho a la libre expresión, también dejó (quiero pensar involuntariamente) abierta la puerta a las descalificaciones infundadas. De tal manera que la jurisprudencia causada permitiría la calumnia fundada en los dichos de terceros o de oídas y no necesariamente en pruebas debidamente fundamentadas. Todo ello, amparado en la libertad de expresión.

Esta resolución judicial más allá de hacer un bien a la vida mediática, coloca el tema en una encrucijada, pues si bien debe estar garantizada la libre expresión, también debe salvaguardarse la reputación de toda persona (o en este caso medio de comunicación), variable que por cierto fue desestimada.

La aplicación de los criterios de ley no siempre son los mismos en casos más o menos similares. Recordemos por ejemplo cuando la periodista Isabel Arvide en pleno ejercicio de su libertad de expresión, se refirió a la ahora viuda de José López Portillo, Sasha Montenegro como “exfichera, encueratriz venida a menos”. Esta expresión desafortunada, le costó a la periodista ser acusada por la vía civil por daños morales, y por la vía penal por calumnia, injuria y difamación; de tal manera que al final del proceso, se vio en la necesidad de desprenderse de su patrimonio para hacer frente a una importante sanción económica impuesta por el juez que sentenció el caso. En este caso el axioma de la libertad de expresión no cobijó a la informadora.

Sin embargo, si este hecho ocurriera hoy, los abogados de Arvide podrían abrigarse de dicha sentencia (me refiero a la resolución La Jornada vs. Letras libres) que marca un antecedente para este tipo de litigios y probablemente el resultado final tendría un sentido radicalmente diferente.
Más allá del margen de maniobra discursiva que abre esta resolución, su incidencia en el periodismo moderno, que en los últimos años ha experimentado una importante cercanía con las expresiones ciudadanas en las redes sociales, podría eventualmente dar paso a una escalada de querellas lanzadas a la opinión pública, aderezadas de calumnias y descalificaciones sin sustento que partirían del supuesto de que no podrían ser perseguidas por estar en apego al derecho de la libre expresión.

El criterio jurídico utilizado por los ministros de la Corte nos pone a jugar con fuego, pues a partir de hoy, será complejo dirimir los alcances del derecho que tendrá un individuo a expresarse libremente y el derecho a guardar la honra y reputación de las personas afectadas por expresiones calumniosas.

Insisto, el periodismo moderno que hoy encuentra un espejo en la plataforma de las redes sociales si algo lo caracteriza es la libertad de expresión; pero también la naturaleza social de las redes permite, por ejemplo, la posibilidad del anonimato y desde ahí lanzar ataques negativos sin tener consecuencias. Además, por si no fuera suficiente, nuestra legislación ha desconocido a la calumnia como delito.

El ambiente electoral que se avecina para el próximo 2012, indica que la guerra de descalificaciones será el pan de cada día. Por ello, es importante hacer un llamado a la mesura, pero sobre todo, a poner por encima de toda discusión rispida, las ideas que sumen argumentos al debate y no caer en el juego maniqueo de la denostación que sólo empobrece la vida democrática.

Quienes ejercemos el periodismo, debemos tener muy claro (permítaseme la siguiente expresión), que las ideas deben combatirse en el terreno propio de las ideas, no en los tribunales y tampoco supeditados al criterios del poder judicial. Quizá para diluir esta complejidad y regresar al ejercicio objetivo del periodismo moderno sea pertinente recordar el decálogo que nos heredó el periodista Miguel Miguel Ángel Granados Chapa, probablemente por ahí encontremos un camino mejor iluminado:

1) Nunca escriba o diga algo de una persona que no se le pueda decir a la cara; 2) Combata la ambigüedad: no insinúe, no exagere, no minimice. Elija una postura y defiéndala. Un juicio no depende de la complicidad del lector sino del apego a la verdad; 3) Use las palabras precisas, no sólo por la riqueza del lenguaje sintético sino para lograr exactitud en lo que uno quiere decir; 4) Evite los lugares comunes, la vulgaridad y la falsa familiaridad con los entrevistados; 5) Construya su propia opinión, aunque no coincida con los demás, y sobre todo, si coincide con los demás; 6) No se ponga usted mismo en el centro de la noticia; 7) No haga juegos de palabras ni sorna con el nombre o la apariencia de una persona; 8) No aspire a recompensas materiales, no acepte regalos que puedan significar un soborno, ni siquiera los más pequeños. Hay que practicar una extremada ambición ética, aunque parezca una soberbia de la virtud, 9) Considere los fenómenos en su larga duración y en toda su anchura; y 10) Encuentre el camino o hágalo.

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