Primero de julio, ¿cambio o continuidad?

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna MéxicoPolítico del portal estadounidense AOL-Noticias el 26 de enero de 2012. 

Según lo establecido por la ley electoral mexicana, aún no es tiempo de campañas. Por ese motivo (se supone) los candidatos presidenciales se han mantenido en resguardo y sólo hacen trabajo a ras de piso, sin contratar espacios en medios de comunicación masiva. Sin embargo, como suele suceder en México, siempre existe una forma de darle vuelta a la ley, y los aspirantes a gobernar este país no son la excepción.

Prácticamente, los candidatos (únicos) Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto, mantienen su presencia en medios a través de las encuestas, que pululan por doquier. Si no es el índice de simpatía, es el de popularidad, o el de contraste, pero “curiosamente” siempre están en medios.

En forma más abundante, porque la ley se los permite, los pre-candidatos del PAN aparecen en todo tipo de espacios publicitarios, ya que ellos están en el desarrollo de su proceso de elección interna, buscando la forma de impedir que Josefina Vázquez Mota gane la candidatura y ungir de la nada y como por arte de magia a Ernesto Cordero, delfín equívoco de Felipe Calderón.

El trabajo político de estos meses es intenso y complejo para todos los equipos de campaña. Los estrategas están apuntado a las redes sociales y al internet para intentar posicionar en la opinión pública a su respectivo candidato durante este período de sequía mediática. Por su parte, las casas encuestadoras (serias y no serias), corresponden a los intereses de quienes contratan sus servicios y encuentran la forma de dar a conocer sus resultados mediante una simulación de “sólo información”en medios de masas, cuando a todas luces son inserciones pagadas.

La realidad de la vida social no corresponde a la realidad electoral. Es un hecho que la ley electoral se transgrede un día sí y otro también. Entonces cuál democracia “vibrante” estamos construyendo los mexicanos, cuando los candidatos y los políticos son parte del problema. La misma política está plagada de arrebatos que conducen a la ambición desmedida del poder. Por ello es imprescindible frenar los vicios que tanto dañan la vida democrática de nuestro país, o bien, fabricar nuevos mecanismos de entendimiento con los más pútrido del poder público.

En entregas anteriores, he abordado los retos que tienen los candidatos con la ciudadanía; pero también debemos exponer los desafíos que tenemos como ciudadanos para enfrentar procesos políticos viciados de ambición. No debemos tolerar por más tiempo que las campañas sean los escenarios de las mil y una promesas, que a la postre se cumplirán (si se cumplen) sólo para pedir nuevamente el voto.

El 2012 es un año dónde se supone, (los ciudadanos) deberíamos tener una madurez política tal, que difícilmente nos podrían engañar con bultos de cemento, despensas, gorras, varillas, tinacos, etcétera. No se trata de mendigar materiales de construcción, se trata de tener un trabajo digno que permita a cualquier trabajador tener recursos suficientes para comprar sus tinacos o bultos de cemento, cuando él lo decida y por su propio esfuerzo. Debemos terminar con la cultura paternalista que tanto daña a los más necesitados y encumbra a los políticos corruptos.

Desafortunadamente, en esta modernidad, los priistas (incluido Peña Nieto), siguen viendo a los ciudadanos mexicanos como el “pueblo” al que con una despensa y quinientos pesos pueden comprar fácilmente. Cierto, no hay nada tan dramático y estrujante como la pobreza, pero ésta no se soluciona con sólo enviar ayuda humanitaria; sino con revisar las causas y atender los problemas desde su sustancia. Estoy pensando en los Rarámuris, a quienes le hubiera venido bien no sólo enviarles despensas y cobijas, sino dotarlos de tierras y por ende tecnología, para que ellos sean autosuficientes y productivos… pero qué va, el gobierno de Felipe Calderón prefirió gastar más de mil millones de pesos en un monumento inservible llamado “la estela de luz” y no invertirlo en las comunidades indígenas del país.

¿Cambio o continuidad? La continuidad ya lo sabemos, la tienen el PRI y el PAN, ellos han gobernado este país, el primero por más de setenta años y el segundo en los últimos doce. El cambio… cierto, difícilmente lo tendrá el PRD o el PT o el Movimiento Ciudadano. La verdad es que los partidos políticos cada vez nos representan menos. Sin embargo, el proyecto de Nación de López Obrador, al menos indica que su rumbo está justamente dirigido al cambio, ¿será cierto? No hay mejor forma que comprobarlo… total: más no creo que podamos perder…

Nota al margen

En la ciudad de México (influyente entidad que perfila el peso electoral), los candidatos ya están pre-definidos: por el PRI todo indica que será Beatriz Paredes, política conocedora de las viejas mañas priistas; por el PRD, PT y MC el doctor Miguel Ángel Mancera, otrora Procurador de justicia del D.F; y por el PAN la ex–activista ciudadana, Isabel Miranda de Wallace. Todos los pronósticos (incluidos los más catastróficos) indican que la señora Wallace no tienen ninguna posibilidad de triunfo. Muchas son las consideraciones: no tiene experiencia en la administración pública, no se le conoce formación académica alguna, no conoce el oficio de la política, no es sensible a las necesidades ciudadanas, desconoce aspectos de política económica para administrar una de las ciudades más grandes del planeta, etcétera, etcétera, etcétera…

En resumen, pese a su popularidad, no es bien recibida (ni lo será) por los ciudadanos. La candidatura de la señora Wallace es la crónica de una derrota anunciada, pero mucho ayuda al PAN y sobre todo a Felipe Calderón para legitimar su guerra absurda y de paso contribuye en desprestigiar los movimientos ciudadanos que, como un día lo hizo la asociación “Alto al secuestro”, se cobijaron en las organizaciones ciudadanas que surgieron ante los oídos sordos de los gobiernos fascistas, simplemente para protestar la dignidad humana.

Vaya oportunismo de la señora Miranda de Wallace, que con apenas una candidatura que negoció desde hace meses, le dio la espalda a la lucha ciudadana.

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