Isabel Wallace, la mejor operadora de Calderón

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente en la columna Nada Personal del portal Poder Ciudadano el 15 de marzo de 2012.

Cómo es nuestro sistema de justicia mexicano, que un solo caso en determinado tiempo y circunstancia puede causar un revuelo inimaginable. Ya lo fueron los casos de Antonio Zúñiga, Jacinta Marcial, Ignacio del Valle y ahora sube nuevamente a la discusión publica el emblemático caso de Florence Cassez. ¿Qué tienen en común estos casos que se han convertido en monumentales escándalos?, sólo una cosa, el desaseo judicial y la mala voluntad de quienes procuran la justicia por encontrar –fabricar– culpables.

Más allá de la propia Florence Cassez, el proyecto de dictamen del ministro Arturo Zaldívar –que eventualmente podría poner a Florence Cassez en libertad– es un mensaje para todos los mexicanos y de cierta forma el regreso al orden jurídico: nadie por el encima del derecho, ni siquiera la propia autoridad.

Lamentablemente, la doble moral y falso nacionalismo, ciega a muchos ciudadanos que no ven que justo lo que está en juego son nuestros propios derechos. El ministro Zaldívar, está  salvaguardando lo que por derecho nos corresponde y es vivir en el amparo y cobijo de la ley, de tal forma que su dictamen impide que en el presente y en el futuro se violen nuestros derechos fundamentales.

Pero lamentablemente, la mezquindad siempre se apodera de estos eventos sociales. Es una lástima que Isabel Wallace, mujer que surgió a la escena pública porque hizo lo que la autoridad no pudo ni supo hacer, que fue encontrar a los plagiarios y asesinos de su hijo, hoy legitime el uso faccioso del engaño político y mediático, con el único propósito de lavarle la cara sucia a Felipe Calderón y sobre todo a Genaro García Luna.

La activista de marras, es víctima de ella misma, pues no se da cuenta que simplemente está siendo usada por un gobierno débil y necio. Si bien es legítimo que defienda el derecho de las víctimas –Cristina Ríos e hijo y Ezequiel Elizalde–, también sería prudente que obligará al entonces director de la AFI y a las televisoras a que se hagan responsable por haber violado también y desde el principio el derecho de las víctimas. Pues el hecho de haberlas sometido a un show, lesiona su propio derecho.

Pero aún más, Isabel Wallace usa a los secuestrados como herramientas de chantaje para pedir a los ministros de la corte no apoyen un proyecto que de suyo corresponde al marco legal, eso también –guste o no– es lesionar el derecho de las víctimas.

Pero eso no es todo, lo más grave de este asunto es el derecho que tenemos todos los ciudadanos a la información –y que fue trastocado–. Lo que vimos por televisión aquella mañana del 9 de diciembre de 2005, fue una farsa que nos vendieron como información fidedigna. El gobierno nos engaño y trasgredió nuestro derecho a estar debidamente informados. Eso no es un asunto menor…

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