Medios y democracia: el efecto Ibero

Por Juan José Solis Delgado

Este artículo se publicó originalmente el 24 de mayo de 2012, en la columna Intersticios de la revista  Razón y Palabra, Primera Revista Digital en Iberoamérica Especializada en Comunicología.

“Hace mucho que el mundo puso en duda los valores, las creencias y las verdades que en otros tiempos sostuviera. Ahora más que nunca, en la historia humana, necesitamos preguntarnos –todos nosotros, santos, pecadores, mendigos, legisladores, militares– adónde vamos. ¿Podemos detenernos? ¿Podemos, de algún modo, hacer frente?… ¿O ya es muy tarde?” Henry Miller.

Nadie protesta de la nada. Antes de un reacción debe existir una acción, indica la ley física. El abucheo por pate de estudiantes ocurrido el pasado viernes 11 de mayo en las instalaciones de la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México al candidato presidencial del legendario partido hegemónico y, las posteriores protestas en contra de la principal televisora del país, son consecuencia inmediata y precisa de un estado de imposición y autoritarismo que desde la clase política y desde quienes ostentan el poder en los medios de comunicación han fraguado en décadas recientes.

Lo que parecía –a  la vista de expertos en el tema– una impecable estrategia de comunicación política, en tan sólo un viernes negro se diluyó vertiginosamente colocando al candidato puntero al borde del abismo. Su imagen hasta ese momento resguardada con enorme recelo en los medios de comunicación y en particular en las televisoras, cayó estrepitosamente porque el aspirante presidencial no supo contener ni controlar el reclamo de los jóvenes estudiantes que le increpaban acremente su mal gobierno, su cercanía con el ex presidente Salinas de Gortari y el uso desmedido de autoridad en el llamado caso de “Atenco”.

La terca realidad se hizo manifiesta en aquellas voces legítimas y genuinas de los estudiantes de la Ibero, que encontraron un eco inmediato en las redes cibernéticas. #LaIberoNoTeQuiere fue el trending topic que en pocos segundos usuarios de las redes sociales escalaron a nivel mundial. Justo ahí comenzó la debacle del ilusorio camino del candidato puntero. En breves minutos la información llegó a los medios de comunicación tradicionales que hicieron todo lo posible por contrarrestar el daño. La lógica de información giró en torno a expresar un rotundo éxito del candidato en el encuentro con estudiantes. Nada más falso y vil.

La mayoría de medios electrónicos –aliados a la empresa Televisa, principal constructora de la imagen de Peña Nieto– que tienen la virtud de la prontitud, dieron por noticia que el candidato priista había contestado todas las preguntas que le formularon los estudiantes, desde luego esa información no era “la nota” pero en el ejercicio de control de daños y manejo de crisis era la única alternativa. Por la noche, los principales noticiarios de televisión apenas hicieron una mención de lo ocurrido esa mañana, sin entrar en detalles, minimizaron la protesta de estudiantes y todo quedó como una protesta aislada de un reducido grupo de jóvenes que se inconformaron con el candidato.

No obstante, esa misma mañana, el dirigente nacional del PRI en entrevista radiofónica había solicitado se investigara a los jóvenes protestantes y se les aplicara un castigo ejemplar, además de acusarlos de porros y de haber sido entrenados para reventar el acto. Evidentemente, la indignación surgió cuando la inteligencia de los estudiantes fue insultada por estos políticos dinosáuricos y por el sesgo de los medios de comunicación que no tuvieron ética ni objetividad para informar.

Nadie imaginó que lo ocurrido ese viernes negro tomara la dimensión social que hoy tiene. El reclamo de los estudiantes de la Ibero fue replicado en otras instituciones educativas como el Tec de Monterrey, el ITAM, la Anahuac, entre otras y lo hicieron propio. La indignación se transformó en un movimiento organizado de estudiantes que exigieron respeto a su voz e identidad universitaria. La primera lección fue mostrar su poder de movilización al manifestarse en las inmediaciones de Televisa Santa Fe y San Ángel para exigir transparencia y objetividad en el ejercicio informativo. Por primera vez después de casi cuatro décadas de silencio, los estudiantes tomaron las calles civilizadamente haciendo gala de su responsabilidad democrática.

Evidentemente, la empresa Televisa no tuvo más remedio que mostrar en sus pantallas la información de dichas protestas; aunque con una cobertura superficial e insustancial. Pese a ello, la televisora continuó con su trabajo de protección al aspirante presidencial, lanzando las conocidas cortinas de humo para distraer la atención, como fue el señalamiento a la periodista Carmen Aristegui de ser empleada y cabildera del hombre más rico del mundo.

Pero lo que las televisoras, el PRI y el propio Peña Nieto no han tomado en cuenta, es que la verdad es el camino de los jóvenes. La última respuesta del candidato puntero en aquel viernes negro en la Ibero, fue el detonante de una indignación inconmensurable, pues decir que la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló el uso desproporcionado de la fuerza pública en el poblado de Atenco, fue una mentira que atentaba contra la inteligencia de los estudiantes y trasgredía la memoria social.

Por eso el movimiento creció y crece, porque las nuevas generaciones también son capaces de detectar el abuso y el engaño. Rechazar la imposición del candidato priista por parte de los poderes fácticos es una acción natural y pertinente; pero también constituye un parteaguas en la construcción democrática del país. El movimiento organizado de los estudiantes universitarios es tan legítimo como genuino y estará en ellos y en los sectores sociales que se les unan, conservar el espíritu crítico y de congruencia política.

Así, queda claro que este movimiento que nació en la Ibero con el grito unísono de ¡Fuera, fuera, fuera!… hoy ha puesto a los medios de masas en el banquillo de los acusados y los ha orillado a ser transparentes y objetivos. Difícil tarea pensarán muchos, pero no imposible; porque es un hecho que los medios de masas son en buena medida constructores de democracia mientras que nosotros los ciudadanos somos los únicos responsables de exigir una conducta ética y contenidos apegados a la realidad. Más allá del propio candidato fabricado en el set de televisión, este movimiento repercutirá en las formas del ejercicio informativo, pues al menos estos días se ha evidenciado, que no todos los individuos creen lo que dice la televisión.

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