Justicia y libertad

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Por Guadalupe Loaeza

Reforma / 24 de enero de 2013

Querida Florence:

Mientras escribo estas líneas, te encuentras en el vuelo 439 de Air France, rumbo a París. Te imagino, sentada en clase business al lado de tu padre, con los ojos cerrados, preguntándote si tu liberación no se trata de un sueño. No, Florence, no es un sueño, es la realidad; después de siete años de prisión, estás libre. En muy poco tiempo, seguramente, te recibirán con júbilo, familiares, amigos y periodistas, en el aeropuerto Charles De Gaulle; lo más probable es que también te estén esperando, Carla y Nicolas Sarkozy, Ingrid Betancourt y los alcaldes de Lens y de Béthune, de donde eres originaria, aparte de varios senadores del Norte.

Te repito, no estás soñando; estás volando hacia Francia y en unas horas más descubrirás la punta de la Torre Eiffel. Es cierto, tu partida de México sucedió demasiado rápido. Tal vez ni tiempo tuviste de despedirte de tus compañeras de la cárcel. Quiero pensar que, antes de abandonar para siempre el penal de Tepepan, te intercambiaste correos con algunas de ellas. No todas, claro, porque quizá para muchas de las 300 prisioneras eras “la francesa del dormitorio 1”, sumamente reservada y, según ellas, con demasiados privilegios. No obstante, habrá habido una que otra que acaso te dijo: “Te vamos a extrañar”, especialmente las que iban, todos los viernes, al cine-club que creaste y de cuyo fichero de películas te ocupabas personalmente. Para estos momentos, qué lejanas te han de parecer todas las rutinas que tenías en la prisión, las cuales mantenías con absoluta disciplina, es decir, despertarse a las 6:30 am., trapear todos los días las escaleras de los dormitorios, fabricar tus collares de perlas, venderlos y, con ese dinero, comprarte tus tarjetas de teléfono para comunicarte con tus padres, preparar los debates de las películas de los viernes, tus clases de aerobics, leer tus correos de apoyo, en suma, procurar tener un comportamiento ejemplar. Pero todo eso ya se acabó, en muy poco tiempo podrás, por fin, dormir una noche completita, en un cuarto oscuro y silencioso, sin miedo de cerrar los dos ojos, lo cual no te aconteció a lo largo de siete años.

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Ahora, en lo que tienes que pensar, Florence, aparte de devorarte un plato de mejillones con papas fritas, platillo con el que soñabas constantemente, es en “reconstruirte”. Se dice fácil, pero estoy consciente de que el reto es mayúsculo. Eres joven, Florence, tienes toooooda una vida por delante. ¿Te acuerdas que, cuando te fui a ver a la prisión, me comentaste que te gustaría que tu caso fuera un ejemplo para muchas personas que se encuentran encarceladas sin pruebas? Tú misma lo escribiste en una carta dirigida “a todo México”, fechada el 10 de abril del 2010: “Tengo la esperanza de que mi caso sirva para despertar conciencias, para exigir a las autoridades eficiencia, transparencia y honestidad en su quehacer, es decir, aquello que tiene que ser guía de conducta para todo servidor público. Lucho, por supuesto, por mí, por probar mi inocencia, por mi dignidad, por mi país, pero también por México, por su sociedad, porque sé que hay otros casos como el mío: Ignacio del Valle, Atenco, Jacinta Francisco Marcial, Teresa González, Alberta Alcántara, Guillermo Vélez -calumniado, torturado y asesinado- y tantos más. Es necesario que reflexionemos, pero sobre todo que actuemos para no permitir que esto siga ocurriendo. Algún día, un vecino, un amigo, un miembro de tu familia, tú misma, tú mismo, podría ser víctima de una situación así; cualquier ciudadano común, trabajador, decente, podría caer en este infierno. Actuemos para impedirlo. No es posible que un porcentaje abrumador de los crímenes cometidos quede impune y que de los pocos que son resueltos, una buena parte sea fabricando culpables”.

Piensa, Florence, que tu caso “viciado desde su origen”, es un verdadero parteaguas para la justicia mexicana. Como bien dijo tu abogado, Agustín Acosta: “La libertad de Cassez es una decisión histórica de la Corte que establece un precedente de que no se pueden tolerar las violaciones a los derechos humanos”, expuso. No hay duda, los ministros Olga Sánchez Cordero, Arturo Zaldívar y Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena pasarán a la historia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Piensa que tu caso evidenció a las televisoras, ciertamente responsables, en contubernio con García Luna, de la manipulación de su información. Allí está la declaración de Loret de Mola: “Yo no me di cuenta de este montaje, no me di cuenta de esta trampa. En retrospectiva, con un análisis más minucioso de todas las imágenes, creo que se pudo haber descubierto el engaño (…) no lo hice y lo lamento”. El que también quedó más que evidenciado con tu caso fue el ex presidente Felipe Calderón: “Dos semanas
antes de la discusión, cuando Zaldívar decidió hacer pública su propuesta de dar un amparo ‘liso y llano’ -que implicaba la liberación inmediata de la francesa-, el gobierno de Calderón presionó por distintos medios para que modificara su propuesta.

Lo mismo hizo con otros ministros para que no apoyaran la excarcelación”, escribe Jorge Carrasco Araizaga, en su reportaje: “Caso Cassez, Amenazas y presiones a la Suprema Corte” (Proceso, número 1890). En fin, todo esto ya quedó en el pasado… Lo más seguro es que al llegar a París, a la primera persona que abrazarás será tu madre. Para ella, tú eres su heroína por todo lo que has luchado. Y para ti, Charlotte, es la madre que siempre creyó en ti y que sufrió intensamente durante siete años.

“Justicia y libertad”, dos ideales quijotescos que a partir de ahora estarán ligados al caso de Florence Marie Louise Cassez Crepin, ciudadana francesa nacida un 17 de noviembre de 1974.

Bon voyage et bonne chance! GL.
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