Gobierno mediático

UnknownPor Juan José Solis Delgado 

Este artículo se publicó originalmente el 6 de marzo de 2013, en la columna Intersticios de la revista  Razón y Palabra, Primera Revista Digital en Iberoamérica Especializada en Comunicología.

Desde la época de la campaña electoral donde el PRI y Peña Nieto fueron dispendiosos en su estrategia de comunicación social y marketingpolítico, ya se perfilaba que la nueva administración reposaría en la legitimidad y credibilidad que dan los actos gubernamentales presentados en los medios de comunicación masiva… A tres meses de iniciada la nueva gestión, se confirma el supuesto.

El francés Jules Régis Debray argumenta que “gobernar es hacer creer”, y en el México de Peña Nieto, se hace “creer” a través de la televisión y los medios afines –en su mayoría aliados a la empresa Televisa– que el país requiere de visiones modernizadoras, democráticas y de planes de largo alcance como los concebidos por el nuevo presidente; dejando en el pasado aquella temática relacionada con la violencia y el crimen organizado que tanto laceró el bienestar de la sociedad mexicana y que Felipe Calderón se empeñó en mantener en la opinión pública.

Lo de hoy, es ensalzar –con reflectores y cámaras de televisión– los triunfos del incipiente gobierno peñista, exponiendo como virtuosos los mensajes de la firma del Pacto por México, la Reforma educativa, las próximas en materia de energía y telecomunicaciones y en particular las “grandes” acciones que hacen “creer” que el nuevo PRI viene con nuevos bríos y deseos de justicia. Así lo constatamos en dos eventos: la explosión en el edificio corporativo de Pemex y en la aprehensión de la otrora intocable líder sindical Elba Esther Gordillo Morales.

Pese a la supuesta distancia que el gobierno de Peña estableció con la empresa Televisa, el hacer “creer” sigue realizándose con extremo cuidado en las pantallas de televisión. Horas más tarde de ocurrida la explosión en el edificio de oficinas de Pemex, los noticiarios televisivos presentaron a un Peña Nieto asistiendo al lugar de los hechos con rostro preocupado pero sin perder el aplomo de hombre de Estado.

En realidad, su presencia fue absolutamente mediática, pues enfundado en un casco de obra, Peña Nieto se limitó a observar el desastre causado y prometer que todos los trabajadores afectados recibirían una indemnización. Minutos más tarde, junto con las cámaras de televisión, se dirigió a los hospitales que atendían a los heridos, ahí nuevamente, prometió ayuda a los trabajadores petroleros. Así, ante la opinión pública Peña Nieto quedó como un presidente que de inmediato tomó las riendas del asunto, aunque en la realidad, los protagonistas de aquel suceso fueron el secretario de gobernación y posteriormente el procurador de la República.

Mismo tratamiento mediático tuvo la reciente embestida contra la líder sindical Elba Esther Gordillo Morales. Sin más, la tarde del 26 de febrero la otrora diputada y senadora priista fue capturada por elementos de la PGR por el supuesto desvío de 2 mil 600 millones de pesos. El operativo estuvo a cargo nuevamente del procurador Jesús Murillo Karam quien junto con la Unidad de Inteligencia Financiera de la secretaria de Hacienda, dieron cuenta de los supuestos desfalcos a las cuentas bancarias del sindicato magisterial. Enrique Peña Nieto prácticamente no tardó nada en presentarse por televisión en cadena nacional pronunciado un discurso que justificaba la captura de la lideresa. ¡El presidente se vistió de gloria! Llegó a declarar el presidente del PAN.

Así las cosas, lo interesante de la estrategia mediática de Peña Nieto es que prácticamente no lo exponen ante la opinión pública. Literalmente, todas sus apariciones son sumamente cuidadas y en espacios controlados. Lo mismo ocurrió en campaña y por ello les dolió tanto el zafarrancho de la Ibero; pero ahora en el gobierno, el equipo que está detrás de Peña Nieto sabe perfectamente que la imagen debidamente manejada a través de la televisión, forjará un capital político que bien podría edificar la estructura necesaria para sostener el poder presidencial por varios sexenios.

Lo de Elba Esther Gordillo, es un golpe judicial sin duda, político por supuesto; pero sobre todo, es un golpe mediático que demuestra que este gobierno se conducirá por ese camino de la espectacularidad, por el hacer “creer” que se gobierna en apego a las exigencias y necesidades de la población, aunque bien sepamos que simplemente se trate de las así llamadas estrategias de marketing político.

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