El carro completo puede liquidar la democracia mexicana

tumblr_m9tc788Php1rpc6qlo1_500Por Juan Federico Arriola (Profesor investigador de la Universidad Iberoamericana)

El límite de mi lenguaje, es el límite de mi mundo.
Ludwig Wittgenstein

El martes pasado el respetado columnista de El Universal Jorge Chabat también aludió al término neosalinismo -que empleé en mi artículo de hace dos semanas en EL FINANCIERO-, y con esto quiero decir que empieza a concebirse al gobierno de Peña como una réplica del patético sexenio de Carlos Salinas de Gortari, no sólo por sus usos y operadores, sino por su siniestra y equivocada visión de la democracia. La Secretaría de Desarrollo Social, inventada por Salinas en 1992, no tenía como propósito aliviar las cargas de la pobreza -aumentada sexenio tras sexenio por los gobiernos priistas, el gobierno sahagunista de Fox y el gobierno panista aunque sin doctrina de Gómez Morín de Calderón-, sino mantenerse en el poder. No hay que olvidar aquella frase de que los tecnócratas priistas estarían 24 años seguidos después de 1994.

La demagogia galopa por toda la República. Se habla sin cesar de compromisos por México, por el pueblo, etcétera, y se siguen tolerando prácticas corruptas y, por cierto, no sólo de agentes priistas. En esto, todos los partidos políticos y gobiernos emanados de ellos son iguales. En el DF, el pésimo jefe delegacional de Coyoacán no es tocado ni con el pétalo de una rosa por Mancera y asociados.

Doña Diabla está en la cárcel por varios delitos que merecen privación de la libertad. ¿Esto ya resolvió el tema de la corrupción en el sindicato de trabajadores de la educación? Evidentemente no. El presidente Peña dice estar muy afligido por la pobreza y el hambre que imperan en México, pero su gobierno tiembla ante las oficinas del jeque Romero Deschamps, quien no podrá explicar -como no pudo en su momento Arturo Durazo, terrible jefe policiaco en la era de López Portillo- su enorme fortuna si él es un humilde trabajador petrolero. Cada vez que acudo a una gasolinera del país y me entero de un nuevo incremento del combustible, primero me acuerdo de Romero Deschamps y sus protectores, y después pienso que la impunidad está blindada y que detona más excesos, más actividades delictivas. Los verbos blindar y detonar son los favoritos del presidente Peña y los utiliza en cada sesión oratoria.

El gobierno de Peña, como en el de sus seis antecesores directos, ha sido incapaz de proteger a periodistas, columnistas, redactores, impresores, empresarios, comerciantes de la criminalidad organizada narcos, secuestradores, extorsionadores y del vandalismo que se esconde en el derecho de protesta. ¿Para qué fueron electas las autoridades entonces? No es represión el uso de la fuerza del Estado en caso necesario. Hay que releer a Max Weber.

Es necesario vacunar al gobierno actual contra el virus de la represión diazordacista, del virus del populismo de Echeverría, del virus del influyentismo de López Portillo y del virus de la soberbia salinista. Si los críticos del poder corremos peligro por externar lo que legítimamente consideramos que está mal, el gobierno de Peña y los gobiernos locales fallarán en contra del Estado de derecho y la democracia.

El peligro del carro completo es que se proteja a quienes vulneran la legalidad de las instituciones y los valores de la sociedad. Montiel, hace mucho tiempo, fue perdonado -incluso por panistas y seudopanistas-; ahora son protegidos a pesar de su torpe exhibición de ricos nuevos los exgobernadores Granier y Moreira, y por supuesto el senador Romero Deschamps, beneficiario del más rancio corporativismo antidemocrático. Es muy probable que se deje sin efectos la investigación contra Tomás Yarrington, exgobernador de Tamaulipas, y entonces se reescribirá el libro de la familia feliz priista. Nadie es culpable.

El presidente Peña y sus vicepresidentes Videgaray en lo económico, Osorio Chong en lo político y César Camacho en lo electoral deben entender que el carro completo con apoyo de programas sociales populistas es veneno para la democracia. Si así el PRI sin mayorías estrictas defiende los excesos de sus correligionarios, como lo hizo el eterno Gamboa al pedir no satanizar a figuras prominentes como Humberto Moreira, ¿qué nos podrá deparar el destino? Estado de derecho y democracia o sólo demagogia. La realidad no miente; a ella me atengo.

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