Izquierdosidades

Fotografía: Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista chileno.

Fotografía: Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista chileno.

Del Blog Cuadernos de la ira de Jorge Muzam (Escritor)

Cambio del timón político en Chile. Vuelve la surrealista alianza de socialistas, demócrata cristianos y comunistas. La misma que derrotó en las urnas a Pinochet el 88 y 89. Poco antes de irse, Piñera se las da de niño símbolo de la simpatía repartiendo besos y apretones de manos entre sus simpatizantes. Y les deja en claro que volverá al menos a presentarse a la próxima elección. Desde un poco más lejos, la verdadera multitud le grita: “¡Piñera, escucha, ándate a la chucha”! Tras entregar el mando se va manejando su propio auto junto a su esposa, como el ciudadano común que desea representar. Pero el show del ciudadano Piñera dura hasta donde lo alcanzan las cámaras. Luego, al doblar la esquina, vuelve a ser el poderoso magnate muy bien escoltado.
Michelle Bachelet, ya investida como presidenta, pronuncia un discurso breve y desaliñado ante una multitud reducida. Hay menos entusiasmo, menos pompa, menos encono, como si fuera un traspaso de delegados de un colegio secundario. Los grandes empresarios, habitualmente alaracos, prepotentes y llorones ante todo lo que huela a izquierdosidades, esta vez parecen resignados y hasta conformes. Confían en Bachelet, pues saben que no les tocará el bolsillo más allá del discurso.
Primer día en el congreso. Los parlamentarios nuevos parecen colegiales en su primer día de clases. La camada comunista es la más entusiasta, la más disciplinada, la más pequeña y la más temida. Dos bellezas, a su pesar, se roban la atención de la prensa, Camila Vallejo y Karol Cariola, pues ni siquiera los analistas que se juran serios lo pueden pasar por alto, todos quedan boquiabiertos ante esas dos muñecas marxistas. Sonrientes, carismáticas, preparadas como nadie para la batalla ideológica. Cerca de ellas, la otra conformación de la izquierda dura, con los ex dirigentes universitarios, Giorgio Jackson y Gabriel Boric. Este último desata un huracán de quejas entre los tontos graves de la república. Y sólo por no asistir con corbata. Así estamos de pendejos. Gastando tiempo y recursos fiscales en alegar por una corbata.
Mientras tanto, los cuervos de la derecha miran con sardónico nerviosismo desde su hemiciclo parlamentario. Salieron chamuscados de la última elección presidencial y parlamentaria, y aún no recomponen filas. Parecen hermanos peleados por un juguete despedazado a tirones.
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