Archivo de la categoría: Política

Julio Scherer García: Mi padre (artículo de María Scherer)

Reproduzco el artículo publicado en octubre de 2014 en la revista Letras Libres , en el que María Scherer habla sobre la trayectoria pero sobre todo de la relación con su padre, el periodista Julio Scherer García, fundador de la revista Proceso. 

Scherer_Studio

Por María Scherer Ibarra

Revista Letras Libres 

Octubre 2014

Desde hace muchos años supe que algún día estaría sentada aquí, mordiéndome las uñas mientras escribía este texto. Lo temí apenas lo advertí. Por fortuna, nadie me lo pidió antes. Hace unos meses lo hizo Enrique Krauze. Me contó que planeaba homenajear a dos personajes de la izquierda: José Revueltas y Julio Scherer. Francamente, no sé si se lo agradezco. Accedí porque creo, como en una verdad absoluta, que no hay padre como mi padre.

De mi padre poco se sabe. Del periodista acaso algo más: los trazos que ha delineado en sus libros más intimistas. No ha sido suficiente para algunos estudiantes y varios periodistas que me han utilizado como intermediario para tratar de obtener una entrevista con él. Pronto dejé de pasarle esos mensajes. Su respuesta era fácil de anticipar: siempre era la misma.

Mi padre ha insistido, y con razón, que por él habla su trabajo: sus entrevistas, sus reportajes. Se ha negado a cooperar cada vez que algún colega obstinado ha pretendido biografiarlo.

Creo que comprendí que mi padre era un gigante hasta que me matriculé en la universidad. Sabía, por supuesto, que era un hombre importante, querido y respetado, que todo el mundo lo conocía, lo mismo que él conocía a todo el mundo. Casi todos mis maestros me interrogaban sobre él. Querían saber qué me aconsejaba, qué me confiaba sobre el oficio periodístico. La mayoría se alegraba de tenerme entre sus alumnos, como si yo emanara alguna de sus virtudes profesionales. Aunque sus preguntas eran repetitivas, me encantaba escuchar –las más de las veces– la admiración que expresaban.

Mi mamá murió un mes antes de mis quince años. Nos acompañamos en el duelo y mi papá cumplió con el doble rol de la única manera posible, colmándome de amor. Fue él quien me condujo por la vida de mi madre. La conocí a través de sus recuerdos. Me contó su historia mejor que ella misma.

Conservo en un lugar aparte esta tarjeta suya: “Que mi amor te alcance en el camino, te decía tu madre. Y su amor te alcanza en tus hermanos y en tu padre.”

También guardo imágenes entrañables. Una se parece mucho a una fotografía que le tomó el papá de mi hijo Pablo. Mi padre está sentado frente a su escritorio. Lleva una camisa blanca. Distingo dos de sus más amadas pertenencias: la foto de mi madre y una banderita de México. Manipula su vieja Olivetti (tiene dos idénticas, por si una se descompone). Los anteojos se le han resbalado y se balancean a la mitad de su nariz.

No sé si interrumpirlo. Se ve muy concentrado. Al fin me decido y separo las puertas corredizas de su biblioteca.

–Hola, pa –le digo. Voltea hacia mí y se quita los lentes. Me sonríe, y toda la dulzura se condensa en un gesto.

–Qué bonitos ojos tengo –me contesta, mientras mira fijo los míos. Siempre han dicho que tenemos los mismos ojos.

No olvido el 23 de marzo de 1994. Ese día, mi padre me enseñó que no hay promesa pequeña. Habían asesinado a Luis Donaldo Colosio. El ritmo de las noticias se aceleró frenéticamente conforme corrieron las horas. A las nueve de la noche, desde la cocina, escuché girar la cerradura de la puerta de la entrada. Mi padre traía un sobre manila en la mano. Lo abrió y me mostró su contenido: la primera prueba para la portada de Proceso.

Laura –que vivía y trabajaba en casa– nos ofreció unas quesadillas.

–¿Te quedas?

–Tengo que volver a la revista.

–¿Solo viniste a enseñarme la portada?

–No, hijita. Vine porque quedamos para merendar. Vengo tarde, no me esperes.

En 1999 dejé la casa de mi padre para casarme. Fui la última, pero nunca tuve remordimientos de conciencia. Él aprecia la soledad. La necesita. Nos lo ha dejado bien claro.

Extraño muchas cosas de nuestra vida en común: su compañía única, su permanente buen humor, su conversación inagotable. Pero sobre todo me hacen falta sus incesantes muestras de amor. Prácticamente a diario –juro que no exagero–, mi papá dejaba una nota en mi buró. La colocaba ahí temprano en la mañana, antes de salir, o por la noche, cuando me encontraba dormida. Conservo muchísimas tarjetas suyas que dicen solo Te amo. Dos cajas protegen cientos más. Elegí una al azar, porque no puedo decidirme por ninguna. Escribió:

Hija preciosa:

Ya no más amor, ya no tanto. Hay horas en que cubres mi pensamiento íntegro. ¡Basta!

Mi papá lleva años despidiéndose. “Cuando sea flor…”, nos previene. Por fortuna, he alcanzado la madurez a su lado. Justo ahora, cuando mi amor por él alcanzó su plenitud, es el momento: yo también quiero honrar a mi padre, que nunca será flor. Será árbol.

Anuncios

Emma Watson en la ONU #HeForShe

normal_UNwomen_EmmaWatson_GoodwillAmbassador_2_jpgEn su discurso dice “Ustedes deben pensar: ¿Quién es esta chica de “Harry Potter” y qué hace aquí en la ONU? Pues es una muy buena pregunta, yo también me la he estado haciendo. Pero todo lo que sé ahora es que, realmente, me interesa este problema y quiero ayudar a que las cosas mejoren. Habiendo visto lo que he visto y teniendo la oportunidad de hacer algo para cambiarlo, es mi responsabilidad decir algo.”

 

Discurso completo

“Fui nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU hace seis meses y he descubierto que mientras más hablo del feminismo, más caigo en cuenta de que luchar por los derechos de las mujeres es para muchos sinónimo de odiar a los hombres. Y si de algo estoy segura es de que esto tiene que terminar. Para el registro, feminismo, por definición, es creer que tanto hombres como mujeres deben tener iguales derechos y oportunidades. Es la teoría política, económica y social de la igualdad de sexos.

Me empecé a cuestionar sobre la igualdad entre los géneros hace mucho tiempo. A los ocho años, por ejemplo, me preguntaba por qué me llamaban mandona por querer dirigir una obra para nuestros padres cuando a los chicos no les decían lo mismo. A los 14, (cuando ya trabajaba en el cine), comencé a ser sexualizada por ciertos grupos de la prensa. A los 15, mis amigas rechazaban unirse a equipos deportivos para no parecer masculinas. A los 18, mis amigos varones eran incapaces de manifestar sus sentimientos. Entonces decidí que era feminista.

Esto no parecía complicado para mí, pero mis investigaciones recientes me han demostrado que feminismo se ha vuelto una palabra poco popular. Las mujeres han decidido no identificarse como feministas por que, aparentemente, ante los ojos de otros, esta expresión las hace ver agresivas, anti- hombres y hasta poco atractiva. ¿Por qué se ha convertido en una palabra incómoda?

Yo nací en el Reino Unido y creo que es justo que me paguen lo mismo que a mis compañeros varones. Creo que es lo debido que yo pueda tomar decisiones sobre mi propio cuerpo y que las mujeres sean parte de las políticas y decisiones que afectarán a mi vida. Creo que, socialmente, merezco el mismo respeto que un hombre. Pero, lamentablemente, puedo decir que no existe un solo país en el mundo en el que todas las mujeres puedan ver estos derechos cristalizados. Ningún país en el mundo puede decir que ha alcanzado por completo la igualdad de género. Estos derechos, que yo considero derechos humanos, no son para todas… soy una de las pocas afortunadas.

Me considero privilegia porque mis padres no me quisieron menos por haber nacido mujer y porque en mi escuela no me limitaron por serlo. Mis mentores (en la actuación) no asumieron que yo llegaría menos lejos por la posibilidad de que en algún momento me convierta en madre. Y estas son las influencias que me han hecho la persona que soy hoy. Ellos pueden no saberlo pero ellos son los embajadores de igualdad que están cambiando el mundo. Necesitamos más como ellos. Y si todavía odias la palabra feminismo, te diré que no es la palabra lo importante. Es la idea y la ambición que hay detrás, porque no todas las mujeres tienen los mismos derechos que yo tengo hoy. En realidad, estadísticamente, muy pocas los tienen.

En 1997, Hillary Clinton dio un famoso discurso en Beijing sobre los derechos de las mujeres. Lamentablemente, aquellas cosas que ella deseaba cambiar en esa época son hoy todavía una realidad. Menos del 30% de los que le oían eran varones. ¿Cómo podemos esperar un cambio cuando la mitad de ellos está invitado a participar de la conversación?

Hombres, me gustaría tomar esta oportunidad para hacerles llegar una invitación formal. La igualdad de género también es tu problema. Hasta la fecha, veo como el rol de mi padre es valorado menos por la sociedad pese a que ha sido igual de importante en mi vida que mi madre. También he visto a hombres aguantando el dolor de una enfermedad mental por miedo a pedir ayuda porque eso los hará ver menos masculinos. De hecho, el suicidio en el Reino Unido es lo que más hombres mata. Los he visto asustados de lo que se les indica que es el éxito para un varón porque los hombres tampoco tienen los beneficios de la igualdad.

No hablamos sobre hombres encarcelados por los estereotipos de su género, pero allí están. Si al hombre no se le hace creer que tiene que ser agresivo, la mujer no será sumisa. Si al hombre no se le enseña que tiene que ser controlador, la mujer no será controlada. Ambos. Hombres y mujeres deben sentirse libres de ser fuertes. Es hora de que veamos a los géneros como un conjunto en vez de como un juego de polos opuestos. Debemos parar de desafiarnos los unos a los otros. Ambos podemos ser más libres y de esto es de lo que se trata la campaña: de libertad.

Quiero que los hombres se comprometan para que así sus hijas, hermanas y madres se liberen del prejuicio y también para que sus hijos se sientan con permiso de ser vulnerables, humanos y una versión más honesta y completa de ellos mismos.

Ustedes deben pensar: ¿Quién es esta chica de “Harry Potter” y qué hace aquí en la ONU? Pues es una muy buena pregunta, yo también me la he estado haciendo. Pero todo lo que sé ahora es que, realmente, me interesa este problema y quiero ayudar a que las cosas mejoren. Habiendo visto lo que he visto y teniendo la oportunidad de hacer algo para cambiarlo, es mi responsabilidad decir algo.

Edmund Burke decía que todo lo que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos y las mujeres buenas no hagan nada.

En mi nerviosismo por este discurso… en mis momentos de duda me digo firmemente: “Si no soy yo, ¿quién? Si no es hoy, ¿cuándo? Si tienes dudas cuando se te presenta una oportunidad, espero que estas palabras te sean útiles. Porque la realidad es que si no hacemos nada hoy, van a tener que pasar 75 años o quizás 100 para que una mujer pueda esperar recibir el mismo salario que un hombre por el mismo trabajo. Más de 15 millones de niñas serán forzadas a casarse en los próximos 16 años y, al mismo ritmo, no será hasta el 2086 que las mujeres de las áreas rurales de África puedan ir a la escuela secundaria.

Si crees en la igualdad, debes ser uno de esos feministas de las que hable poco antes y por eso yo te aplaudo. Para hacer el cambio necesitamos estar unidos y las buenas noticias son que ahora tenemos una organización unida. Te invito a que te dejes ver y que te preguntes: Si no soy yo, ¿quién? Si no es hoy, ¿cuándo? Muchas gracias”.

Izquierdosidades

Fotografía: Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista chileno.

Fotografía: Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista chileno.

Del Blog Cuadernos de la ira de Jorge Muzam (Escritor)

Cambio del timón político en Chile. Vuelve la surrealista alianza de socialistas, demócrata cristianos y comunistas. La misma que derrotó en las urnas a Pinochet el 88 y 89. Poco antes de irse, Piñera se las da de niño símbolo de la simpatía repartiendo besos y apretones de manos entre sus simpatizantes. Y les deja en claro que volverá al menos a presentarse a la próxima elección. Desde un poco más lejos, la verdadera multitud le grita: “¡Piñera, escucha, ándate a la chucha”! Tras entregar el mando se va manejando su propio auto junto a su esposa, como el ciudadano común que desea representar. Pero el show del ciudadano Piñera dura hasta donde lo alcanzan las cámaras. Luego, al doblar la esquina, vuelve a ser el poderoso magnate muy bien escoltado.
Michelle Bachelet, ya investida como presidenta, pronuncia un discurso breve y desaliñado ante una multitud reducida. Hay menos entusiasmo, menos pompa, menos encono, como si fuera un traspaso de delegados de un colegio secundario. Los grandes empresarios, habitualmente alaracos, prepotentes y llorones ante todo lo que huela a izquierdosidades, esta vez parecen resignados y hasta conformes. Confían en Bachelet, pues saben que no les tocará el bolsillo más allá del discurso.
Primer día en el congreso. Los parlamentarios nuevos parecen colegiales en su primer día de clases. La camada comunista es la más entusiasta, la más disciplinada, la más pequeña y la más temida. Dos bellezas, a su pesar, se roban la atención de la prensa, Camila Vallejo y Karol Cariola, pues ni siquiera los analistas que se juran serios lo pueden pasar por alto, todos quedan boquiabiertos ante esas dos muñecas marxistas. Sonrientes, carismáticas, preparadas como nadie para la batalla ideológica. Cerca de ellas, la otra conformación de la izquierda dura, con los ex dirigentes universitarios, Giorgio Jackson y Gabriel Boric. Este último desata un huracán de quejas entre los tontos graves de la república. Y sólo por no asistir con corbata. Así estamos de pendejos. Gastando tiempo y recursos fiscales en alegar por una corbata.
Mientras tanto, los cuervos de la derecha miran con sardónico nerviosismo desde su hemiciclo parlamentario. Salieron chamuscados de la última elección presidencial y parlamentaria, y aún no recomponen filas. Parecen hermanos peleados por un juguete despedazado a tirones.

Comprender y convivir

Luis Villoro

Luis Villoro

Jesús Silva-Herzog Márquez
Publicado en el periódico Reforma 10 Mar. 14


Luis Villoro fue el mejor defensor de la filosofía -aventura y compromiso-, que ha encontrado México. En sus trabajos se muestra la vitalidad de ese empeño intelectual de cuestionar el dogma, de rechazar lo que la herencia impone. Interrogar lo que suele aceptarse sin pregunta. Creía, con Kant, que la filosofía no puede enseñarse: “sólo se enseña a filosofar”. Es que la filosofía no está en las ideas que solidifican en doctrina. Es lo contrario: un pensamiento disruptivo, un disolvente de las creencias. La filosofía es la razón punzante.

Curiosa tarea: el filósofo lo cuestiona todo sin pretender conocimiento. Aun tras aclarar el reino de los significados, ofreciendo conceptos pulcros para la comprensión, nada dice de los hechos del mundo. No es propiamente una ciencia y tal vez sea su reverso o su conciencia. Por eso Villoro, en su brillante discurso de ingreso al Colegio Nacional, dijo: “la filosofía propiamente no conoce, piensa”. La filosofía es dinamita para la razón soberbia. No es la memoria de un pensamiento muerto que se reitera en manuales de preparatoria o revistas de académicos. Por el contrario, la filosofía expresa la indocilidad de la inteligencia. La idea incuestionada, el sistema confortable, el prejuicio legitimado por el uso pasan por el ácido de la razón. Enemiga mortal de la doctrina, la filosofía destroza las coartadas del poder. Desde el primer momento, ha querido salir de la caverna. Por eso la filosofía rehúye la neutralidad. Debe estar del lado opuesto a esa dominación que siempre encubre su mando.

Abrirse a una nueva comprensión del mundo no es más que el primer paso para vivir de otro modo. A la filosofía, dice Villoro, le corresponde también buscar la “vida buena”. Las pautas para transformar la vida pueden ser muy distintas a lo largo de la historia pero coinciden en dos puntos: implican liberación y autenticidad. Ahí, en su mayor servicio, la filosofía encuentra también su maldición. El pensamiento puede fijarse en fórmulas, degenerar en programa, decretarse como mandato imperativo. Al parecer, el virus de la creencia es congénito a la filosofía. Cuando la política engulle a la filosofía apaga su chispa; la razón ya no conversa, impone. Ya no invita a un cambio de vida, ordena al otro que se sujete a su verdad. La doctrina es filosofía domada. Por eso el verdadero filósofo no deja de formularse preguntas, de interrogar al mundo y de interrogarse a sí mismo.

Hay un destino trágico en la filosofía: nace para cuestionar el dogma y suele encallar en dogma. Si los brebajes de la medicina provocaran periódicamente epidemias letales, la ciencia estaría tan dedicada a romper fórmulas como a descubrirlas. Así la tarea de la filosofía es la perpetua erosión de sus propias certezas. Es que el repelente intelectual de la dominación suele terminar santificándola. Las doctrinas políticas pueden nacer liberadoras y morir opresivas. Ése es el caso del marxismo… y del liberalismo. El liberalismo es, para Villoro, una ideología conformista que ha terminado por encubrir la dominación económica. Los liberales defienden una libertad abstracta mientras ignoran o justifican la exclusión concreta. En la tradición republicana pero, sobre todo, en el comunitarismo de los pueblos indígenas creyó encontrar una alternativa práctica al liberalismo.

Entendió que la izquierda era una postura moral antes que una persuasión doctrinal. Ser de izquierda no era para él suscribir un programa. Ése es, seguramente, el error histórico de la izquierda. Al adherirse apasionadamente a una ideología se volvió intolerante y persecutoria. Quien difiere de la Idea es un traidor, un reaccionario, un tránsfuga. La izquierda de Villoro no iba a la cacería de los infieles. Con sus ideas dio cuerpo una forma abierta, inteligente, sensible y generosa de compromiso político donde no cupiera la inquisición. La izquierda debía comprenderse, ante todo, como una actitud contra la dominación. La izquierda como cuestionamiento, denuncia y práctica; nunca como un credo. Pero no descansa aquí la idea de Villoro. La izquierda es combate de la dominación, no sometimiento del dominador. Para que la dominación termine es indispensable escapar del bárbaro círculo del desprecio y el rencor. Por ello Villoro pidió un paso adicional a la izquierda: el reconocimiento del otro. El proyecto de la no-dominación no debe alimentar una tentación de venganza. La dominación sólo puede terminar cuando reconozcamos, de verdad, al otro.

http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/

Leer más:http://www.reforma.com/editoriales/nacional/733/1465835/default.shtm#ixzz2vapMhQSm
Follow us:@reformacom on Twitter

Robert Dahl

la-me-robert-dahl-20140208-001

Robert Dahl

Este artículo lo publicó la doctora Soledad Loaeza en el periódico La Jornada el 27 de febrero de 2014.

El pasado 5 de febrero murió Robert Dahl, a los 99 años. Fue un influyente politólogo estadunidense cuyas reflexiones y análisis del poder y la democracia han guiado, desde finales del siglo XX, la comprensión de estos fenómenos –aunque no siempre de manera explícita–, y han inspirado a muchas generaciones de estudiosos de la política. De la influencia de Dahl sobre la práctica democrática actual podemos decir lo mismo que el burgués gentilhombre de Molière exclamó en admiración de sí mismo, cuando le explicaron la diferencia entre el verso y la prosa: “¡Ah! ¡Entonces llevo años hablando en prosa!” Nosotros llevamos años discutiendo la democracia en los términos de Dahl, el teórico de la poliarquía y del pluralismo, sin citarlo. Fue profesor en la Universidad Yale, donde obtuvo su doctorado en 1940. Después de la Segunda Guerra Mundial, en la que participó, como correspondía a su generación, regresó a su universidad, donde desarrolló una carrera docente y de investigación que es un modelo para quien quiera ser un buen académico. Vale la pena subrayar que era un maestro generoso y considerado, que se ocupaba mucho de sus estudiantes, con cuya formación se sentía íntimamente comprometido.

A Dahl le debemos el planteamiento de la naturaleza del poder que fue en su momento, principios de los años 60, el más sencillo y sugerente de los que ofrecían los libros de ciencia política de la época: El poder consiste en que A logre que B haga lo que A quiere, que de otra manera B no habría hecho. Esta definición amplia no se refiere sólo al poder político, pero quizá lo más importante es también lo más obvio: Dahl subraya el carácter del poder como una relación. El poder no es tal en el vacío, sólo se ejerce en la interacción entre dos o más personas, o entre una institución y una persona o un grupo de individuos, o entre instituciones.

El primer gran libro de Dahl fue ¿Quién gobierna?, en el que describe y explica el ayuntamiento de New Haven, Connecticut, cuyo funcionamiento observó y analizó cuidadosamente, primero, para responder a las críticas de su colega, el sociólogo C. Wright Mills, que sostenía que Estados Unidos estaba gobernado por una reducida élite; en segundo lugar, a partir de sus observaciones formuló un esquema de análisis del poder que es actualmente dominante, que entiende la democracia ya no como el triunfo de la mayoría, sino como la competencia entre diferentes grupos de interés que representan la diversidad de la sociedad. A la perspectiva de Jean-Jacques Rousseau opone la de Alexis de Tocqueville, para quien la clave de La democracia en América era el gobierno local, y la dispersión del poder que representaba la diversidad de actores políticos que intervenían en ese gobierno y que eran, a su vez, representativos de la pluralidad social. Al principio roussauniano de la democracia mayoritaria oponía el principio de la democracia pluralista, que da cabida a las minorías. Un espacio que, en cambio, les niega la fórmula mayoritaria.

Dahl es el teórico de esta versión de la democracia que desde finales del siglo XX se impuso como una forma de organización de la representación y de la participación, preferible a la fórmula mayoritaria. Para entonces ésta ya había demostrado que era portadora de la tentación autoritaria, que puede permanecer larvada, o materializarse en la vida y las instituciones hasta destruir la democracia misma.

Tuve la suerte de conocer a Dahl en 1985, o era tal vez 1986. Vino a México invitado por Manuel Camacho, a quien entonces le preocupaba el gobierno de una ciudad que había sido violentamente sacudida física y mentalmente por los sismos de septiembre, y que tenía una larga historia de pasividad, interrumpida por algunos episodios excepcionales de movilización, como el movimiento estudiantil de 1968. Los sismos habían puesto a la ciudad prácticamente en pie de guerra. En estas circunstancias era imperativo encontrar para la capital del país una forma de gobierno que la estabilizara. Nadie creía que fuera posible mantener el esquema vigente de la regencia, que era por completo insuficiente –nadie lo propuso–. La discusión en esa reunión versó sobre intereses fragmentados, fórmulas de gobierno, posibilidades de cambio. Dahl escuchó con atención, y nos repasó las lecciones del ¿Quién gobierna? Recuerdo que para los presentes fue muy atractiva la propuesta pluralista que reconocía el entramado de grupos que sostiene la organización extragubernamental de la ciudad. Creo que fue la fórmula a la que recurrió Camacho cuando gobernó el Distrito Federal.

Me pregunto si casi dos décadas de gobierno del PRD no nos habrán hecho olvidar las lecciones de Dahl.

– See more at: http://www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/index.php/autor/front/57/40268#sthash.MfGUEc2F.dpuf

“¿Quién vendió la cabeza del Chapo, rey de los narcos?”

20140301-010914.jpg

Por Roberto Saviano

La Reppublica, Italia.- ¿Por qué deberíamos prestarle nuestra máxima atención a un líder de un cártel mexicano arrestado? Porque cuenta con más de un ministro y tal vez con más de un gobierno. La economía italiana más prolífica es la criminal, el capítulo más importante de esta economía es el narcotráfico, el capo mexicano arrestado hace un par de días es un líder en el tráfico de cocaína también en Europa, y por lo tanto es asimismo un líder de la economía italiana. Un sencillo silogismo. Muchos creen que conocen al Chapo. Lo imaginan como uno de tantos líderes criminales. E incluso en él opera el mecanismo mental habitual de creerse un criminal, un narcotraficante. Falso. En realidad lo que se sabe, si no se profundiza, si no se siguen los detalles, es sólo una puesta en escena. Los gobiernos europeos insisten en no ocuparse de los cárteles mexicanos hasta que —como ya está ocurriendo— sean los cárteles mexicanos los que se ocupen de Europa.

El Chapo, es decir “el bajito”, llamado así porque es de pequeña estatura y rechoncho, es el líder del Cártel de Sinaloa, el grupo criminal-industrial mexicano que ha revolucionado el líder de la cocaína. El segundo al mando es Joaquín Archivaldo Guzmán Loera.

Lo sigo desde hace años, guardo noticia sobre él, escucho lo que dicen sobre él los periodistas mexicanos y estadounidenses, trato de entender los acontecimientos, las fugas, las debilidades. El Chapo se ha formado en la escuela de los mejores maestros, el Padrino Miguel Ángel Félix Gallardo, el hombre que trastocó los ejes mundiales del narcotráfico desde Colombia a México: los esfuerzos antidrogas de las autoridades colombianas, con el apoyo de Estados Unidos durante la era de Reagan, le dieron un duro golpe a los cárteles colombianos de Medellín y de Cali. Los colombianos, arrinconados, entendieron que era más conveniente confiar la distribución de la droga en EU a los narcos mexicanos —que hasta ahora eran meros medios de transporte— para reducir los riesgos que implicaba la entrega en Estados Unidos. Pero el que manda es el que distribuye, no el que produce. Así, los mexicanos se volvieron los nuevos padrinos mundiales de la droga, y el Chapo Guzmán fue pronto el más poderoso de los padrinos.

El Chapo tiene una visión clara de su tiempo: el mundo occidental no la hace, sus derechos están en contradicción con el mercado, y por ello comprendió que los países occidentales necesitan “territorios” sin leyes, sin derechos. México tiene la coca, Estados Unidos los consumidores; México tiene mano de obra a bajo costo, Estados Unidos la necesitan; México tiene miles de soldados, Estados Unidos tiene las armas. ¿El mundo está lleno de infelicidad? Aquí llega la respuesta: la coca. El Chapo lo entendió. Y así fue como se volvió rey. En el mundo internacional del narcotráfico el Chapo posee la autoridad mística del papa, que obtuvo con una campaña de consenso social que le ha dado autoridad, como a Obama, y tuvo la genialidad de ver nuevos espacios de mercado que lo transformaron en el Steve Jobs de la cocaína. Hipérboles que nos sirven para mostrar lo particular de su personalidad.

El Chapo sabe una cosa: la democracia es corrupción, y quien piensa lo contrario es un ingenuo. Todos son corruptibles; sólo es necesario encontrar el punto de inflexión. Paga y se te dará. En los países donde hay poca corrupción esto es posible porque resulta más conveniente la honestidad que la deshonestidad, pero el Chapo sabe que también allí llegará el momento en que todo esté en venta, hasta el alma y su propio hijo. Todo. Para estructurar su cártel emplea el modelo italiano, el modelo más eficiente del mundo en tema de mafia. Según la tradición de las familias calabresas, campañesas y sicilianas crea un grupo que confió a sus parientes o a gente de la sierra a quien conoce bien. Nombra un “consejero”, recluta sicarios entre los ex militares capaces de usar armas pesadas: seriedad, profesionalismo, eficiencia. Estas son las características que se piden para trabajar en la organización del Chapo. También que seguir algunas reglas: nunca usar la violencia si no es necesaria y jamás ostentar la riqueza ganada, algo muy contraproducente. Siempre lo repetía el Padrino: para dominar hay que hacerlo desde las sombras. Y de hecho el Chapo permanece en las sombras y desde allí gobierna un imperio que crece en forma desmesurada. Viaja de incógnito. La gente empieza a contar que lo ha reconocido, pero es una vez en un millón. Mientras las mafias italianas comienzan a ser arrinconadas por las escuchas, el Chapo, que disfruta de la crisis económica, llegó a corromper al gerente de las compañías telefónicas para conseguir que las líneas que usaba en su cártel fueran imposbiles de rastrear. Para transportar la droga a EStados Unidos el Chapo y sus hombre emplean todos los medios disponibles: aviones, camiones, automóviles, cisternas y finalmente túneles subterráneos, su especialidad.

Su captura fue seguida en México con una emoción similar a la de una final del Mundial, y superior a la de una campaña electoral presidencial. El narco más buscado del mundo fue capturado, en compañía de uno de sus colaboradores, a las 6:40 hora local del 22 de febrero de 2014 en el hotel residencial Miramar, en el centro de Mazatlán, en el estado de Sinaloa, gracias a una megaoperación que llevó a cabo la Marina militar mexicana en colaboración con la DEA estadounidenses, en la cual se emplearon dos helicópetros y seis unidades terrestres de artillería, pero donde no se disparó una sola bala. El criminal fugado más peligroso de México, el hombre por cuya cabeza Estados Unidos ofreció una recompensa de 5 millones de dólares, se escondía en Sinaloa. Como los jefes italianos, un capo mexicano no se aleja del centro de su poder. Tal vez, en 13 años como prófugo, desde que se evadió de la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande, no se ha movido de allí, de esa tierra que le dio grandeza y le ofreció protección. Todo nace allí, en Sinaloa, en la región noroccidental de México pero su imperio se prolonga mucho más allá de este estado atrapado entre la sierra y el Pacífico. En 2009 la revista Forbes lo incluyó en la lista de los hombres más ricos del mundo. El Chapo tenía inversiones exclusivamente financieras, porque como todos los jefes de la mafia del mundo confía en “las posesiones”: casa, fábricas, terrenos. Y sobre todo usaba su dinero para alimentar una red de corrupción, indispensable para conducir sus asuntos tranquilamente. Tan tranquilamente que durante los primeros años de la década del 90 la DEA apenas conocía sobre su existencia. Y sin embargo, la cocaína, la marihuana, las anfetaminas, la mayor parte de las sustancias que los estadounidenses han fumado, inhalado y tragado durante los últimos 25 años han pasado por las manos de sus hombres.

La operación militar encargada de su capturas se puso en marcha el 13 de febrero: las fuerzas del orden consiguieron identificar varias casas en Culiacán, su fortaleza, donde el Chapo solía dormir. Él siempre fue un maestro para construir túneles para hacer llegar la droga a Estados Unidos, y esta habilidad le resultó útil también para esconderse: algunas de esas casas de hecho estaban unidas entre sí por túneles subterráneo. Parece que durante varios días los militares estuvieron a punto de atrapar al jefe, pero éste siempre consiguió escapar. En los últimos meses varios miembros del cártel de Sinaloa fueron arrestados: así de estrecho era el cerco al Chapo. A principios de la semana la policía efectuó una incursión en la casa de su ex mujer, Griselda López, donde encontró algunas armas y un túnel que iba a dar al drenaje. Eran los drenaje los caminos que el Chapo usaba para viajar de un lugar a otro de la ciudad, de túnel en túnel, de escondite en escondite.

Los que ha dejado a todos soprendidos es que el Chapo fuera sorprendido en una residencia de Mazatlán, es decir una ciudad, un puerto turísitico: no estaba escondido entre las montañas de la sierra, como muchos creían. Durante años aparecieron noticias de arrestos falsos o de un posible asesinato. Por eso el día del arresto nadie podía creer que de verdad hubiera ocurrido. En Twitter circulaban miles de mensajes: “¿De verdad será él?”. Muchos no ocultaron su desilusión y su simpatía por el líder de Sinaloa, y muchos de estos mensajes estaban en inglés. Por ejemplo, se creó el hashtag #FreeChapo, liberen al Chapo. Estos mensajes nos hablan más sobre el estado real del mundo actual que muchos artículos y reuniones políticas. Todos piensan que el Chapo logrará seguir dando órdenes desde su celda. La última vez que fue capturado, en 1993, se le transfirió a la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande (en el estado de Jalisco), que se transformó lentamente en su nueva base de operaciones, desde la que siguió dirigiendo sus asunto, mimado por sus compañeros de detención, los cocineros, los guardias de la cárcel y las prostitutas que lo visitaban con regularidad. En conjunto, para él no estaba mal “pasarla” en Puente Grande. Ocho años después, sin embargo, el Chapo ya no podía permitirse pasar más tiempo tras las rejas: la Corte suprema había aprobado una ley que facilitaba la extradición de mexicanos con cargos pendientes en las fronteras a cárceles estadounidenses. Su transferencia a una cárcel de Estados Unidos habría significado el fin.

Así que el Chapo eligió la tarde del 19 de enero de 2001. Uno de los guardias de la cárcel, Francisco Camberos Rivera, apodado ‘El Chito” abrió la celda del líder del cártel de Sinaloa y lo ayudó a acomodarse en el carrito de la lavandería, lleno de trapos sucios. Lo condujo por corredores desatendidos y por puertas electrónicas abiertas de par en par, hasta que llegó al estacionamiento interno de la cárcel, donde había un solo hombre de guarida. Como en las mejores películas de acción estadounidenses, el Chapo salió del carrito y se introdujo en la cajuela de una Chevrolet Monte Carlo. El Chito lo arrancó y lo condujo hacia la libertad. El Chapo había pagado su fuga a punta de billetes dentro de la cárcel, pero gracias a esta fuga hollywoodense se convirtió en un héroe, una leyenda. Sólo había pagado 8 años de los 20 a los que había sido condenado, y ese día se convirtió en uno de los hombres más buscados, y no sólo de México.

La confirmación de la captura del Chapo fue casi tan emocionante como la captura misma. Al principio sólo se trataba de algunas indiscreciones no confirmadas: la noticia la difundió a las 9:54 la agencia Associated Press, que había recibido la primicia del arresto de un funcionario estadounidense que permaneció en el anonimato. Pero las autoridades mexicanas no la confirmaron por horas. Mientras tanto, las voces sobre el arresto del Chapo comenzaron a dispersarse por sitios de todo el mundo. Una conferencia d prensa anunciada por las autoridades mexicana para las 11:30, hora local, fue anulada por el secretario de Gobernación, cosa que llevó a pensar que la persona arrestada no era de verdad el Chapo. Pero comenzó a circular la foto de un hombre con el torso desnudo, con bigote, conducido por un militar vestido de camuflaje. Sí se parece a él, pero ya pasaron 13 años desde la última foto oficial, y tal vez se trate de alguien que sólo se parece. La espera de la confirmación de la captura del Chapo provoca que todos mantengan la respiración. A las 12:08 el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anuncia una nueva conferencia de prensa para las 13:00. ¿Desmentirán o confirmarán? Las dudas se despejan cuando a las 12:33 las autoridades mexicanas confirman a CNN la captura del Chapo. A las 13:20 su foto desaparece de la lista de más buscados de la DEA. Es la confirmación de Estados Unidos. Se adelanta unos minutos a la mexicana, que ofrece el presidente Enrique Peña Nieto, que con un tweet expresa su gratitud por el trabajo de las fuerzas de seguridad. En realidad es una autocelebración por el golpe más importante de inicios de su mandato. A las 14:04 un helicóptero de la policía federal aterriza frente a los periodistas reunidos en el hangar de la Marina. En una conferencia de prensa las autoridades ratifican lo que ya todo mundo sabe: el Chapo ha sido capturado. Explican dónde y cómo se produjo el arresto. El procurdor general de la república hace una lista de las personas arrestadas y de los bienes incautados: 13 personas, 97 armas largas, 36 armas cortas, dos lanzagranadas, 43 vehículos, 16 casas y 4 fábricas.

Pero falta sólo un detalle: el protagonista. Y aquí, a las 14:11, hace su entrada en escena: los fotógrafos le inmortalizan al cruzar la plaza para llegar en un helicóptero de la Policía Federal. Negros jeans, camisa blanca, el pelo y el bigote bien recortado. Parece un poco cansado y no se ve en absoluto arrogante, mientras los soldados de la Marina de guerra, de camuflaje, le sujetaban por los brazos, él bajó la cabeza.

No se hace ninguna presentación a los medios, sólo estas pocas imágenes para confirmar el arresto. A las 15:00 se da la noticia de que El Chapo se ha ingresado al penal del Altiplano, la cárcel que se encuentre en Almoloya de Juárez, en el Estados de México, pero no se puede excluir una inminente extradición a Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses ya anunciaron que la solicitarán. Es lo que más temen los narcos.

Aquel que usa túneles para pasar coca y seres humanos a Estados Unidos tiene dos hijas con un pasaporte estadounidense en regla. En agosto de 2011 la joven Emma, ciudadana americana, dio a luz a dos gemelos que nacieron con toda tranquilidad en una clínica de Lancaster (cerca de Los Ángeles), seguida por la policía antidrogas que no podía hacer nada porque sobre la joven, en ese entonces de 22 años, no pesaban cargos. Estaba acompañada por los hombres del Chapo. Como única precaución, la joven dejó en blanco el nombre del padre sobre el acta de nacimiento de las niñas. Pero todos saben quién es. La crónica de la captura del Chapo es un acontecimiento que México recordará para siempre. Para el país, y no sólo para él, esta captura puede significar un cambio de época. No sólo porque la captura del chapo podría hacer esperar el inicio de una nueva época en la lucha contra los cárteles del narcotráfico, sino porque seguramente señala el fin de una época: la de los padrinos, la aristocracia del narcotráfico, de los cárteles basados —como la mafia italiana— en valores como el honor y la lealtad frente a sus miembros. Tal vez el Chapo es el último heredero de la vieja generación de narcos, que ahora abre paso a la nueva, la del “narco 2.0”, de la violencia abusada y ostentada, tanto en la calle como en internet; el narcotráfico de los jefes que no duran más que unos meses, eliminados después por rencillas internas o por su propia arrogancia.

Tras la tan esperada confirmación, junto a los mensajes de alegría de las autoridades mexicanas y estadounidenses, sobre las redes sociales también aparecieron mensajes de personas comunes que veían al Chapo como un héroe, un benefactor, un dios mexicano. La reacción más difundida fue la incredulidad “El Chapo es demasiado listo para dejarse atrapar”. También yo creo que es imposbile que el poder del Chapo, en un momento en que tiene tanta fuerza, pueda ser bloqueado por su arresto. Hay muchas hipótesis; tal vez decidió que era buen momento para dejarse capturar porque intuyó que es el único modo de que el cártel siga haciendo negocios, pues ahora es demasiado “relevante políticamente”. O tal vez entendió que estaba por romperse un feudo: su fiel El Mayo había soltado —según algunas indiscreciones— una extraña declaración de inacción, afirmando que las nuevas generaciones del cártel de Sinaloa estaban a punto de tomar el poder. Es como decir: o les dejamos espacio o ellos se lo apropiarán. Tal vez que el Chapo se haya dejado capturar es una forma de hacerse a un lado sin que lo mataran. O tal vez es más simple y su gente lo vendió. El Mayo (que últimamente ha perdido a mucha gente) temía ser asesinado, se decía en voz baja. Algunos sostienen que el Chapo quería hacerlo arrestar para tener menos presiones sobre él, pero el Mayo se le adelantó. Los periodistas se esperaban la captura del Mayo, y en cambio llegó el Chapo. La única certidumbre es la ambigüedad. Resulta difícil cree que este arresto sólo sea fruto de una acción policiaca, porque, todos lo saben, en Sinaloa no sucede nada si no lo quiere el Chapo. El rey ha muerto, viva el rey.

(Artículo publicado originalmente en La Reppublica/ traducción de Maya Miret)

Saving Mexico

TIME_EPN
 
 
  • It’s the hot new emerging market. But can President PeñaNieto and his team of reformers really turn their countryaround?

Michael Crowley / Mexico City

Mexico’s New Mission

At 9 o’clock on a February night, Mexican President Enrique Peña Nieto was still working inside Los Pinos, his official Mexico City residence, where camouflaged soldiers with assault rifles stood guard outside. For the 47-year-old President, it was a reminder that the presidency is a deadly serious business–especially at this pivotal moment in Mexican history.

Five years ago, drug violence was exploding, the Mexican economy was reeling, and a Pentagon report likened the Aztec nation to the terrorist-infested basket case Pakistan, saying both were at risk of “rapid and sudden collapse.” As Barack Obama prepared to take office in 2008, one of his senior foreign policy advisers privately nominated Mexico the most underappreciated problem facing the new U.S. Administration.

Now the alarms are being replaced with applause. After one year in office, Peña Nieto has passed the most ambitious package of social, political and economic reforms in memory. Global economic forces, too, have shifted in his country’s direction. Throw in the opening of Mexico’s oil reserves to foreign investment for the first time in 75 years, and smart money has begun to bet on peso power. “In the Wall Street investment community, I’d say that Mexico is by far the favorite nation just now,” says Ruchir Sharma, head of emerging markets at Morgan Stanley. “It’s gone from a country people had sort of given up on to becoming the favorite.”

Want proof? On Feb. 5, Mexico’s government bonds earned an A– rating for the first time in history when Moody’s revised its assessment of the country’s prospects, ranking it higher than Brazil, the onetime darling of international investors, and making it only the second Latin American nation after Chile to get an A.

“I believe the conditions are very favorable for Mexico to grow,” Peña Nieto told TIME in an interview at the Los Pinos compound. “I’m very optimistic.”

He’ll share that optimism with Obama when the U.S. President arrives in Mexico for a North American leaders summit on Feb. 19. Obama will likely nod in approval: a booming Mexico–integrated with the U.S. economy in myriad ways–would put wind in the sails of U.S. economic growth and further reduce an already declining flow of immigrants illegally crossing the shared 1,933-mile (3,110 km) border.

 But “Mexico’s moment,” as many are calling it, could still disappoint. Corruption and mismanagement are endemic to Mexican politics. Some of Peña Nieto’s reforms are engendering fierce resistance. And drug trafficking, with its related crime and violence, remains a defining fact. After his interview with TIME, Peña Nieto went straight into a meeting to plan his trip the next day to Michoacán, a nearby state where vigilante groups have formed to fight drug bosses who have seized control of their towns.

Officials and experts in both Mexico and the U.S. describe a country at a pivot point. “This is dramatically different from what we’ve seen before,” says Gordon Wood, director of the Mexico Institute at the Wilson Center. “I reserve judgment for the time being on whether this is all going to work out.”

A New Generation

Peña Nieto casts himself as a fresh, young reformer. But he is also a product of the ruling elite that helped lead Mexico to the brink of ruin. His uncle and godfather were both governors of the state of Mexico, a position he assumed in 2005 when he was 38. He is a member of the Institutional Revolutionary Party (PRI), which ruled Mexico for 71 years–often with the help of election results widely considered fraudulent–until it was knocked out of power in 2000. Peña Nieto revived the PRI’s fortunes by promising bold and tangible results to a country largely resigned to corruption and stasis. “Between 2000 and 2012, the opposition parties deliberately blocked major reforms that were necessary,” says Wood. Peña Nieto promised to overhaul the state-run energy sector and the tax system and contain the drug war’s savagery.

Adding a glow to the ambitious promises were the candidate’s famous aesthetics: Peña Nieto’s rallies were sometimes charged with subtle sexual energy. Or not so subtle: “Peña Nieto, bombón, te quiero en mi colchón” (“Peña Nieto, sweetie, I want you in my bed”), women would chant.

Peña Nieto’s opponents did their best to turn this against him by tagging him as a shallow pretty boy. They were particularly gleeful when, during an appearance at a Guadalajara book fair, he struggled to name three books that had shaped his life (“and that’s spotting him the Bible,” says a former U.S. official with a chuckle).

Eventually, in a three-way race in the summer of 2012, Peña Nieto won just 38% of the vote–hardly a mandate for generational change. The secret to his recent success lies in the way he then built a powerful legislative coalition. After meeting secretly with the two leading opposition parties, he struck the kind of legislative grand bargain that has eluded his counterpart across the northern border. The resulting Pacto por México gave liberals higher taxes on the wealthy and conservatives an end to Mexico’s ban on the re-election of politicians, while Peña Nieto won support for a raft of other reforms, including opening up the country’s oil monopoly.

Even after the deal was announced, jaded observers doubted that Mexico’s political system could deliver. But whatever he may lack in literary erudition, Peña Nieto compensates for in political prowess. He is assisted by a group of young technocrats, many with advanced degrees from outside Mexico, who together put a decidedly more modern face on a very old and very distrusted PRI machine. Among them are the President’s longtime top adviser and now Finance Minister, Luis Videgaray Caso, a 45-year-old economist with an MIT doctorate, and Emilio Lozoya Austin, the new 39-year-old chief of the state oil company, Pemex, who holds a Harvard master’s degree. Running the powerful Interior Ministry is 49-year-old Miguel Angel Osorio Chong, Mexico’s new point man on the drug war. All of them met with TIME in Mexico City recently.

Sitting in a personal office near a bright red phone that connects him directly to the President, Videgaray says talk that he is the true mastermind behind Peña Nieto’s reforms is “not at all the reality.” Instead, he says, “the time was right. Mexico needed fundamental changes.”

New Politics of Oil

 “Traitors! traitors!” came the shouts from inside Mexico’s Congress on Dec. 12. Opponents of a measure allowing foreign investment in Mexico’s oil sector had barricaded and padlocked the lower house of Congress, forcing the debate into a nearby auditorium. One legislator stripped down to a pair of black underpants as he railed at the lectern about the stripping of his nation.

The passion stems from the politically charged history of oil in Mexico, which holds the world’s 11th largest reserves, right behind Brazil in the western hemisphere. A large monument and fountain near the center of Mexico City commemorate the day in 1938 that President Lázaro Cárdenas, fed up with American and British oil companies’ siphoning profits away from Mexican soil, declared that Mexico’s oil belonged to its people and could not be owned by foreigners. Mexico celebrates the nationalization of its oil with a civic holiday every March 18.

But national pride meant that Mexico missed out on the global energy boom. While oil prices have roughly quadrupled over the past decade, enriching big producers, Mexican oil production dropped by 25%, thanks to the sclerotic federal oil enterprise, Pemex, which lacks the capital and expertise to tap the country’s reserves. “They’ve recognized that the government monopolies have stopped working and that they have fallen behind in taking advantage of what entrepreneurship and private capital can do,” says Ed Morse, head of global commodities research at Citibank. Meanwhile, a U.S. oil-production boom has reduced Mexican petroleum exports to the lower 48 states, forcing Mexico to look elsewhere for markets.

Under the new law, foreigners will again be able to explore for oil in Mexico and extract Mexican crude for profit, even if the oil technically still belongs to the people–a point Peña Nieto is careful to underscore. “The world has changed, and especially the energy sector has changed,” he says, rebutting the suggestion that he has allowed his country to be stripped to its skivvies. “The state does not compromise in its view that the property continues to be owned by Mexico. It belongs to all Mexicans.”

For all its drama, the oil reform might not even be Peña Nieto’s most important victory. In fact, the uproar against his education reform was even more intense than the battle over oil. A law overhauling Mexico’s absurdly deficient public-education system–in which teaching jobs are handed down through generations and are sometimes even sold–enraged the powerful teachers’ union, whose members paralyzed central Mexico City with mass street demonstrations last September.

There’s also evidence that Peña Nieto will challenge Mexico’s entrenched powers. Last year he ordered the arrest of the longtime and powerful leader of the teachers’ union on charges of embezzling millions in union funds. And some observers say his telecom-reform plan doesn’t please telecom mogul Carlos Slim, the country’s richest man.

Factor in a law that rejiggers the tax code and an end to single-term limits for all federal politicians, and you have what might be the most productive legislative session anywhere in recent history. “You have to give them extraordinary marks for both political instinct and management of the process,” says Tony Garza, a U.S. ambassador to Mexico under George W. Bush.

Credit Peña Nieto with good timing too. Rising labor costs in China have made Mexican wages cheaper by comparison, reversing a dynamic that held for most of the 2000s. Meanwhile, a slowdown has dampened foreign enthusiasm for Brazil’s economy, making Mexico look more appealing. Even Peña Nieto’s critics don’t deny that he has delivered changes that could transform Mexico’s economy. “The question,” says Manuel Camacho Solís, a member of the Mexican Senate, “is whether that will create the outcome they want.”

Camacho is suspicious that Peña Nieto’s agenda seems to be a bigger hit in Davos than in Xico. “Investors applaud. Newspapers outside the country applaud. So why does the image of the President keep falling?” asks Camacho, noting that Peña Nieto’s poll numbers have fallen several points below 50%. (Some trace the poll slump to a recent pause in economic growth that economists call temporary.)

In a country rife with corruption, rapid growth is more likely to produce oligarchy than broad prosperity, Camacho warns. He says Peña Nieto must act on his pledges to combat corruption, though he doubts that will happen: “If we don’t have the political will, then the outcome will not be Norway. It will be Yeltsin’s Russia.”

A Path to Modernity?

 Even Yeltsin’s Russia didn’t have the sort of sociopathic gangsters who plague Mexico today–and who threaten to stunt its potential. Drug smuggling boomed in the country in the late 1990s after a U.S.-led crackdown largely choked off Caribbean smuggling routes and forced traffickers to find new ones through Central America. Extreme violence followed as cartels vied for business and turf. In 2009, Mexican police captured a drug-world figure who could have been devised by the creators of Breaking Bad: dubbed the Stewmaker, he allegedly disposed of some 300 dead bodies by dissolving them in acid. The symbolic nadir may have come the night in 2006 when patrons at a Michoacán nightclub looked down to see five severed heads rolling across the dance floor.

Later that year, Peña Nieto’s predecessor, Felipe Calder*n, launched a massive crackdown on the cartels and a campaign to end drug trafficking. Bush and Obama backed up 50,000 Mexican army troops with over a billion dollars in funding, military equipment and surveillance drones. But apart from headlines touting the arrests of various kingpins, the effort produced little but more violence. Since the start of the Calder*n offensive, the drug war has claimed more than 60,000 Mexican lives.

Peña Nieto promised to tackle the violence. But once in power he seemed to de-emphasize the drug war. U.S. officials worry that drug lords understand that the pressure will ease on their trafficking so long as the heads–so to speak–stop rolling. “The government’s messaging outside the country is about changing the conversation from the cartels to Mexico’s economic potential,” says Wood.

Chong insists otherwise. “We are not mixing security with politics,” says the Interior Minister, who, it may be worth noting, has a political background as a former governor of the Mexican state of Hidalgo. Speaking from his private office–the better to avoid a part of town paralyzed by street protests–he adds that the drug fight has been focused by centralization of authority under his control and that his government has captured some prominent drug lords, including the sadistic leader of the Zetas cartel, Miguel Ángel Treviño Morales, in July 2013.

Skeptics scoff at this sunny narrative. Murders have slowed in some areas, but other crimes have spiked. In late January, the President unveiled a new initiative to combat a recent epidemic of secuestro, as kidnapping for ransom is known.

And then there is the crisis in Michoacán, where the emergence of armed vigilante groups is a disturbing echo of Colombia’s descent into a kind of low-grade civil war in the 1980s. “Nobody knows who the hell these people are–whether they are honest, bona fide vigilante groups or whether it’s one cartel fighting another,” says Jorge Castañeda, former Mexican Foreign Minister.

“What’s happening in Michoacán is really worrisome,” says Shannon O’Neil of the Council on Foreign Relations. “If you can’t fix rule of law, I don’t see how the economic side can thrive.”

Peña Nieto doesn’t deny that Michoacán is a serious problem. “We need to re-establish the rule of law” in the state, he says. (The next day, he announced a $3.4 billion social and infrastructure investment package.) But, he adds, “we are regaining territorial control.” He grabs a chart from his chief of staff that shows violence dropping in several troubled cities.

This is a common complaint from Mexican officials: that broad security advances are overshadowed by shocking but localized acts of violence. “Sometimes people see the events but not the statistics,” says Chong.

A senior Obama Administration official expresses sympathy. “It’s a big country,” he says, recounting a nervous call from a U.S. auto-industry executive headed to a large Mexican city for a convention. The official’s advice? Relax. “It’s the equivalent of, you’re going to L.A. for a convention and you hear about a big shoot-out or hostage taking in Alabama. Would you feel unsafe?”

Not that security is the only obstacle to an economic boom. For one thing, last year’s reforms still require a wave of so-called secondary legislation to spell out their details. Passing it will take hard work, although the good news is that, unlike last year’s template-setting constitutional reforms, which required two-thirds majorities in Congress, these laws require only a simple majority.

Peña Nieto takes a long view. “We are not [working] only with a short-term goal,” he says. “We have a broader horizon, without thinking about what the polls are saying.”

Even if some reforms fall short, it has been a long time since Mexico experienced grand political bargains, a growing economy and optimism about the future. The idea might have been laughable until recently. But is it possible that America’s leaders could learn a thing or two from its resurgent southern neighbor?

 –With reporting by Dolly Mascareñas/Mexico City